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jueves, 11 de junio de 2026

Crónica de lo berlanguiano

El Teatro Español acaba de estrenar Crónica de un mal español, una pequeña pieza teatral en la que Jorge García-Berlanga, nieto del célebre director valenciano que da nombre a este blog, se acerca a la figura de su abuelo a través del humor. En apenas una hora se esboza una biografía que se prevé inmensa y que, sin embargo, logra reducirse a un gesto, una situación o un carácter. Cuando Luis García Berlanga recibió el Goya a la Mejor Dirección en 1994 se lo dedicó "a una serie de amigos y compañeros que durante los años cincuenta rompieron con aquel cine sombrío del franquismo y fueron los primeros en crear un género autóctono español: la comedia popular, que ha sido siempre maltratada por los críticos". El agradecimiento terminó mencionando a "Carlos Arniches, del que creo que descendemos todos". Refiero tales palabras pues, más treinta años después, es a la astracanada y al sainete a los que su nieto se acoge para representar la vida del insigne cineasta. Se trataba en esta crónica de lo berlanguiano de representar a la persona, al abuelo, al hombre, más allá del director o el intelectual (que pese a rehuir de la etiqueta, Berlanga lo fue), y en lo cotidiano reina el ruido, el humor blanco asequible y la espontaneidad. Por eso, esta Crónica de un mal español no es berlanguiana, en el sentido en que no inquire, sangra o satiriza desde la negrura, sino que redefine lo berlanguiano desde esa comedia popular que sólo funciona cuando está magníficamente interpretada, como es el caso. Esto permite además alejarse de peligrosas comparativas, de las que no se librará La escopeta nacional que estrena la semana que viene Juan Echanove y que espero como agua de junio. 

Jorge García-Berlanga y Nacho Serrano como "las dos B"
Los hermanos Vellón

Volviendo a la Crónica de un mal español. La obra comienza con esta moda del teatro joven en la que los intérpretes le reciben a uno en el vestíbulo que precede la sala. Allí, varios actores caracterizados de los años cincuenta se increpan con frases lúcidas que parecen inconexas hasta que, de pronto, uno se ve en su butaca inmerso en la dramaturgia. Es, además, una de las pocas modas aplicadas con sentido, pues en esta primera escena nos hallamos en la tertulia del Café Gijón, donde se convidan personajes como Edgar Neville, Conchita Montes (soberbia y elegante Natalia Vellón) o Paco Umbral, desarrollando una estupenda representación de la caótica y a la vez siempre coherente estructura de lo conversativo, al más puro estilo de La colmena de Cela (o de Camus, como prefieran). A partir de aquí, el trabajo de Jorge es de una minuciosidad extrema a la hora de ligar el drama, las anécdotas reales (e inventadas) y la propia biografía de su abuelo, logrando una capacidad de detalle que hará las delicias del admirador filmófilo más severo. De la presentación de María Jesús, su abuela, con el jersey en los hombros y en la mano, que referencia directamente unas fotografías reales del viaje de novios, pasando por la boda (que el propio Berlanga ya parodió en El Verdugo), hasta el escenario final en el que, con la asombrosa capacidad de hacerlo con cuatro cajas de cartón, logra transportarnos al estudio de Berlanga con una perfección física y atmosférica inusitada. Otro detalle esgrimido con gracia y mimo es el consabido arte de Berlanga y Azcona (interpretado estupenda y contenidamente por Octavio Vellón) para incorporar frases reales de su entorno a sus historias, que Jorge recoge aquí en varios gags a lo largo de una obra que es astracanada y sainete, sí (tenemos a Franco descamisado bailando Ni tú ni nadie), pero que termina con un ejercicio metaficcional en el que es imposible no emocionarse. 

Pablo Vélez, censor
Júlia Roch como María Jesús

La compañía teatral de Jorge García-Berlanga, Balmoral, funciona como una gran familia, más cercana a los Cómicos de Bardem que a los señoritos  de Berlanga. "¿No será usted un señorito pijo con sombrero?", pregunta Bardem. "El sombrero me lo puedo quitar", responde Berlanga. Los papeles se entremezclan, la primera actriz es tramoyista en la escena siguiente, las mujeres son sargentos (y generales), los hombres, curas con reloj de pulsera y todos tienen su segundo de gloria. Digo segundo porque la obra transcurre a una velocidad vertiginosa, apremiada por una vida inabarcable que nos hace pensar en cierto punto que la obra está incompleta, ¿o es simplemente que tenemos ganas de más? Llegados a este punto sólo me queda hacer una mención especial para Pablo Vélez, una suerte de José-Luis-López-Vázquez-para-todo que siendo histriónico, nunca resulta cargante. Un matiz finísimo que Vélez maneja con gracia, sin miedo a pasarse si el público lo requiere. Una capacidad (casi) al nivel de Arturo Fernández, a quien recuerdo repitiendo un chiste a golpe de chatín en una representación hasta que la carcajada del respetable hacía imposible continuar la obra. Cuando entrevisté a la compañía hace unos días para Vanity Fair llegaron a una conclusión: "al final te olvidas del gran director y empiezas a contar la historia del abuelo de Jorge". Esa es la grandeza de esta obra que pueden disfrutar en el salón de los balcones del Teatro Español hasta el próximo 28 de junio. Indispensable para cualquier berlanguiano. 

Fetichismo berlanguiano

lunes, 22 de octubre de 2018

Noche de estreno

El pasado 17 de octubre se celebró el estreno mundial del musical El Médico, en el Apolo de Tirso de Molina. Se trataba del primer musical original español que se abría a todo el mundo, ya que los grandes éxitos de los teatros de Gran Vía no son más que licencias de los éxitos de Broadway. Al evento asistiría el mismísimo Noah Gordon, autor del bestseller que da nombre al musical. Entonces me llamaron para que llevara a distintas personalidades, conozco a uno de los productores y él me hizo el encargo. Yo, que nunca había ejercido como relaciones publicas, me vi tirando de agenda, pidiendo teléfonos y discutiendo con secretarios perdidos en las apretadas agendas de sus celebrities. La serie de Netflix, Paquita Salas, retrata por encima la intensidad que suponen los estrenos. Incluso llegamos a ver a Piti Alonso en uno de los capítulos, junto con David Sánchezforma una de las parejas profesionales más fuertes del sector. No hay programa de Corazón en que no vea a David dirigiendo el photocall. Pero lo que vemos en Paquita… no es más que la punta del iceberg. 


Un servidor, con Noah Gordon
La convocatoria era complicada, el mismo día se celebraban los premios de Harper’s Bazaar, evento que organizaban David y Piti. Afloró en mi el alma competitiva. Llegado el día del estreno me enfrenté a anulaciones en el último momento, que no son más que sitios vacíos que se deben cubrir con algún famosillo del montón. Por suerte el equipo del musical tenía una gran organización. Una vez allí sólo había que dejarse llevar por los flashes y los Gin-Tonics“Están sirviendo copas desde que llegamos, esto parece una discoteca”, me decía el actor Guillermo Montesinos. Cuando tantos conocidos se reúnen en un espacio tan pequeño las anécdotas se suceden y los comentarios cargados de ironía empiezan a aflorar. “Qué cantidad de ejecutivos”“Poniendo la barra tan temprano se arriesgan a que algunos no vean la obra”. “Está el ministro ese tan gracioso”. “Los toreros estos están en todas partes, menos en la plaza”. “Ésta se ha operado tanto que no la he reconocido”Y demás joyas que nuestros queridos famosos dicen de sí mismos. Eugenia Martínez de IrujoFrancisco RiveraÓscar Higares, Cristina PiagetLydia Bosch y un largo etcétera. Los rostros se sucedían ante la atenta mirada del gran autor: Noah Gordon, con el que tuve la suerte de hablar en el intermedio de la obra: “Me fascina la música”, al fin y al cabo era lo único que podía entender. Por otro lado, la puesta en escena es una maravilla, un desfile técnico exquisito, números musicales deliciosos perfectamente armonizados con los trucos de Jorge Blass y el vestuario de Lorenzo Caprile, que sobre las tablas parece volver a sus orígenes. Por no hablar del inmenso elenco, que cuenta, entre un larguísimo reparto, con la grandísima Sofía Escobar, venida directamente desde el West End de Londres. 

El gran Guillermo Montesinos


Los musicales son largos y las celebrities tienen la vejiga pequeña, el intermedio colapsó los cuartos de baño. Santiago Segura, reconocido amante de los musicales, apostó por tomarse un helado mientras atendía a ese grueso de pequeños nicolases que todavía logran colarse en los eventos, y que se dirigen a uno como “Santi, amiguete”sin conocerlo de nada. Lo digo yo, que cada vez que me encuentro con Santiago me tengo que presentar. Al final del segundo acto, los ministros empiezan a revolverse, no quieren ser atropellados por la marabunta por lo que ven la última actuación desde el pasillo. Allí estaban, Juan Ignacio Zoido Fátima Bañez acompañados de su comitiva, pegados a la puerta y deshaciéndose en aplausos. Carmen Lomana fue la primera —cuando hay clase, hay clase— en coger buen sitio junto a la salida, con el Cabify esperando en la puerta del teatro, no olvidemos que se ha postulado como candidata a las próximas elecciones por la alcaldía de Madrid. Todo salió dentro de lo convenido, al final pude hablar con Massiel“Parece una ópera, es espectacular”, había visto la obra. Le recordé cuando nos conocimos en los Goya, junto a Julita Salmerón, la protagonista del exquisito documental Muchos hijos, un mono y un castillo, que se hizo con el premio. “Sí, claro, este mismo domingo ceno con Julita en familia”, me dijo Massiel entusiasmada y divísima enfundada en unanimal print de leopardo. Cuando la ganadora de Eurovisión abandona la barra el estreno se puede dar por concluido, permítanme el chiste para concluir el artículo y un sonoro “olé”, como el que soltó Willy Montesinos cuando terminó su escueto discurso Noah Gordon. Los estrenos mejor dejárselos a David y Piti. 

sábado, 20 de enero de 2018

Alta Seducción Española

Cuando uno va al teatro a ver a Arturo Fernández siente la añoranza de antaño, es como volver a esa época del star-system donde se veían las películas por sus intérpretes, sin llegar a importar demasiado la calidad de las mismas. La grandeza de todas ellas residía en ese gran actor que las sostenía, "Alta seducción" es una obra hecha a medida —cual traje de ojo de perdiz— para su actor, que ha adaptado la versión original de María Manuela Reina que él mismo estrenó en 1989. Demostrando que a sus 88 años continúa funcionando como galán, la comedia es un ágil entretenimiento que juega con todos los clichés de su protagonista, el peinado, el traje, la elegancia y su eterno narcisismo del que se ríe con solemnidad. En el caso de "Arturín" se ha creado una extraña simbiosis entre su personaje y su persona, que supera una ficción que él mismo parece incapaz de distinguir, o eso nos quiere mostrar con total perspicacia. "Alta seducción" es un desfile interpretativo de su gran actor, sin menospreciar la excelente réplica de su compañera en escena Carmen del Valle, quien le acompaña desde hace unos años en estas exquisitas comedias que bien podrían titularse todas "Vida y obra de Arturo Fernández". Todas ellas brillantes, perfectos análisis de nuestra sociedad que arrancan las carcajadas de un público para el que la risa es un deporte de riesgo, definitivamente una apuesta sensacional. Todos los chistes funcionan, Fernández se encarga de ello, y la grada siempre pasa un buen rato, una vez más es com volver al verdadero sentido del teatro, cuando era el divertimento del pueblo.


Entre risotada y alborozo no se deja títere con cabeza, desde la mordaz sátira de los diputados anquilosados en sus viejos escaños (perfectamente encarnados por Don Arturo) hasta la nueva política de coleta y mangas de camisa. Hubiese resultado interesante el giro que Pilar Miró le hubiese dado, si hubiese podido completar su proyecto de película que el propio Fernández recordaba. El estreno este verano en Gijón fue un éxito, palmas, vítores y olés acompañaban a la propia obra, convertida en un ejercicio metalingüístico, un estudio interno de la evolución teatral en España. Arturo Fernández es el último profesional en activo de una generación única que nunca debemos olvidar, y que él mismo reivindica y homenajea en la obra, emulando tonos de Fernán Gómez o piropeando a su compañera de reparto con un sonoro "¡Viva España!" que nos lleva directamente a las playas de Sitges donde José Luis López Vázquez hacía lo propio con las suecas. La obra no decepciona, es todo lo que uno quiere, pasar un buen rato con el mejor Arturo Fernández, el cómico y el paródico, un sorprendente comediante bajo la estela de galán que sigue mirándose al espejo como a los veinte años. Como referente en la historia del espectáculo español, Arturo cuenta con una estancia asegurada sobre las tablas, verle cada año con una nueva obra es un lujo que agradeceremos mientras podamos —los unos y el otro— permitírnoslo. "Alta seducción" se representa en el Teatro Amaya de Madrid hasta el 25 Marzo. No se pierdan esa exquisitez que el propio Arturo Fernández define como "la comedia más divertida y elegante que he protagonizado", sencillamente genial.

viernes, 2 de junio de 2017

Ni una nota desafinada

Apenas tenía referencias de "La cantante calva" (Eugène Ionesco, estrenada en 1952) cuando entré para verla por primera vez en el solemne Teatro Español, tan solo una ligera idea del autor de "El rinoceronte" —obra que hace unos disfrutó de su puesta en escena en el María Guerrero— con su particular sentido del humor y su, ahora confirmada, gran capacidad para el dominio del absurdo. Mientras los espectadores estamos aún discutiendo con señoras miopes incapaces de leer correctamente el número de su butaca, el magnífico reparto que compone la obra se pasea gustosamente por el escenario, cubierto por un fino telón sobre el que se proyecta la Union Flag. En cuanto se levanta y se presenta la primera conversación, devastadora ironía sobre la rutina inglesa, las risas están servidas entre afilados comentarios provisto de unos actores gratamente dotados para la comedia, juegan con el lenguaje y la lengua con astucia y total libertad. Se van sucediendo hechos inverosímiles, la aparición de un bombero, una pareja de invitados algo superada por las circunstancias y una sirvienta algo histriónica que desentona en todo momento con la hora del té inglés, pero que termina por llevarse las risas más populares, esas que suenan forzadas y orgullosas de reírse porque han cogido el chiste. Hay quien tacharía la obra de surrealista, simplemente para intentar comprenderla, pero es aún más sencillo, es absurda, eficaz, un divertimento como los de antes, uno de los mejores caminos para devolver a la gente al teatro. "La cantante calva", con una duración de poco más de una hora, es una de esas obras llenas de frescura, humor y teatro, el de verdad, el exagerado y tratado para recitarse sobre las tablas.


Luis Luque presenta una puesta en escena sencilla, la grandeza de la obra está en sus palabras, la escenificación no es más que el lugar donde tienen que moverse unos personajes descabellados, totalmente en desorden con el especio-tiempo en el que vivimos. La pareja formada por Adriana Ozores y Joaquín Climent es una delicia, esa pose aristocrática, comentarios de altísima cuna que encuentra un segundo sentido más propio de la sirvienta, en especial Climent guarda para su papel gestos e ironías finísimas que van calando y formando un personaje realmente disparatado y genial. Carmen Ruiz y Fernando Tejero son, a lo sumo, un reflejo de ellos mismos, una versión más enérgica y dada a la comedia gestual y corporal, otro de los bienes teatrales que recupera la obra. Todo magníficamente expresado en la inversión de roles final. Los personajes de Helena Lanza y Javier Pereira son más populares, recreados en juegos de palabras facilones y otro tipo de hazañas que se definen perfectamente con el comentario de un niño que tenía delante: "¡Mira papá: tetas!". Hay que reconocer que tienen su público, y todos ellos forman una irracional gama de registros que repasan a cada uno de los asistentes, sin dejar a nadie insatisfecho. A todo esto, se preguntarán dónde está la cantante calva, pues como dice el texto de la obra: "¡Peinándose!". No se la pierdan, pueden disfrutar de ella en el Teatro Español hasta el 11 de Junio.

sábado, 24 de diciembre de 2016

¡Dinamita! (en lo oscuro del abismo)

De las repetitivas y grises historias de las novelas televisivas de media tarde ha nacido Tirso Calero, un jovial y apetitoso dramaturgo que muestra en sus obras una irremediable necesidad de abandonar la planicie de "Bandolera" (2011-2013) o "Amar es para siempre" (2005-actualidad). De ese impuesto requisito se adivina una llamativa intención de huir de ello, con una narrativa algo dispersa rociada de un humor casi surrealista y decididamente televisivo, en ocasiones con cierta estructura de sketch, que se desvela al pretenderse teatro. Sin embargo la desbordante utilización del absurdo termina por sumir al espectador en carcajadas sonrojadas que aumentan al darse cuenta éste de la situación de la que ríe. Un extraño y divertido uso del humor que se planta sobre tres personajes únicos totalmente desquiciados o llamados a la locura por lo límite de la situación en la que realmente se encuentran, a cualquiera de ellos no le importaría explotar abrazado a un cartucho de dinamita. Así bautizó Calero a su obra, "Dinamita", un divertimento nada convencional que no pierde la crítica habitual a la situación laboral, ésta sí, más al uso. Dentro de la habitual y repetitiva gracia teatral que se plantea sobre las tablas de hoy, se agradecen propuestas innovadoras que pretendan elogiar un pasado que siempre fue mejor, aunque en este caso esté sin cuajar. Ante uno de los momentos más divertidos, hacia el final de la obra, me fue revelado que ese gag había sido ensayado por primera vez ese día, el último en los Teatros Luchana. Lo que no deja de ser una buena noticia, pues estando la obra en formación, no es más que una muestra del aumento humorístico que sufrirá la obra en las siguientes representaciones.


Para dar vida a esos personajes, Calero cuenta con Manuel Tallafé, habitual en el cine de Álex de la Iglesia, y Guillermo Montesinos, fetiche berlanguiano en la última etapa del maestro, dos representantes de la comedia tradicional española que se dan la mano en una muestra de intercambio generacional, completado con la intervención de Fernando Vaquero, salido del monógamo universo de la televisión de media tarde escrita por Calero. Es precisamente la fuerza de los intérpretes la que levanta esta obra sobre arenas movedizas, y la que hace que la obra crezca en cada una de sus representaciones. Tras cerca de dos meses (con una función por semana) en los citados Teatros Luchana, parece ser que la obra, levantada por Meditea Teatro, busca teatro para consolidarse y ofrecernos así el esperado "musical con más de veinte actores que deja a "El Rey León" a la altura del betún". El devenir de la trama es tan injustificado que brilla en su indefinición, después de todo el espectador ya está dispuesto a enfrentarse a lo que se le eche encima, como ver a Tallafé disfrazado de hombre abeja o a Montesinos con gorra castrista. El cariño que uno toma sobre una obra de tales dimensiones acredita cualquiera de las locuras sin precedentes escénicos que aquí se muestran se acepten como clichés clásicos de un teatro que en breve disfrutará de esa reducción del IVA. Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, esas fechas en las que se reúne toda la familia, y a más de uno le gustaría poner un cartucho de dinamita en medio del salón. A mí no desde luego.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Deliciosamente jazz

Pía Tedesco vuelve hasta el próximo domingo al Teatro Fernán Gómez con "La Reina del Swing", un espectáculo sensacional, elegante y sofisticado (hasta aquí nada nuevo en lo que respecta a la señorita Tedesco), sin embargo da una vuelta a la idea preconcebida que el espectador pueda tener de "la reina del Cabaret", dotando a esta función de un aire clásico embriagado por el ritmo del jazz y el swing, que aprovecha para ofrecernos una nostálgica mirada a la historia de esta música en la España de la década de 1940. Toma la figura de Rina Celi como una constante que guía la preciosa historia de amor que poco a poco se va convirtiendo en el centro de esta exhibición musical, dejando el resto como música de fondo. Esta historia se ve embellecida por la dulce narración de Pía Tedesco, que nos conduce con amor y melancolía (también con medidas dosis de humor) hacia cada una de las interpretaciones que el espectador espera ansioso. En un momento viajamos completamente al barco de "Deliciosamente tontos" (Juan de Orduña, 1943) y nos vemos mirando el mar, como ella misma hará más tarde en su viaje a la Argentina, escuchando la emblemática voz de Pía y una banda única que rompe por completo el mito de que en España no hubo -no hay- jazz. Rina Celi hacía una pequeña aparición en el film de Juan de Orduña, y se escuchaba una de sus canciones, sin embargo la función que estamos viviendo se aleja del inmutable aire de ingenuidad que pervive en este tipo de screwball comedies, nos encontramos más bien en la pura delicadeza de "Del rosa... al amarillo" (Manuel Summers, 1963) o en esas películas que afrontan los golpes de la vida con ingeniosos comentarios como "El inquilino" (José Antonio Nieves Conde, 1957).

Rina Celi
Cuando Pía Tedesco canta todo se olvida, entramos en otro universo, nuestra piernas comienzan a cabriolar al ritmo del swing y entramos en un estado único, una melodía que muchos de nosotros sólo conocemos por películas como "Días de radio" (Woody Allen, 1987). Un aire nostálgico que nos transporta por completo a una época, si uno cierra los ojos cuando Pía canta puede sentirse en el mismísimo "Café Society" (Woody Allen, 2016) e incluso es capaz de notar los kilos de colonia que el joven Bobby Dorfman lleva para recuperar algún amor perdido (o el pesado perfume de la señora del al lado). Cuando uno acaba siente prácticamente ganas de llorar al darse cuenta de que no está en los años 40' y que en el carrusel deportivo no está Rina Celi, sino una serie de comentaristas que imitan burlones a "Mi vaca lechera" esa pegadiza cancioncilla que compuso Fernando García Morcillo, quien por otra parte ofreció grandes obras de jazz en nuestro país y canciones para Carmen Sevilla, Sara Montiel o María Dolores Pradera. Pía Tedesco nos devuelve por completo a una época que añoramos incluso sin haberla conocido, que sufrimos con ese desorden pero que queda deliciosamente tonta con el swing de fondo. La orquesta es indispensable en el jazz, improvisa, se ríe y dota de vida a las partituras. Joshua Díaz al clarinete y el saxo alto, Pedro Esparza a los saxos soprano y tenor (y qué maravilla cuando conduce la travesera), Alejandro Ollero al contrabajo, Jimmi Castro a la batería y Néstor Ballesteros al piano. Todos ellos nos conducen hasta tal estado de trance apesadumbrado que llegamos a sentirnos como el Alec Guinness de "El Cisne" (Charles Vidor, 1956), deseando arrancarle el contrabajo al señor Ollero y participar de ello. El atrezzo es irresistible, ese genial micrófono on the air de la época, y el genial abrigo desplegable con noticias de la época o artículos de la sección femenina. No se pierdan este espectáculo que les transportará por completo a otro tiempo, que les sacudirá en el asiento y del que querrán participar en cada una de sus canciones. 

Diane Keaton en "Días de Radio"

jueves, 22 de septiembre de 2016

Mentira conyugal sana

"La Mentira" de Florian Zeller es un libreto magnífico que analiza con humor la condición humana, a simple vista no parece del todo innovadora, el planteamiento es verdaderamente revelador y sugestivo, la esposa del protagonista ha visto a su mejor amigo con otra mujer, a partir de ahí se edifica una magnífica mentira capaz de dominar al espectador, removerlo y desesperarlo mientras intenta descubrir la verdad, o lo que no puede responder más que con carcajadas ante esa situación. Las cenas de amigos, de idiotas o últimas han sido siempre una constante en aquello de plantear un fondo teatral, el encerrar todas las mentiras en un sólo habitáculo para que no se desproporcionen es algo que ya hemos visto en el cine de Álex de la Iglesia o en la última etapa de Roman Polanski. Claro que "La Mentira" va más allá, no trata de encerrar a sus personajes sino de hacer que ellos mismos se encierren en una verdad de la que el público nunca podrá comprobar su veracidad. David Serrano realiza una adaptación sencilla y eficaz, un texto puramente cómico, lleno de pequeños comentarios brillantes en cada escena, una rápido y efectivo guión que nos lleva al enredo más disparatado y que recuerda a algunos clásicos del siglo XX, incluso a la sátira del disparate que se propuso la otra generación del 27. Claro que este componente lo aporta un descomunal Carlos Hipólito, que domina con la mayor naturalidad al tipo medio en una situación conyugal más cercana a las neurosis del cine matrimonial del Woody Allen. Aporta además un elemento cómico poco valorado en el teatro, la cotidianidad, partimos de un grupo de personas cuya vida es verdaderamente plana (véase el decantador de vino), cuya serenidad se ve asaltada por lo que uno de ellos a visto del otro.


El teatro actual parece huir de las historias (tal vez por la pereza del cambio de decorado) y prefiere sentarse a reflexionar sobre un tema, el caso es que "La Mentira" logra convertir cada situación por pequeña que sea en una brillante disección de sí misma. Resulta genial ver como la sencillez del hombre se ve atacada por la presunta mente "maligna" de la mujer, siendo finalmente el hombre el autor de la teoría más descabellada e ¿inverosímil? El duelo interpretativo entre Hipólito y Natalia Millán es realmente desternillante, con un amplificado sentido del movimiento sobre el escenario, realmente parecen estar desarrollando una coreografía entre las neuras de ella y el rostro de él. Claudio Tolcachir dirige esta versión apostando por la más clara sencillez, basándose en la ley de que nada debe distraer al espectador si el libreto es bueno, y ciertemente lo es, en gran parte por la enorme capacidad de los actores para llervárselo a su terreno. A sus propios tics o a su propia manera de discutir, o incluso de irrumpir en la acción donde entra Mapi Sagaseta el gran descubrimiento de la temporada teatral, dominada completamente por su personaje (el más complejo en lo que a mentiras refiere), paso y firme y voz bien audible, entrometida y completamente liberada de cualquier prejuicio, sensacional. Otro gran acierto de Zeller es el uso de la elipsis, no es ni mucho menos habitual sobre las tablas, y aquí es la mejor manera de darnos ese final inesperado y brillante que deja el delicioso sonido de carcajadas (mucho más exagerada, ¡qué ganas tiene la gente de reír!) y aplausos finales. Armando del Río tiene la mala suerte de portar el papel de culpero, aquel al que el espectador echa las culpas con tal de camuflar discretamente la verdad de los protagonistas, para los que desea lo mejor. No dejen de ir a ver esta astuta mirada al teatro de parejas, y no dejen de reír cuando se vean atrapados en la misma mentira. Estreno hoy 22 de Septiembre en el Teatro Maravillas.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Ni hombres ni hembras, Mattaruccos

Un tal Diego Mattarucco que es poeta y esas cosas, pretende despistarnos pero camuflado entre versos y fonética es otro psiquiatra argentino que disfruta examinando a sus pacientes, con los que comparte obsesiones, diversiones y dudas existenciales. No se dejen engañar por ese cardenal receloso que les habla con extraña dialéctica embutido en un verdugo rojo, como su hábito coral, ni tampoco se vean intimidados por ese terrorista cuya única arma es la palabra, déjense perder entre ríos de sonidos y no le busquen tres pies al gato. Así se presenta "Ni hombres ni hembras, hambres", el monólogo de Diego Mattarucco donde incluye algunos de sus textos más reconocibles, entre fonemas y poemas, no tema, no tiene que gustarle la poesía si quiera. Se trata de un espectáculo, un calculado espacio de humor donde cabe reflexionar sobre todo lo que fonéticamente ayude al desarrollo del soliloquio, que por una vez es coral, pero no caro. El punto de partida más divertidamente insospechado es que hayan de venir de Argentina a mostrarnos la riqueza de nuestro vocabulario, del ripio más tonto al trabalenguas más elaborado. La colaboración del público es indispensable para la plenitud de la obra, sin embargo si usted no se ve con las suficientes palabras, no huya, que al monologuista le sobran. Así pues en poco más de una hora uno se siente completamente un reflujo de lo allí vivido, después de haber acompañado a un guiri por nuestras provincias más autóctonas, o de invocar a Eros en una sesión espiritista ultralingüista, uno no queda indiferente, no sin antes ser el eco de un soliloquio enamorado. Al fin y al cabo todo se resume en el diálogo, ahí está la grandeza de esta pequeña obra, en palabras que van y vienen para llevarte y traerte.


Todo se resume en diálogo pero un libro no se lee por un resumen. El pequeño espacio de La Nao8 Sala te introduce en un clima acogedor (y fresco, con ventilador incluido), entre aquellos ladrillos uno no sabe si se encuentra en "El club de la comedia" o en unas ruinas vaticanas, de esas que esconden los cardenales para que no les echen de la Capilla Sixtina. Además hace un magnífico uso de la luz, Mattarucco no deja un instante de moverse hacia un lado y otro, y siempre se ve iluminado con sutilidad y relevancia, ya que la luz ("el color") acompaña en todo momento y acoge a los versos perdidos que se han ido cayendo. Quede claro que no estamos frente a un monólogo convencional de los que se han puesto de moda para ahorrar en la envoltura teatral, ni mucho menos antes un recital de poesía convencional, o al menos recitado con más gracia que Pablo Neruda. Existen una serie de libros donde uno escoge el futuro de la historia, toma las decisiones del protagonista y nadie termina la historia de la misma forma. "Ni hombres ni hembras, hambres" tiene una resolución parecida, es cierto que Mattarucco tiene su propia técnica para llevarnos a los Grandes Temas, sin embargo los caminos hacia ellos son siempre diferentes, para lo que uno se debe asegurar de ir bien acompañado. Y recuerden que cuando crean que saca su papeleta de la pecera no hay nada que temer, pues desde el primer momento ya están todos en su pecera, la de él, y disculpen que les trate de usted pero es que les conozco. En la calle de La Nao, 8, les espera este espectáculo al que es mejor que no le saquen la rima y se dejen disfrutar. (Pueden comprar las entradas por anticipado aquí, no duden en hacerlo).

sábado, 3 de septiembre de 2016

Si la cosa funciona, se prorroga

No tuve la suerte de poder disfrutar "Si la cosa funciona" en sus primeras temporadas, primero en el Teatro Alcázar y ahora en el Teatro Maravillas, donde ha sido prorrogada en septiembre. El texto original de Woody Allen se llevó a la pantalla en 2009, con la naturalidad que aporta la Nueva York natal en el director, es por ello que la city cobra un sentido tan relevante. Alberto Castrillo-Ferrer, declarado admirador de Allen, es consciente de la importancia de la ciudad de los rascacielos, por ello nos sitúa desde el primer momento con la genial "Sing, Sing, Sing" que escribió Louis Prima para Benny Goodman en 1935, para convertirse en uno de los grandes éxitos del jazz que merodea por nuestro imaginario habitual. Adaptar una película que se ha concebido y ha nacido para ello, puede resultar realmente laborioso, sin embargo el libreto de Allen es tan brillante, dialogado y estético, que Luis Colomina no ha tenido más que suprimir algunas escenas y reducirlas a un comentario que nos pone en situación. El personaje de Boris Yellnikoff es sin duda uno de los más jugosos de la filmografía de Woody, es ácido, pesimista, hipocondríaco y lo suficientemente educado como para saber como ser maleducado, y por encima de todo se trata un agudo retrato que el cineasta hace de sí mismo aportándole las pizcas de negrura adecuada. "Si la cosa funciona" es quizás una de las comedias de Woody que más buscan la risa junto con "Granujas de medio pelo" (Woody Allen, 2000), donde recurre a su exitoso humor físico, se trata de un díptico cómico para hacer reír al espectador. La adaptación teatral de la primera resulta una inteligente y mordaz adaptación sobre escenario único que busca las carcajadas en cada diálogo.


La mayor parte de esta versión levantada para las tablas recopila las ingeniosas frases que Woody Allen dejó para la posteridad en el film, con un cuidadoso trato a los chistes más favorables a las distancias cortas, aprovechando que esta vez, Boris, dispone de un público entregado a su disposición, no tiene porque hablar a una cámara como si fuese una sala de cine completa. Mientras yo jugaba a recordar los ingenios de Allen, disfrutaba con los espectadores, completamente entregados a una obra efectista, con una composición realmente divertida. Yo mismo me sorprendí con algunas de las astutas incorporaciones, como el encuentro entre personaje y autor (con la fantástica colaboración de Joan Pera, doblador habitual de Woody) al más puro estilo Unamuno y su suicida Augusto de "Niebla". Las interpretaciones están realmente a la altura, resulta muy complicado lograr la homogeneidad de un casting de Allen, él mismo acostumbraba a cambiar sus actores durante el rodaje, por ello en la versión dirigida por Castrillo-Ferrer vemos a un José Luis Gil espléndido como un Boris más directo, más familiarizado con la gesticulación teatral y haciendo gala de su magnífico dominio de la voz, como actor de doblaje que es el propio Gil. Aunque la gran innovación es la de una arrolladora Rocío Calvo, en el papel de una Marieta estridente, incisiva, desbordante y genial, una interpretación muy lejana a la de Patricia Clarkson, que nos lleva al punto del mejor sainete español, para algo producimos aquí la adaptación. Completan el reparto Ana Ruiz, como una Melody que guarda más carcajadas que la original (desprendiéndose de cierto cariño intimista), Ricardo Joven que resulta uno de los papeles más fieles al origina, y Beatriz Santana como las mujeres de Boris, con sus magníficas miradas a patio. La obra es pues un apetecible divertimento a la altura del film, una pieza que trata con brillantez un texto delicioso basado en la sencillez de su realización. Hasta el 18 de Septiembre pueden disfrutarla en el Teatro Maravillas (C/Manuela de Malasaña, 6) con un 20% de descuento si se compran los pases con venta anticipada.

lunes, 16 de mayo de 2016

"El jurado", un gobierno sin piedad

El pasado domingo terminaron las representaciones de "El Jurado" en la capital, el lugar de la representación no podía ser más propicio, pues si Berlanga decidió condenar al estamento político a la Modelo de Valencia en "Todos a la cárcel" (1993), Andrés Lima, director de esta adaptación teatral, decidió mandarles directamente al Matadero, con mención a la propuesta berlanguiana incluida. Basada en "12 hombres sin piedad" (Sidney Lumet, 1957), lo cierto es que de ella sólo queda la superficie argumental, en una obra que indaga en la concepción actual del ser humano y su sociedad, a través de una política amoral que todos asumimos y que queda al descubierto ante nuestros intereses. Los personajes se reducen a nueve miembros de un jurado inexistente en nuestro sistema judicial, pero que cobra sentido cuando la propia situación funciona para juzgar la culpabilidad de los propios ciudadanos, pues al fin y al cabo, ¿tenemos poder para condenar actualmente a un político? Pepón Nieto responde con toda claridad a la pregunta, abandona todo matiz cómico que pueda acompañarle de sus precedentes para convertirse en una mirada social que rompe todos los esquemas y que pretende hacernos reflexionar sobre la realidad de nuestros prejuicios. La dispersión de comedia y drama se ve bien dividida entre los nueve personajes que, pese a todo, no terminan de alcanzar una misma relevancia en la historia, como sucedía en el film original, así pues personajes como el de la china de Granada (Usun Yoon) sólo sirven para ventilar la calurosa sala. Otra gran aportación de el Matadero fue el corte del aire acondicionado, aportando un grado de verosimilitud sensacional a la obra, que entre las potentes interpretaciones y el bochorno lograron superar toda adaptación anterior, incluso cinematográfica.


"El Jurado" tiene también una interesantísima propuesta teatral, una sencilla mesa de oficina y nueve sillas alrededor engrandecen el escenario con magníficos trucos escénicos que acompañan a los actores y os focos en un engrandecimiento sensacional del espacio. El calor, la sed y toda posible distracción del espectador queda disipada por una astuta y elegante puesta en escena, diálogos que se colocan en primer plano mientras la acción se desarrolla a cámara lenta, e incluso el pasar del tiempo entre luces y velocidad que inquietan a un público maravillado por el desarrollo de cada personaje, que a cada momento se deja llevar por la particular vuelta de tuerca que Nieto da al papel de Henry Fonda. Isabel Ordaz es la luz entre papeles y formalidades que no hacen más de enmascarar la realidad, es la fuerza del pueblo que con la habitual capacidad de la actriz logra fundirse entre la emoción y la comedia más naturalista. "El Jurado" de Luis Felipe Blasco Vilches tiene el peligro de no imponer al espectador, cambiando la situación del acusado por asesinato, a un acusado por cohecho que coincide con el reciente caso de El Asturcón de Oviedo, sin embargo la propuesta y el desarrollo de la no culpabilidad nos hacen completos partícipes de la trama. Canco Rodríguez es sin duda el apoyo cómico esencial, un cómplice con el público capaz de airear el caluroso asunto con carcajadas que pretenden dinamizar, como aclara el propio personaje. Completan el reparto Josean Bengoetxea, Cuca Escribano, Luz Valdenebro, Eduardo Velasco, y un Víctor Clavijo en una imponente interpretación que refleja con transparencia la opacidad de nuestro sistema. Después de todo "El Jurado" se convierte en una obra imprescindible y ante todo adecuada como mejor representación de una realidad inevitable que todos aceptamos, y seguimos aceptando después de presenciarla, aunque las representaciones hayan finalizado el 15M. (Próximamente en Sevilla y Málaga, vuelta en otoño).

sábado, 5 de marzo de 2016

"Juicio a los humanos" La comedia tiene la palabra

"Juicio a los humanos" es una obra del reputado antropólogo y periodista José Antonio Jaúregui, en la que parece que llama a testificar a todos los personajes de Esopo, esos animales más dispuesto a la personificación de sus actos que ha reconocer su auténtica naturaleza. Eso sí, esta vez se disponen a testificar contra la raza humana, sentándonos en el banquillo desde el comienzo de la obra, hasta el final, donde nosotros mismos debemos decidir la culpabilidad de las infracciones acusatorias impuestas por la Serpiente-Fiscal. Todo ello sirve como un repaso a todo lo que conforma la esencia del ser humano, la religión, la guerra, el amor y el comportamiento, cada uno de ellos defendidos por los representantes de cada uno de ellos en el Reino Animal. La versión que la compañía teatral de José Piris (director de la obra), Onira teatro presenta, realiza una fácil adaptación, participativa y centrada en el matiz cómico que conlleva toda la obra, aún llevando algunas escenas al extremo del absurdo y del payasismo, se mantiene la compostura por la genial estructura argumental de Jaúregui. Todo ello interpretado por cuatro fantásticas actrices que pelean entre ellas por dividirse los muchos papeles que cada una debe interpretar, pese a los pocos medios se las han ingeniado para montar la obra sobre los recursos básicos del teatro, la sangre de luces o pañuelos rojos, los cambios de vestuario en escena, o incluso la propia interacción entre dos personajes interpretados por el mismo cómico (cómica en este caso). Una divertida fábula que se representa en el Teatro Arlequín, y que como toda comedia, es agradecida para un día cargado, turbio o rojo, como lo veía Holly Golightly. Se recomienda disfrutar con toda la familia, empezando por los más pequeños.

martes, 9 de febrero de 2016

Willkommen "Cabaret", bien hallado

El teatro es capaz de atraparnos, como el arte escénica más pura y veraz que choca con el público. Sin duda es la fuerza más viva y cercana a los espectadores, y mucho más cuando se afronta un musical con el particular vaudeville, recuperándose ese ambiente de variedades, donde todos disfrutamos en cada representación. Así es el "Cabaret" que el director, Jaime Azpilicueta, nos presenta en el Teatro Rialto de Gran Vía sobre el genial libreto de Joe Masteroff, que se alzó con el Premio Tony, y cuya adaptación cinematográfica se hizo con ocho premios de la Academia, el mismo año que compartía nominaciones con "El Padrino" (Francis Ford Coppola, 1972). Bob Fosse, director de "Cabaret" (1972) se hizo con los derechos del mismo y se planteó manejar la historia como nunca antes se había visto, sin embargo el factor teatral llena al espectador, y el mismísimo Fosse quedaría entusiasmado antes los potentes y energéticos números que se ven en el Kit Kat Klub de la gran vía madrileña. Frente a la magnífica historia de la cabaretista, el estadounidense y los inicios de una Alemania nazi, se encuentra este pequeño club donde se vive del libertinaje, y su enigmático maestro de ceremonias logra abstraernos de todo problema. Edu Soto deja de interpretar el papel, para convertirse en el mismísimo Emcee, en una asombrosa vis cómica, capaz de unir el sólido guión con la mejor improvisación, además de la genial conexión que establece con un público que comienza a convertirse en los propios visitantes del Klub. Joel Grey realizó un arrollador y carismático trabajo por el que logró el Oscar al Mejor Actor de Reparto, Soto se permite ciertas licencias sobre el papel que perfeccionan los míticos números musicales como "Willkommen", "Money" o "Two Ladies".


El otro gran descubrimiento del espectáculo es una fascinante Cristina Castaño, poseedora de una potente voz, que junto con Marta Ribera nos ofrece algunos de los momentos con más fuerza e intensidad, a través de sus potentes y líricas voces, una unión más que agradecida en un musical. El número de Castaño cantando el "Mein Herr", que aún en castellano guarda la fuerza que une el lazo emocional entre la situación de Sally Bowles, Alemania, y la marcha del amante estadounidense. Uno no debe más que sentarse a disfrutar en este pequeño teatro, donde, si uno está dispuesto a gastarse el dineral de la entrada, más vale que lo haga del todo, pues tiene una construcción algo extraña, donde el escenario no es visible desde algunas butacas. Es una obra para sentir, para entregarse a una espléndida coreografía, decenas de escenarios, y un montaje espectacular que une magníficos números musicales, con focos y escenas memorables, sin duda uno de los grandes musicales de todos los tiempos. Ante todo, esta adaptación, ahonda en una comedia popular, una risa fácil y no tan fácil, donde el humor evoluciona en cada uno de sus colores, gracias a las indiscutibles facultades del maestro de ceremonias. Un enorme montaje que se completa de un final realmente estremecedor, potente, visual, y demoledor, donde reside la más pura crítica de la obra, una delicia. Si deciden disfrutar su ocio en cultura, esta sería una gran apuesta, una interesante adaptación con magníficas interpretaciones y grandes números que recuperan la auténtica fuerza del musical.

sábado, 2 de enero de 2016

"Medea" de Mérida

Desde su estreno en Mérida, crítica y público han acogido con templanza (como siempre en teatro) esta libre adaptación de Vicente Molina Foix de los textos de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas, retratando en drama griego desde una poderosa fuerza interpretativa reciente en su protagonista, y un apoyo esencial como es el personaje de Consuelo Trujillo, brillante en su vis cómica y popular que busca en todo momento las risas del público. Es cierto que el teatro en estas fechas se ve siempre interrumpido por cientos de personas que, incapaces de guardar cama, dejan su garganta al dominio público convirtiéndose en un personaje más de esta "Medea". También se debe agradecer a todas aquellas personas que estando en una misma situación aguantan expectorar el gaznate. Molina Foix apuesta también por un coro algo inusual, muy entrometido en la trama, y quizás demasiado explicativo, aunque es cierto que resulta fácil perderse en esta Teogonía griega, repleta de dioses y ninfas asesinas. "Medea" resulta una de las obras más atractivas de este ciclo, así como la "Hécuba" de Eurípides que Concha Velasco nos trajo la temporada pasada, la fuerza de este personaje reside en la gran tragedia de una mujer traicionada autora de una venganza desproporcionada, perdida entre la maternidad y la hechicería que se retrata con majestuosidad en esta versión, aún sin terminar de comprender las fantasmagóricas voces en off de los protagonistas. Sin embargo resulta fascinante la proposición de que la mayoría de los actores estén constantemente en el escenario, en las sombras, causantes de una omnipresencia peculiar, presente en la evolución del personaje de Medea.


Una colina y una enorme puerta nos sirve para transportarnos a la Antigua Grecia, presentados por una genial Consuelo Trujillo y una sensacional Ana Belén que crece como Medea según se va alimentando la tragedia. Su maternidad obligada por unas costumbres rudimentarias hace que su relación con Jasón pierda el carácter amoroso que le llevó a contraer matrimonio tras las aventuras de los argonautas y el vellocino de oro, Ana Belén maneja magistralmente la Medea enamorada y la Medea hechicera y vengativa. Dos aspectos que se ven también muy matizados en el texto, y que la solemnidad de Ana Belén es capaz de plasmar sin palabras, como la verdadera esencia teatral. Adolfo Fernández, Jasón en la adaptación teatral, resulta por el contrario algo desentonado e incluso cómico, un matiz que no parece buscado pero que está más que destacado en la interpretación, y es que puede que tenga relacionada esta época con "¿Y Antígona?" de Joan Casas o "A Electra le sienta bien el luto" de Eugene O'Neil, dos obras en las que a participado en las versiones dirigidas por Paco Obregón y Mario Gas. José Carlos Plaza, encargado de la "Hécuba" de Concha Velasco y de la anterior versión de "Electra", se pone al frente de otra imponente mujer griega y logra captar la fuerza a la que nos tiene acostumbrados, aprovecha al máximo la puesta en escena, y nos ofrece una obra donde se deberían matizar los brotes cómicos que rezuman algunas interpretaciones. Entradas Agotadas, Ana Belén Magnífica, y una Dramaturgia Actualizada y después de todo, divertida.