sábado, 15 de abril de 2017

Redescubriendo "El crack" de Garci

Recientemente volví a ver "El crack" (José Luis Garci, 1981), lo que me llevó al visionado de "El crack dos" (Garci, 1983), y a su vez a darme cuenta de que estaba ante dos films grandiosos, elegantes y rudos al mismo tiempo, como las viejas películas del Hollywood negro, y sobre todo ante dos obras poco mencionadas entre lo mejor del cine español. Estas dos piezas son el culmen de todo el conocimiento clásico que más tarde expondría su director en su programa "¡Qué grande es el cine!" (1995-2005), ejemplos de la maestría que en ocasiones se empeña en disimular este gran cineasta con cuatro nominaciones a los Oscar, incluyendo el premio por "Volver a empezar" (1982). El premio que se yergue entre la producción de las dos películas que traigo hoy a primera plana, un perfecto chute al ego notable en la segunda parte de "El crack", con un Arturo Fernández a la altura del mejor villano de James Bond. José Luis Garci sería uno de los principales guionistas de la Tercera Vía, movimiento cinematográfico que pretendía reconciliar al cine intelectual con el comercial de la mano de rostros como José Sacristán o Concha Velasco, este lastre perseguirá a la gran parte de la filmografía del director, cuyo gusto cinematográfico es exquisito aunque en ocasiones no de con la historia adecuada. "El crack" se olvida de todo ello, tiene ese componente comercial, con Alfredo Landa encabezando el reparto, pero no eso lo que busca... ¿qué pintaba en ese momento el vecino del quinto haciendo de detective privado? Uno de los mayores homenajes al cine jamás imaginados.

Landa y Garci durante el rodaje de "Las verdes praderas" (1979)

Lo que podría haberse convertido en un "Harry el sucio" (Don Siegel, 1971) a la española, o incluso una parodia ibérica de Bogart y Bacall, con Landa y María Casanova, consigue impregnarse en el celuloide de una forma deslumbrante, de la barbería madrileña al Madison Square Garden de Nueva York estamos ante una obra de belleza vertiginosa y cruel, pues es en sí misma una desaparición de esa belleza. La escena de la explosión del coche quedó impregnada en mi imaginario cinéfilo para siempre, tenía ganas de llorar y no podía, mi respiración se paró por unos momentos ante el primer plano de la mirada de Germán Areta (Landa), puro cine. Pese al dolor que marca el resto del film el metraje sigue adelante sin pardear, sumiéndonos en una historia —escrita al limón con Horacio Valcárcel— que termina por ser lo de menos para entregarse al Séptimo Arte por completo. Esta sensación de cine masticable se corrobora con los papeles de Miguel Rellán y José Bódalo (a quien Garci consagraría para la eternidad con su Roxiu de "Volver a empezar"), inmensos profesionales que muestran lo mejor de nuestro cine, una capacidad de reparto con la que Hollywood no puede competir. Durante años soñamos con una tercera entrega de la saga del detective Areta, lo que desestimamos con el fallecimiento del gran Alfredo Landa, hace ya cuatro años. Esta semana hemos recibido la magnífica noticia de que José Luis Garci planea rodar una precuela de esa deliciosa saga con Víctor Clavijo al frente, lo que no hace más que incrementar la necesidad de revisitar y redescubrir estos clásicos.

Garci durante el rodaje de la que dijo sería su última película, "Holmes & Watson. Madrid Days" (2012)

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