miércoles, 13 de julio de 2016

"Trabajo temporal", programa estival

La semana pasada se estrenó este nuevo programa de Televisión Española, publicitado hasta la saciedad resultó tener un estreno menor lejos del prime time y con poca expectación tras un "Comando Actualidad" dedicado al producto español y su relación con los Restaurantes Estrella Michelín, sin duda un tema en auge, hasta que se olvide. El especial sobre cocina llegó al 12,9% del Share, situándose entre los diez programas más visto de la semana, con Eurocopas (y previos) incluidos. Por lo que después de todo ello el "Trabajo temporal" parece haberse quedado con muchas expectativas, incluso con dos invitados como Ángel Llàcer y Santiago Segura destinados o pertenecientes a un público joven, por lo que nos podemos temer alguna que otra bajada cuando comiencen los programas de Concha Velasco o Romay, con la predecible subida en el especial que protagonizarán Mario Vaquerizo y Alaska acompañados de los millones de fans que acumulan en las redes sociales, sin importancia de lugar, hora o incluso contenido. El programa es una apuesta diferente de RTVE, que comenzó el año con unos magníficos resultados y unos proyectos deliciosos, los cuales alabamos en el artículo "El año (60) de TVE". Sin embargo bastó decir nada para que a las pocas semanas se trasladase el exitoso programa de Bertín Osborne a Telecinco (Mediaset), seguido por la cancelación de la genial serie "El Caso. Crónica de Sucesos" de Fernando Guillén Cuervo, toda una revolución televisiva que logró recuperar el éxito del periódico de sucesos seguido por nuevas publicaciones en papel. Con todo ello estamos pendientes de la continuación de "Cuéntame cómo pasó" por diferentes complicaciones fiscales, que ni mucho menos menguan el honor de los Alcántara, la ficción más antigua de nuestra televisión ha confirmado un posible traslado a Atresmedia si TVE decidiese cancelarla. Y por último continúa la espera para la renovación de "El ministerio del tiempo", cuyo bajón de audiencia no se debió a otra cosa que una mala estrategia de la televisión pública que interrumpió la emisión de la serie durante varias semanas, sin motivo aparente.


Este nefasto final de temporada que está teniendo TVE no se soluciona con un reality show de famosos involucrados en algunos de los trabajos que sustentan nuestra economía. "Trabajo temporal" es por otra parte una de las mejores ofertas televisivas que Televisión Española ofrece en años para el verano. Una época nefasta para la televisión en general, pero que se ve mantiene vigente por algunas insaciables telenovelas y programas creados por directores creativos a los que les sale el café por las orejas a las cinco de la mañana. Respecto al primer programa no hay ninguna pega, Llàcer desempeñó su papel y se le ofrecieron algunos de los momentos más divertidos del programa (la inseminación del ganado), mientras Santiago Segura volvió a demostrar su increíble dominio de la comedia en todo momento, captó cada rol desde el primer instante y nos ofreció un divertido repertorio de bromas incisivas que llegaban a rozar la acidez por algunos temas críticos (emblanquecido por supuesto, no olvidemos que estamos en una cadena pública). Vaquerizo es un espectáculo sobre cualquier telón por lo que se espera un programa entretenido, y a muchos nos acusa la curiosidad de ver a una gran dama de la interpretación como Concha Velasco en una cafetería. El programa no es de escaso entretenimiento. La eficacia se mostró hace unos años cuando Repsol captó la atención de telediarios y programas de reciclaje televisivo con su spot en el que Marc Márquez y Dani Pedrosa actuaban como dependientes de una gasolinera ante las expresivas reacciones de los clientes. Quizás lo peor del programa sea esa estructura americana que nos repite todo una y otra y "a continuación"... ¿Es mala televisión? No lo creo, es simplemente televisión de verano, y ya que nos hemos dejado cocer el cerebro por algunos de los mejores cocineros de nuestro territorio durante el año, más vale dejar que los sigan haciendo nuestros famosos, o ir corriendo a darse un chapuzón en el mar (véase como alternativa la piscina). Actualmente las "buenas cifras" de presidencia se basan en este "trabajo temporal", así que los que se vean implicados más vale que lo disfruten y sufran mientras dure. Esta noche Carlos Sobera cargará y descargará fruta mientras Ana Obregón se enfundará el "atractivo" uniforme de une femme de chambre.

martes, 12 de julio de 2016

Emma Cohen, de la verde mirada

Cuando me llegó la noticia del fallecimiento de Emma Cohen lo primero que me vino a la mente fue su mirada, esa inmensidad ajena a nuestra mundo que se reflejaba en sus preciosos ojos verdes. Su escuela de interpretación no estaba escrita, pertenecía a una corriente que pasó deprisa y con pocas afines, y que sin embargo mantuvo durante toda su carrera, incluso cuando se ponía dentro del disfraz de La Gallina Caponata, que entretenía a los niños de "Barrio Sésamo", convirtiéndose en uno de los personajes más divertidos del popular show televisivo. Su carrera en el cine no podía empezar de otra forma, su trabajo en "Tuset Street" (Jorge Grau y Luis Marquina, 1968) nos mostró una belleza joven que se imponía a una jubilosa Sara Montiel, con una moderna Barcelona de fondo que pretendía dar el relevo a la nueva generación, la de Emma. Ya en los setenta la actriz comenzó a volar hacia el estrellato, protagonizando junto a Amparo Soler Leal y Julieta Serrano la popular serie de TVE, "Tres eran tres" (Jaime de Armiñán, 1972-1973), un antes y un después en la vida de la actriz, allí conoció a Fernando Fernán-Gómez. Desde entonces mantuvo una conocida relación con nuestro genio del siglo XX que oficializó en el año 2000 y que duró hasta el fallecimiento del actor en el año 2007. Normalmente suelo evitar hablar de matrimonios y vida privada pero en Emma Cohen es indispensable, pues ella vivió para él, antes y después de su fallecimiento, recorrió media España recuperando la figura del mítico actor, al que muchos recordaban por el fatídico "¡Váyase usted a la mierda... No quiero su admiración!", ofreciéndonos la imagen de genio al que ella admiraba, y que todo cinéfilo declarado ha reconocido, o reconocía incluso antes de todo. 


El amor y la pasión que se dedicaron Fernán-Gómez y Cohen es para capitulo aparte, una relación que trascendía la realidad para filtrarse con la ficción. Este viernes tiene lugar el reestreno de "Bruja, más que bruja" (Fernando Fernán-Gómez, 1976), el primer trabajo como director-actriz entre ambos que comienza con una disparatada comedia, con poco disparate y mucha transgresión, que hace que vuelva hoy a los cines. El enorme trabajo que hoy se elabora recuperando la memoria de las facetas olvidadas de Fernán-Gómez se debe en su mayoría a ella, a su amor como admiradora del gran hombre de profesión que fue, y que disfrutó desde una posición privilegiada. La mayoría de los actores con los que he hablado destacan con una verborrea implacable la satisfacción de haber compartido unos momentos con una mente tan brillante como la de Fernando Fernán-Gómez, por lo que haber vivido junto a ella, al principio alejada de los medios, fue el gran privilegio de Emma Cohen. Por su parte logró resarcirse como actriz, aportó pequeños papeles en películas rompedoras, convirtiéndose en abanderada de una modernidad antigua que se vivía con nostalgia. Sin embargo nunca brilló tanto como lo hizo al lado de su marido, en "Mambrú se fue a la guerra" y "El viaje a ninguna parte" (ambas estrenadas en 1986) participó de algunos de sus mejores papeles que vinieron acompañados del enorme acogimiento que tuvo Fernán-Gómez en la recién creada Academia, obtuvo tres galardones alternando ambas películas. En lo internacional, Emma Cohen llegó a protagonizar un comentado western junto a Brigitte Bardot y Claudia Cardinale, siendo "Las petroleras" (Christian-Jaque, 1971) una de las mayores reuniones e bellezas europeas de los setenta. Hace unos meses disfruté del estreno de "Bombay Goa Express" (Juan Estelrich hijo, 2016), donde Emma tiene un papel menor, una siniestra sombra que vuelve a brillar en un film transgresor, o al menos irreverente. Una despedida del cine, una despedida a Fernán Gómez, una despedida a Emma Cohen.

domingo, 10 de julio de 2016

Salvar al soldado Rylance

Steven Spielberg ha logrado que todo West End organice una campaña casi bélica por recuperar a su aclamado Mark Rylance que, tras ganar el Oscar al Mejor Actor de Reparto por "El puente de los espías" (Spielberg, 2015) y recuperar el mundo de la infancia en el cine de Spielberg, rodará aún dos films más (confirmados) con el Rey Midas de Hollywood, "The Kipnapping od Edgardo Mortara" (para 2017) y "Ready Player One" (retrasada hasta 2018), dos títulos que confirman la buena relación entre actor y director, y que traen de cabeza a las grandes compañías del West End londinense, donde Rylance triunfa consagrado como uno de los grandes del teatro inglés. Pese a todo ello el director estadounidense asegura que "Rylance se lo ha pasado genial. Si pudiera rodaría un film como 'Mi amigo el gigante' todos los años". El estreno en España de "Mi amigo el gigante" se acoge como un gran acontecimiento, llega en la etapa comercial veraniega y con multitudes de padres nacidos en la década de los 70' sedientos de mostrar a sus hijos un nuevo "E.T. El extraterrestre" (1982). Este es el principal problema de "Mi amigo el gigante", aunque Spielberg se haya cansado de aclarar por activa y por pasiva en sus entrevistas que "la película no tiene ninguna relación con 'E.T.', sólo comparten director y guionista". Aunque lo niegue alguna relación hubo de haber cuando se decidió a llamar a su misma guionista Melissa Mathison, probablemente para recuperar la relación humana entre el protagonista y el "monstruo amigo". Mathison, quien fuera la segunda esposa de Harrison Ford, fallecería poco después de terminar el conjunto de la película, un legado que nos ofrece desde la inagotable imaginación del autor galés, Roald Dahl. Y así el metraje de Spielberg incluye en sus créditos la dedicatoria a ésta gran creadora de sentimientos que se desvanece como un sueño de los que atrapa el gigante.


Mientras el Gigante Egoísta de Oscar Wilde permanece abandonado en su jardín, el Gran Gigante Bonachón de Dahl ya se ha dado varios paseos por Inglaterra y por el cine, cambiando asiduamente de nombre hasta hacerse irreconocible. "Mi amigo el gigante" se titula en su versión original "The BFG" (también la literaria, que coge su nombre de las siglas de Big Friendly Giant), como se dirigía Dahl a su criatura en "El gran gigante bonachón" (como se tituló el libro en español). En 1989, Brian Cosgrove, dirige un film animado basado en el relato original que comparte título con el original de Dahl y la adaptación de Spielberg, sólo que fue traducida para nuestro deleite como "B.A.G. El Buen Amigo Gigante". Después de todo es una lástima que la mayor muestra de imaginación se muestre en su cambio de título, pues desde la imaginativa historia de Roald Dahl, ninguno de los dos directores que se han decidido a elaborar un largometraje han aportado nada en la narración de la historia. La nueva versión de Spielberg, vuelve a fascinarnos por la elaboración técnica de la película, por el fantástico logro de conservar toda la capacidad interpretativa de Rylance en un divertido gigante que disfruta pedorreándose con total ingenuidad. El guión de Cosgrove y el de Spielberg es prácticamente el mismo, si no llega ser por que en la cinta de animación el BFG tira en Buckingham una Lámpara Luis XV y en la de Spielberg es una Luis XIV, claro Cosgrove parecía haber inspirado sus gigantes en "los malos" de David el gnomo, mientras que los de Spielberg parecen haberse escapado de "Warcraft" (Duncan Jones, 2016). La historia es sin embargo cautivadora, la música que añade John Williams es emblemática, preciosa pero no épica, tampoco la historia lo pide, todo encaja y Spielberg vuelve a rodar con el material del que están hechos los sueños, como anotaría Bogart.


La primera parte del film tiene una persistente necesidad de entablar una incisiva relación entre la pequeña guisante y el Gigante, no sé si se da tanto entre los roles como con los jóvenes espectadores, ya que fue impresionante contemplar la reacción de un cine lleno de infantes que clamaban entre lágrimas que "el grandullón aparezca, no la puede abandonar". Sin duda todo ha cambiado desde que llegó a los cines aquel particular extraterrestre con un dedo luminoso, de eso hace ya más de tres décadas, lo sorprendente es que toda la concepción de cine y televisión infantil ha cambiado completamente en los últimos ocho años. Los dibujos animados que dominan los televisores son verdaderamente repugnantes, unos bichos asquerosos con historias asquerosas, ¿dónde han quedado PinochoDumbo o Robin Hood? Es cierto... los han convertido en carne y hueso, incluso en sanguinarios protagonistas donde la infantil historia que da pie al mundo de fantasías, es el terrorífico lugar con el que se identifican las nuevas generaciones. Todo crece cada vez más rápido, sin embargo es gratificante ver como llega Spielberg con una historia de las de antes, una  auténtica historia de sentimientos, y que los niños se emocionen y perciban la auténtica relación que existía antes con los protagonistas de nuestras historias, más allá de luchas como una tortuga ninja o Supermán. La primera parte sirve como una técnica y brillante muestra de un mundo imaginario, con unas reglas imaginarias, sin embargo la auténtica narrativa visual llega cuando se deciden a echar de allí a los malos gigantes, y para ello contar con la ayuda de la Reina de Inglaterra. Todo cargado con una ingenuidad gratificante, Ruby Barnhill interpreta su joven rol con una ingenuidad infantil que uno rechaza por inverosímil, pero según navega por los límites de la imaginación que propone Spielberg la va aceptando, hasta que finalmente triunfa.


Sensacional también Penelope Wilton que abandona las elegantes formas de "Downton Abbey", para ponerse al frente de una simpática Isabel II, jugando con la imagen que se nos ha forjado desde antes de que naciéramos de la Reina de Inglaterra. And God Save Jeannette Charles. (En la foto Wilton junto al director)

jueves, 7 de julio de 2016

Lee Gates Presents "Money Monster"

Bienvenidos al mayor espectáculo bursátil del mundo, George Clooney presenta con Julia Roberts como aliada en la dirección del programa, ambos envueltos en el atentado televisivo que Jodie Foster propone en su último film como directora, "Money Monster" (2016). Un thriller económico que maneja con fluidez la narración del género, una historia que nos atrapa, sin necesidad de participar del mercado de La Bolsa, tan popular en Nueva York e incluso desvelándonos algunas claves del funcionamiento de nuestra economía actual. Todo ello concentrado en una frase clave: "Así es como se hacen los negocios... ¿Dime qué ley e incumplido?", pronunciada por el villano del film, interpretado por Dominic West, al que Lee Gates (Clooney) le espeta un divertido "Todo el mundo te odia, Walt". Hitchcock se convirtió en el maestro del suspense creando un universo único repleto de situaciones imposibles, manejando nuestra psicología con imágenes y planteamientos realmente complejos explicados en sus películas con la mayor simpleza. Jodie Foster crea un suspense a la americana, planteando un atentado durante la emisión en directo de un popular programa basura, donde un joven irrumpe a golpe de pistola en el plató. La delicadeza es distinta pero el efecto de la pistola en la sien de Clooney es similar a descubrir que nuestro cómplice durante todo el metraje es el asesino. Por muy despótico o subido que pretenda ser Lee Gates tiene un problema de base, es interpretado por George Clooney, sufridor de la misma maldición que Cary Grant (fetiche de Hitchcock), y es que aunque sea el asesino más sanguinario del planeta nos va a caer bien. Entre el despilfarro de interpretación de Clooney y la contenida profesionalidad de Roberts, llega un potente Jack O`Connel capaz de romper nuestros esquemas.



Si repasamos la historia reciente de Nueva York en el cine, veremos que se convierte en el centro del mundo, como una pequeña maqueta del mismo, cuyo sistema se resquebraja cuando un psicópata coge una pistola y toma como rehén al presentador más reconocido de la ciudad. En este punto llega una articulación sensacional en el guión, el espectador avanza desde el punto de vista de Clooney llegando a cerrarnos el punto de vista -coherente- que se nos devuelve en un inevitable final. En todo ello se incorpora un factor repetido en la producciones americanas, la introducción del humor, "Money Monster" tiene su pequeña dosis, sus chistes, con los que nos reímos y aliviamos el alto voltaje al que nos vemos sometidos en todo momento. Sin embargo el humor vuelve a estar colocado con parches, y cuando parece surgir de una situación circunstancial toda la escena se vuelve hacia el chiste, cuando Julia Roberts indica al cámara de plató que se acerca a O'Connel porque "tiene una sombra", toda la situación se vuelca en ese chiste o comentario. Después de todo la película no es una cinta de humor, por lo que no es necesario recrearnos en sus pequeños guiños. Estas pequeña dosis de humor que dan un respiro al espectador, forman parte de un puzzle maquinado por los guionista (Jamie Linden, Alan DiFiore y Jim Kouf), tiene la historia cogida con pinzas, ante una sobriedad natural que tomamos dentro de esta frenética aventura se nos ofrecen marcados puntos de tensión que incrementan el ritmo natural de la trama. Cuando vi el tráiler del film me imaginé que todo estaba contado, que esa idea tan genial de interrumpir un programa en directo ya no iba a causarnos la sorpresa en el patio de butacas, por lo contrario eso no es más que el comienzo. Una excusa para debatir sobre las relaciones humanas (Clooney-Roberts; O'Connel-Emily Meade), los métodos de acción de la policía estadounidense, la crisis, la corrupción y por encima de todo, los medios de comunicación.


"Money Monster", la película, la trama, la espectacularidad de ponerse a pegar tiros en medio de Wall Street, no es más que la disculpa perfecta -y entretenida- de Foster para levantar una punzante sátira contra los medios de comunicación, y la propia información que se nos da a través de ellos. La burla es clara, "la tecnología no falla, esto apesta a una huella humana", pero también la debate con seriedad, como el fondo de corrupción política en Sudáfrica, así se mueve el mundo. La película no pretende ser el nuevo "Network" (Sidney Lumet, 1976), ahora sería imposible levantar cualquier proyecto con un gran guión, innovador, original y cómico como los de antes, por ello Jodie Foster actúa con astucia, utilizando toda la crítica social-política-económica, como el skyline de un thriller de acción, con mucho diálogo y perfectamente construido. La película fue presentada en el último Festival de Cannes, donde fue acogida con importantes alabanzas, viniendo de una alfombra crítica tan relevante como la del certamen, probablemente por su uso de las unidades aristotélicas que intensifican la relación entre la obra y el espectador. Otro buen augurio es la rapidez con la que ha llegado a España la comercialización del film, contra los temores que plantean en el número de Junio de "Caimán. Cuadernos de Cine", y que se corrobora con el estreno en agosto de "Café Society" (Woody Allen, 2016) y de "Elle" (Paul Verhoeven, 2016) en septiembre. Esperemos que las apetecibles "Paterson" (Jim Jarmusch, 2016) y "Sieranevada" (Cristi Puiu, 2016). Hasta entonces disfrutemos de esta alabada cinta que confirma la calidad de Foster en la dirección (¿nominación al Oscar?), después de habernos abrumado con su capacidad interpretativa.

lunes, 4 de julio de 2016

"My bakery in Brooklyn", Ron y azúcar

"My bakery in Brooklyn" (Gustavo Ron, 2016) ha llegado a nuestros cines como "Mi panadería en Brooklyn", una pequeña comedia romántica, rodada en inglés, llena de encanto, con Nueva York de fondo y que ya ha sido capaz de ponerse primera en taquilla en Italia en su primer fin de semana. Después de leer y escuchar entrevistas sobre el film despierta mi curiosidad el papel de Blanca Suárez, una chilena que decora interiores en Brooklyn, para mi sorpresa el doblaje la ha convertido en italiana, manteniendo sin embargo la hábil baza cómica que posee la película con los idiomas. Desde el primer momento estamos ante un film que parece que hemos visto antes, "Cuando Harry encontró a Sally" (Rob Reiner, 1989) se postula como gran candidata para ser el referente del film, colores pastel en una Nueva York radiante, una historia de amor convencional... Hasta que entra un leve filtro de autor que emerge entre el clasicismo y encierre argumental al que nos veníamos destinados, de pronto Harry y Sally se convierten en dos "Granujas de medio pelo" (Woody Allen, 2000), a los que les encantaría que su bakery fuese tan bien como el del accidentado éxito del film de Allen. Una sorpresa agradable que hace de la cinta un film encantador, podría ser una palabra tramposa, puede escaparse el sentimentalismo o la comedia fácil, sin embargo Gustavo Ron (más que solvente en la dirección) elabora junto a Francisco Zegers un guión divertido, manteniendo la verdadera esencia de la comedia romántica, una comedia de fácil sonrisa que se deja consumir por una ciudad emblemática. Una ciudad que hace imprescindibles citar a Woody, Nora Ephron o Billy Wilder como referentes, pero que permite a través de ellos abrir una pequeña esquina en Brooklyn para Gustavo Ron.


La ciudad tiene una presencia similar a la que tenía en "El diablo se viste de Prada" (David Frankel, 2006), donde se filtra con el enredo y el estado anímico de la película, a lo que también ayuda el personaje de Aimeé Teegarden intentando encajar en el mundo de la pastelería. Sin embargo el film tiene un tiempo determinado y muchas cosas que contar, por lo que parece increíble que una película que se presenta como una comedia romántica habitual, tenga tiempo para servirnos una variedad de reparto tan grande, más habitual a aquellas que rodeaban los líos en amor de Spencer Tracy y Katharine Hepburn, siempre rociado con un dulce (y gruesa) capa de azúcar. Por ello echo en falta algo de Ron, un poco de alegría que se salga del molde. En la estructura de las tres parejas podemos ver el romanticismo habitual (Hugh Grant-Julia-Richard Gere) en el dúo Teegarden-Ward Horton, el punto moderno hipster en la formada por Krysta Rodriguez y el español Aitor Luna, y por último la pequeña gotita de Ron que se permite el director. En la mayoría de las ocasiones recomiendan no cambiar las medidas de la receta, sin embargo Gustavo Ron logra añadir un poco de gracia a la pareja formada por Blanca Suárez y Griffin Newman sin llegar a emborrachar el bizcocho. En este momento España, que ha producido alguna de las peores comedias románticas de la historia, se ve sumergido en una serie de películas de comedia idiota que triunfan con abrumadores resultados. Gustavo Ron no busca eso, más bien lo rehuye, y conforma así una subtrama negra que recuerda al disparatado encuentro de Cary Grant con sus tías en "Arsénico por compasión" (Frank Capra, 1944), con mención directa a la película clásica. "- Está fuerte este té, ¿qué lleva? - Arsénico" Yo diría que ese toque de arsénico, esa gota de ron, enriquece el bizcocho para todos ellos que estamos ya por el quinto.Y por último ese maravilloso "The End", completamente desaparecido en el cine moderno.

domingo, 3 de julio de 2016

Cimino alcanza 'la puerta del cielo'

El otro día me dispuse a ver "Network" (Sidney Lumet, 1976) cuando mi cinefilia me llevó a otro film, había visto recientemente "Aeropuerto 77" (Jerry Jameson, 1977) para completar correctamente el homenaje a Olivia de Havilland, me fijé en la aparición de George Kennedy, su rostro se fusionó con del de Jeff Bridges y busqué si habían hecho un film juntos, efectivamente, "Un botín de 500.000 dólares" (1974) con Clint Eastwood al frente. Decidí verla y, para mi sorpresa, descubrí que era la ópera prima de Michael Cimino, un film algo inestable pero lleno de interesantes guiños y pionero en uno de los géneros que triunfaría en la época, las películas de colegas o buddy movies integradas en una trama negra, con asesinatos, robos, etcétera. Un guión sencillo, algo previsible, pero cargado de la increíble dosis de entretenimiento que aporta Eastwood en cada uno de sus gestos, de sus disparos o de sus sonrisas de medio lado. Leyendo la historia que envuelve la primera cinta de Cimino descubro que es un proyecto que originalmente estaba destinado a la dirección del actor, que había quedado fascinado con el guión que le había ofrecido Cimino, quien también había estado brillante con el libreto original de "Harry, el fuerte" (Ted Post, 1973), donde conoció al Eastwood actor. Un cúmulo de casualidades me llevó a descubrir esta primera película de uno de los genios de Hollywood con una de las carreras más cortas en la industria, el momento era el adecuado y "Thunderbolt and Lightfoot", como se tituló en su versión original, fue todo un éxito en Estados Unidos, como previno el propio Clint al comprar los derechos del guión. Probablemente la clave esencial de esta ópera prima fue que le permitió levantar su siguiente y ambicioso proyecto, "El cazador" (1978) es hoy una de las joyas indiscutibles del cine, un trato influyente y distinto de la guerra de Vietnam.


"El cazador" es hoy uno de los clásicos indiscutibles, un film donde la guerra no es más que un factor clave para desarrollar la historia de tres amigos, una cinta que unió a la pareja formada entre Meryl Streep y John Cazale, casados dos años antes, y que terminó con el triste fallecimiento de Cazale, ambos conocedores de su enfermedad, y cuya entrega al Séptimo Arte les llevó a rodar primero las escenas de Cazale, entregado por completo a la cinta, protagonizada por Robert De Niro, Christopher Walken y John Savage, la deslumbrante epopeya que rueda como el tambor de la mítica ruleta rusa. Con ella saboreó las mieles del éxito, las mismas que se esfumaron con el fracaso de "La puerta del cielo" (1980), el film que puso en bancarrota a United Artist que tuvo que ser absorbida por la Metro Goldwyn Mayer, una cinta que en su primer corte superaba las cinco horas, sin duda una película poco comercial que, pese a su reparto fue uno de los fracasos más sonados de la industria. Lejos de la taquilla, de Hollywood, o de la calidad argumental de la película, Cimino demostró una habilidad única para dirigir, una visión completamente distinta a su época que brilló cuando supo adaptarla a ella, y se hundió cuando la dejó volar. Su cine fue como mínimo grandioso, enriquecido por la leyenda que suele cautivar al público cuando pierde durante años a un gran director de estrellas. Tras adaptar "El siciliano" (1987) de Puzo sin la misma suerte que Coppola, dirigió dos largometrajes más que le llevaron a un exilio misterioso, una desaparición extraña que nos hizo comenzar a dudar sobre la existencia del director de "El cazador", sin embargo el film estaba ahí. Su reaparición en Cannes (¿era verdaderamente él?) nos tranquilizó, volvió para reconocer su cinematografía, e incluso participó en uno de esos films de títulos kilométricos que reúnen a grandes directores para participar de un Festival. Su fallecimiento llega temprano, al manos con el reconocimiento que merecía en vida, y no con los homenajes póstumos (que también los habrá), que acostumbra nuestra carcelaria sociedad.

viernes, 1 de julio de 2016

Mamá cumple 100 años

El preciado centenario ha acompañado desde siempre al ser humano, normalmente uno lo celebra bajo tierra y estando ya en los huesos mientras la familia celebra una misa en su nombre (hay cada familia con su propia celebración religiosa-espiritual) en la que el sacerdote suele equivocarse al introducirlo entre los minúsculos versículos bíblicos. Otra visión de este cruel cumpleaños nos la ofreció Carlos Saura en "Mamá cumple 100 años" (1979), pues toda la familia espera una herencia con más ansia que el Príncipe Carlos, claro que en el imaginario de quién no está el alcanzar esa preciada edad para ver a toda su descendencia reunida y unida, para acabar con uno, pero unida en ello. Hasta el propio Berlanga tenía intención de abrirnos la caja que dejó encerrada en el Instituto Cervantes con un preciado secreto que se desvelará en el año 2021, fecha de la celebración de su centenario, el que utilizó para intentar vender los turrones de Don Fernando Planchadell, un genial Fernando Fernán Gómez en "Moros y cristianos" (1987). Más recientemente ha sido el director mexicano, Robert Rodríguez, quien ha anunciado el estreno de su film "100 years", protagonizado por John Malkovich, para dentro de un siglo, claro que algunos de los más experimentados hackers o incluso la propia productora (ansiosa por recuperar lo invertido), probablemente nos lo develarán antes. Pero hoy estamos aquí reunidos para recordar a una mamá única, una actriz maravillosa que logró cautivar el viejo Hollywood con su mirada bondadosa y su tímida sonrisa, desde su exótico nacimiento en Tokio parecía destinada al triunfo que halló en el cine, hoy celebramos el centenario de Olivia de Havilland que disfruta feliz en su casa parisina rodeada de su familia.

Mostrando su elegancia con capa de Dior en la Capital de la Moda, París

Una de las mayores características de Olivia de Havilland fue su belleza buena, una belleza limpia y pura que le llevó a roles marcados por la bondad, la ingenuidad o el sufrimiento, adjetivos que marcan toda una época del cine que triunfó con los melodramas de época para un público necesitado de historias de amor y comedias que levantasen la cortina gris que invadió nuestro planeta en los años cuarenta. El centenario de su persona significa mucho más que un simple cumpleaños, no sólo porque el libro Guinness de los Récords comienza a perseguirla o por ser el miembro mayor de la Legión de Honor francesa, sino porque se convierte en leyenda viva del cine, una fuente de conocimiento de un Hollywood anterior a su época dorada, es la principal testigo del Viejo Hollywood, antes de que triunfasen los musicales o las superproducciones, cuando los platós californianos se perdían en inmensos bosques de cartón piedra, decorados de época y lograban transmitir grandes historias sin salir de los inmensos estudios. Hitchcock sería uno de los maestros que establecería el placer por narrar sus historias sin complicación en busca de exteriores, el maestro del suspense se decantó por Joan Fontaine para protagonizar su ingreso en la fábrica de sueños que convirtió en industria, la hermana de Olivia poseía la belleza fatale que cosechó papeles de intriga, suspense y crimen. Tal vez por ello se creó una sonada rivalidad entre las hermanas, siendo finalmente Olivia de Havilland la gran ganadora (en los medios), habiendo logrado dos premios de la Academia, frente al único Oscar que Fontaine logró por "Sospecha" (Alfred Hitchcock, 1941).

Ceremonia de entrega de la Legión de Honor, entre Sarkozy y Jacqueline Bisset

Respecto a los papeles que acaparaban ambas hermanas (por otra parte no eran rivales en la diferencia de personalidades y de optar a un papel), Olivia llegó a aclarar que "creo que jugar a ser la chica mala es un aburrimiento", en la década de los años 30' se convirtió en la pareja de Errol Flynn con algunos de los mayores éxitos de la Warner, siendo la colorida "Robin de los bosques" (Michael Curtiz y William Keighley, 1938) su mayor éxito, un film que a día de hoy se reconoce como uno de los títulos indispensables del cine de aventuras, en el que Olivia de Havilland nos ofreció una de las Lady Marian más encantadoras de la historia del cine, muchos años tuvieron que pasar hasta que Sean Connery y Audrey Hepburn nos enterneciesen con la vejez de Robin Hood en "Robin y Marian" (Richard Lester, 1976), film fallido comercialmente que me entusiasma y que cuenta con una jovencísima Victoria Abril. Muchos fueron los rumores obvios de un romance entre la joven actriz estadounidense-japonesa y el mítico héroe cinematográfico y mujeriego que era Errol Flynn, años más tarde la actriz declararía que "me sentía muy atraída por él, no le rechacé, pero le dije que no podíamos tener nada mientras él siguiese con su esposa". Unas declaraciones que rompían una leyenda negra del Antiguo Hollywood y que demostraba la bondad natural que hacía justicia al rostro de la actriz. De toda su etapa en la Warner surge otro de los emblemas clave que persiguió a las estrellas durante esos años, los duros contratos a los que se sometían las estrellas con los grandes estudios, una joven y prometedora Olivia de Havilland tuvo que rechaza en un primer momento su papel en "Lo que el viento se llevó" (Víctor Fleming, George Cukor y Sam Wood, 1939) por la negativa de Jack Warner a cederla para una producción de David O. Selznick, finalmente la actriz hablaría con la mujer del productor, logrando la cesión y el papel que le daría la eterna fama que hoy cumple cien años.

Su mítica Melanie Hamilton en "Lo que el viento se llevó", con Clark Gable

¿Cuántos papeles perdería en los años posteriores por su condición con la Warner? Ella y muchas estrellas que se veían sometidas a los westerns y aparatosas producciones de los estudios sin la capacidad de protagonizar los proyectos que soñaban. Olivia de Havilland fue entonces la pionera en un juicio único contra los duros contratos con cláusulas-cárcel, respecto a todo ello aclaró que "lo que más me satisface de aquella decisión es que benefició a Clark Gable, Jimmy Stewart y todos los grandes actores que habían estado ausentes por el servicio militar y que a su vuelta pudieron modificar sus contratos". La joven ingenua de la pantalla se revelo contra los leones de Hollywood y abrió una dura grieta entre productores y actores, que aún a día de hoy enfrenta a grandes estrellas, véase la fantástica sátira de Hollywood que Woody Allen nos ofrece desde Manhattan en "Un final made in Hollywood" (2002). La carrera de la actriz cambió con la nueva libertad de contrato, se forjó en los "papeles de niña buena" que le valieron dos Oscar a la Mejor Actriz por su interpretación en "La vida íntima de Julia Norris" (Mitchell Leisen, 1946) y "La heredera" (William Wyler, 1949), superando así a su hermana, que se lo arrebató años antes, cuando ella estaba nominada por "Si no amaneciera" (Mitchell Leisen, 1941). En la década de los setenta, Joan Fontaine, elevó el hacha de guerra declarando: "Me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y si muero primero se pondrá furiosa porque también le habré ganado en ello", así fue y hoy las palabras de femme fatale de la hermana rubia suenan en el olvido mientras su hermana sopla fuerte las cien velas que se derriten sobre su tarta aunque, como dijo Katharine Hepburn, "con los años cada vez se parecen más a un desfile de antorchas". Los premios de las tres actrices (Katharine también) son el verdadero ejemplo de una Academia sin prejuicios, guiada por grandes papeles y grande interpretaciones, lo que tristemente ha derivado de la selección actual guiada por unos parámetros similares y necesarios para levantar la estatuilla (aún con pequeñas excepciones como la Cate Blanchett de "Blue Jasmine", Woody Allen, 2013).

Milagro de la multiplicación de los Oscar "a través del espejo"

La grandeza de la maldad está en que existe un lado bueno, y la bondad no es más que una cursilería si no llegase a aflorar algún ápice de maldad. Ambas actrices, como cualquier persona, se mostraron de una manera y otra con respecto a su hermana, y nuestra única observación debe ser la grandeza que las dos ofrecieron a sus papeles en el cine. Así era también el papel protagonista de "La heredera", una obra genial donde Wyler ejerce una dirección estupenda, marcando la comedia de la ingenuidad en la primera parte, y la oscura crueldad que deja a Montgomery Clift aporreando la puerta bajo los títulos de The End. Ante el éxito de su hermana de la mano de Hitchcock, Olivia de Havilland tuvo un magnífico acercamiento al suspense, la genial y desconocida "A través del espejo" (Robert Siodmak, 1946), una interpretación que no le valió reconocimientos ni premios, pero que en la intimidad ofrece toda la fuerza interpretativa que se oculta bajo el tímido rostro de la buena de Melanie Hamilton (su papel en "Lo que el viento se llevó"). Sería precisamente este suspense y fuerza dramática la que se alabaría años después en su papel protagonista junto a Bette Davis en "Canción de cuna para un cadáver" (Robert Aldrich, 1964), la época dorada de Davis, y el despido final de Olivia del protagonismo que no había abandonado de su Antiguo Hollywood. En Cannes, 1953, conoce a su segundo marido, el hombre que le descubre París, donde se traslada y vive su elegante y magnífica retirada, recogiendo honores como la Legión de Honor que Sarkozy le impuso en el año 2010. Aunque su amplia carrera sea imposible de enumerar, no me gustaría despedirme sin recordar su catastrófico vuelo en "Aeropuerto 77" (Jerry Jameson, 1977), brillando entre la comedia y el drama del brazo del incombustible Jack Lemmon. Los cien años de Olivia de Havilland hacen de París la única ciudad donde se encuentra la esencia del auténtico Hollywood, del bueno, ya que Los Ángeles de Kirk Douglas son más bien la (también brillante) Época Dorada de cine épico. Vive y viva por siempre Olivia de Havilland, la actriz de bondadosa mirada (y ceja entornada).

Fantástica en "Aeropuerto 77", en el rescate con Jack Lemmon