martes, 28 de junio de 2016

Gracias, Bud

Estaba claro que nosotros íbamos a recibir la última bofetada, el fallecimiento de Bud Spencer nos llega con un claro sonido a tortazo y una tristeza amenizada con su recuerdo, y la última palabra que el intérprete italiano dedicó a su familia: "Gracias". Una sencilla palabra que personalmente reitero con un enorme agradecimiento, no sólo por las grandes dosis de entretenimiento que nos proporcionó con sus populares cintas, sino por el afecto que logró ganar con cada una de sus bofetadas. No era Il Bruto habitual que realizaba el trabajo sucio, era un bruto bonachón, siempre encarnaba personajes populares que hacían una divertida burla de la propia sátira de lo popular. Se trata de un actor a tener en cuenta porque su cine se debe tener en cuenta. Mientras Sergio Leone hizo del spaghetti western un género de culto con su "Trilogía del Dólar" (1964-1966), Giuseppe Colizzi aprovechó los mismos decorados almerienses para captar todos y cada uno de los marcados clichés que Leone había establecido tan 'técnicamente' y para protagonizar la "Trilogía de Stevens y Bessy" (1967-1969), logró encontrar una pareja indestructible que dio una vuelta al western italiano, habían nacido Bud Spencer y Terence Hill. Ambos son uno solo, se compenetran de tal forma que uno es capaz de ver al otro hasta en sus películas en solitario, es decir, por separado, y es que entre bromas y risas, estereotipos y clichés, Spencer y Hill hicieron de sus películas de tortazo y chiste pequeñas piezas de culto, cintas donde la reacción al puñetazo sucede antes de que éste se ejecute y el hilo de nailon que hace volar los muebles por los aires se desvela entre reflejos, son gazapos buscados, y no escondidos como los que encontramos de vez en cuando en la (por otra parte magníficas) producciones americanas.


Bud Spencer es un Paco Martínez Soria de género, donde su fascinación por lo que le rodea viene de la humildad de su origen a diferencia del anciano Martínez Soria que contemplaba los avances de nuestra sociedad desde una mentalidad del siglo XIX, dispuesta a abrirse entre piernas suecas e hijos póstumos. Como me sucede con el cine de Martínez Soria, existe un ánimo de cariño hacia el cine de Bud Spencer y Terence Hill, cuando era un infante vi por primera vez "Banana Joe" (Steno, 1982), la película me cautivó, no podía parar de reír con cada tortazo que se plasmaba en el celuloide sin venir a cuento, con cada plátano lanzado por el humilde poseedor de un barco que ve su cotidianidad trastornada por la insufrible burocracia. Desde entonces para mí Bud Spencer es Banana Joe, ni siquiera cuando fue averiguando su pasado como nadador olímpico bajo el nombre de Carlo Pedersoli, o su futuro político en la Forza Italia de Berlusconi, tampoco cuando fue dando bofetadas por Madrid en un anuncio de Bancaja dejó de ser Banana Joe, el héroe discreto, el héroe del pueblo que se va en silencio, sin llamar la atención, con su problema burocrático resuelto, y con una buena bofetada al sistema, desde una isla paradisíaca. También fue co-autor del guión de esta fábula llena de semántica levantada sobre un denominador común imperante en toda su filmografía, su sello como guionista le da otro matiz, es ahora una copia firmada personalmente. Entre otros títulos a tener en cuenta se debe señalar "Le llamaban Trinidad" (Enzo Barboni, 1970), su western más completo con Terence Hill, y "Par-Impar" (Sergio Corbucci, 1978), la mejor comedia de la pareja que sale de su género habitual para encasillarse fuera del cine en el que se les había encasillado.


Terence Hill, americanización de Mario Girotti, logró estar muy unido a su compañero de reparto, se convirtió en un cineasta completo, en los últimos años recuperó su fama como intérprete con la popular serie italiana "Don Matteo" (2000-2016), que devolvió la figura de la pareja rescatando su programación en canales de todo el mundo. Ya como director, Terence Hill, programó su despedida cinematográfica con su eterno compañero, en un disparatado western cuyo título recuerda a alguna que otra película de Paco Martínez Soria, "Y en Nochebuena... ¡Se armó el Belén!" (1994). Bud Spencer fue toda una celebridad en Italia, conquistó también nuestra ibérica península dominando nuestra lengua, ya que fue aquí donde transcurrieron los rodajes de su época dorada, y donde volvió para rodar alguna de sus últimas películas como "Al Límite" (Eduardo Campoy, 1997), un noir moderno que recientemente emitió Televisión Española con motivo de un ciclo policíaco del programa "Historia de nuestro cine". Por lo que deducimos muy honrosos que Bud Spencer es también historia de nuestro cine... aunque su nombre artístico haya nacido entre malta de cebada americana Budweiser y un ídolo intrépido Spencer Tracy (habitual al porrazo en sus primeras producciones, aunque desplazado a la comedia screwball de mano de Katharine Hepburn). Tortazos con la palma abierta, una gran mano que facilitó dolor y risas, risas de carcajada, la verdadera risa que funciona con fines terapéuticos. Por ello, por el uncredited como guardia en "Quo Vadis?" (Mervyn LeRoy, 1951) y más Gracias, Bud, Gracias, Banana Joe.

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