jueves, 16 de febrero de 2017

Lo que de verdad importa

Paco Arango lo ha vuelto a lograr, tras su debut tras las cámaras con "Maktub" (2011), vuelve a nuestras pantallas con una fábula clara y optimista nacida desde la necesidad de ayudar. "The Healer" (titulada en España como "Lo que de verdad importa") es una película humana, en el mejor sentido del término, el simple hecho de que sea 100% benéfica (su recaudación será íntegra para los campamentos SeriousFun Children, fundados por Paul Newman) la convierte en una película íntegra que busca un entretenimiento sano, sin perversiones u obsesiones, una historia limpia y sencilla —marcada por la pulcra fotografía de Javier Aguirresarobe— llena de una ilusión que parece innata en su director y que logra transmitirse al espectador. Por ello, cuando uno está en el cine frente a la pantalla, uno no puede evitar el escalofrío de nostalgia que llega al comienzo, no podemos evitar sentirnos como en casa, un hogar construido a partir de "Maktub" y que, como me confesaba Paco, "al ser mi primera película fuera he mantenido ciertos paralelismos con la primera", guiños que reconocemos y nos levantan una sonrisa. Es importante el atildado look del film por la honestidad que muestra, no hay más que lo que uno ve en pantalla, esa magia, esa blancura en un humor congénito que acompaña en todo momento a la película. El espectador se engancha a esta feel-good movie por el placer de estar en ese momento, junto al resto, riendo, disfrutando y ayudando con una tarde de cine, mucho más que una astuta propuesta de marketing, ha de verse como una divertida comedia familiar (luego ya siéntanse bien por su "labor humanitaria"). Esto es lo que de verdad importa, la unión de un pueblo en comunidad por un mismo bien, mojándose bajo la misma lluvia, disfrutando la misma película.


Arango dirige a Jackson-Cohen
Las películas sobre el cáncer —sonora y dañina palabra—suelen ir acompañadas de un drama personal o una terrible subtrama que busca exprimir con saña las lágrimas del espectador. Los guiones de Arango sufren por nosotros el dolor de la enfermedad para ofrecernos los momentos de alegría y diversión vividos, ya estaba presente en "Maktub" esa necesidad de poner una sonrisa para enseñar a un hombre "descarriado". Ahora, en "Lo que de verdad importa", esa misma actitud se lleva al extremo, un pueblo lleno de ilusión, una leyenda mágica, y una niña que con su falta de creencia nos hará creer a todos. A diferencia de otros films, como "Planta 4ª" (Antonio Mercero, 2003) o la serie "Pulseras rojas" (Albert Espinosa, 2012), estamos ante una comedia de enredo, una divertida historia corriente en la que la enfermedad viene desde el principio para desaparecer. Con otro aspecto importante, la salida del hospital, el alejamiento de los tubos, de las camas y batas azuladas y de la intensa luz blanca. Como proponen los propios campamentos de Newman, "Lo que de verdad importa", huye de ese ambiente donde solo brilla la luz de la salida de emergencia para ofrecernos un "fin de semana" único, para hacernos pasar el buen momento al que estamos contribuyendo para otros niños. Es entonces donde se desenmascara la astuta narración de Paco Arango, ir al cine a ser ayudado para ayudar. En una cinta como esta son necesarios hasta los chistes malos, esos que prevemos con facilidad pero que necesitamos escuchar para pronunciar una sonrisa, y para ello están Jonathan Pryce (siempre brillante en su papel como intermediario, al fin y al cabo un burócrata como aquel que interpretó en la inolvidable "Brazil" de Terry Gilliam, 1985), Oliver Jackson-Cohen, Camilla Luddington, la joven Kaitlyn Bernard y sobre todo un magnífico Jorge García, irremediable transmisor de una comedia física que llega a su culmen con una muerte cercana al slapstick.

Jorge García como el Padre Malloy

Es importante ver "Lo que de verdad importa" con una mirada especial, no podemos ir al cine como cuando queremos maravillarnos con "El Padrino" (Francis Ford Coppola, 1972) o incluso con la reciente "La La Land" (Damien Chazelle, 2016). Se trata de una obra cinematográfica que busca el entretenimiento, ahondar en la bondad de la persona (no de los críticos, como han demostrado). No es relevante que la presentación del personaje se haga algo larga, que Bernard llegue algo tarde o que el optimismo pueda levantar ese tan preciado realismo fílmico, porque en el camino disfrutamos con la sencillez y pulcritud de una historia sana. Es también divertido ver como el propio Arango parece disfrutar como un niño haciendo la película, su cameo (retrato de uno de los antiguos curanderos de la familia) es una auténtica gamberrada, como sus divertidos juegos con la magia espiritual que evoca la película, las chispas del cable de comunicaciones o el rebaño de ovejas persiguiendo al protagonista. Lo más importante de "Lo que más importa" es ir a verla y disfrutarla, este fin de semana se estrena en toda España. Como en "Maktub" saldrán limpios de la sala de cine, como esa extraña sensación tras una confesión con el cura, donde los pecados más relevantes los has guardado dentro de ese "y todos de los que no me acuerdo" para que, de una u otra manera, quedes libre también. La fe y la religión es también muy característico en el cine de Paco Arango, va más allá de una creencia, no pretende evangelizar y hacerte creer, sino que te sitúa desde el primer momento en el lugar del creyente. Crees en su película, luego eres creyente, has ayudado, lo que hagas después de ver el film ya es otra historia.

La leyenda, Jonathan Pryce, junto a un duplicado Paco Arango

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