viernes, 13 de noviembre de 2015

Un lustro berlanguiano

Hoy hacen ya cinco años que perdimos a Luis García Berlanga, a lo largo de los cuales su figura se ha ido extendiendo como una imagen casi divina de la dirección de cine en España, ha sido recordado en todos los círculos sobre el tema, ha vuelto a citarse como gran referente de "Mi gran noche" (Álex de la Iglesia, 2015) por su coralidad, auténtica explosión del lado artístico del cine que Luis dominó con maestría por sus deslumbrantes planos-secuencia. Cuán lejanos se nos hacen cinco años, un lustro, la proyección en televisión de films como "¡Bienvenido Mr. Marshall!" (Luis García Berlanga, 1953), "La escopeta nacional" (Berlanga, 1978) o "Esa pareja feliz" (Berlanga y Bardem, 1951) han mantenido esa esencia berlanguiana, que es en realidad la de la España más pura, desde los políticos corruptos a todos aquellos hombres que andan detrás del pago de las letras de motocarros, somos berlanguianos. Mientras los "Ocho apellidos vascos" (Emilio Martínez Lázaro, 2014) se alzan como la película más vista en televisión en más de veinte años, toda una hazaña pues hace dos décadas apenas existían opciones para elegir, y parecía que no quedaba nadie por verla... Hace dos lustros el propio Berlanga fue homenajeado en el Festival de Cine Internacional de Ourense junto a Concha Velasco y Álex de la Iglesia (acompaña la imagen inferior). Los frescos costumbristas recogen con maestría sus épocas, las películas de Luis así lo hacían, su mirada fue tan profunda que la mayoría de su obra continúa hoy perfectamente vigente. Como creador de sus propias situaciones han sido las mismas que le han precedido, incluso tras su fallecimiento nos ha regalado pequeñas escenas berlanguianas como esa revelación por despiste del contenido de su famosa caja del Instituto Cervantes, cuya apertura no está prevista hasta el año 2021. Precisamente sobre estas situaciones que verdaderamente rodeaban la figura del gran director, escribió un magnífico artículo Jorge, que hoy reproducimos como uno de los mejores recuerdos para la sátira nacional.


"Esquelas" por Jorge Berlanga

El otro día me llevé un chasco al enterarme de que tras la muerte de mi padre mi familia se había quedado poco menos que a dos velas, entre otras cosas gracias al rejonazo de las esquelas publicadas en prensa. Aparecidas en diversos medios, una vez pasado el jaleo comenzaron a llegar facturas oscilando entre nueve y diez mil euros capaces de desriñonar al más pintado. A uno puede parecerle extraño que en plena era cibernética, de globalización mediática y apogeo de las redes sociales, todavía exista algo tan carpetovetónico como la esquela, con su ribete en negro, sus loas al difunto y su precio de oro. Parecen refugio de viudas de militares condecorados o caballeros con muchos méritos y títulos, a los que llora la parentela y el servicio, al que le gustan mucho estas cosas. Todavía recuerdo al gran Luis Escobar leyéndolas en “La escopeta nacional” y diciendo “Todos conocidos…¡Caen como moscas!”.



Quiero decir que todo el universo del negocio de la muerte es muy berlanguiano, y que su amor por el humor negro junto a Azcona le hizo reírse de las fúnebres costumbres españolas en casi todas sus películas, incluida la última “Paris-Tombuctú”, donde hacía un guiño a Funerferia y sus novedades futuristas en ofertas mortuorias. Cercana a la admiración que le producía “Los seres queridos” de Evelyn Waugh, se permitía bromear sobre el aprovechamiento industrial de los cadáveres, como de toda la esperpéntica parafernalia que rodea las exequias alrededor del finado. La última carcajada amarga podría provocarla el chiste final del palo de las esquelas. Que acabarán desapareciendo con el ritmo de los tiempos en su naturaleza obsoleta, pero que tal vez sirvan aún con sus ingresos para que no despidan periodistas reduciendo plantillas, mientras la sociedad fenece poco a poco y todos pareciera que la espichamos a diario. En el fondo todo nuestro esqueleto es una esquela latente, como diría Ramón, donde sólo los acreedores no te olvidan.


jueves, 12 de noviembre de 2015

FICIV, un festival en Valencia

El pasado mes de octubre se inauguró en Valencia el I Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia (FICIV), un gran proyecto que apuesta por la educación cinematográfica de los más pequeños, al fin y al cabo son los principales causantes del movimiento de masas en el cine, siendo "Frozen" (Chris Buck y Jennifer Lee, 2013) una de las películas más vistas en el ranking mundial histórico, además de contar este año con las cotizadas "Inside Out" (Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015) y "Los Minions"(Pierre Coffin y Kyle Balda, 2015), que nos recuerdan el enorme trabajo de guión que elaboran en ellas para ser capaces de entretener a los niños mientras, tal vez, sus padres queden asombrados bajo divertidos gags y guiños hacia el espectador adulto, aunque es cuestión de tiempo que en breve se intercambien los roles entre padres e hijos. "Atrapa la bandera" (Enrique Gato, 2015) ha sido el perfecto ejemplo nacional, aunque sin la magnífica elaboración de Hollywood, han levantado un film interesante que en breve se convirtió en uno de los taquillazos del año en nuestro país. El FICIV apuesta por ese cine en el que se pretende desarrollar su máxima función de entretenimiento en adultos y niños, creando una magnífica relación sensorial como sólo se logra en las salas de cine. Además de la proyección de algunos de estos ejemplos de "cine infantil" donde predomina la animación, como es el caso de "Home" (Tim Johnson, 2015), "Astérix: La Residencia de los Dioses" (Louis Clichy y Alexandre Astier, 2014) o "Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo" (Javier Fesser, 2014) algunos de los films más solicitados en el Festival pertenecientes al género de la animación, así como la fantástica "La LEGO película" (Philip Lord, Chris Miller y Chris McKay, 2014) uno de los mejores ejemplos de esa educación cinematográfica infantil, por el trato de film que le otorga al proyecto.


La proyecciones de estos films clave en los últimos años, vino acompañada de algunos talleres y encuentros como el que tuvo lugar en Ateneo de Valencia, una magnífica propuesta que Marcos Campos, como director del FICIV, junto con Rafael Maluenda, encargado del Cinema Jove de Valencia, dedicado también a la juventud en el ámbito cinematográfico, ambos programaron esta actividad, "Magia en Movimiento" donde se pretendía abrir un camino hacia directores como Lev Kuleshov o Alfred Hitchcock, indispensables para conocer el cine soviético y por supuesto el suspense cinematográfico. Si hay algo que pueda enclaustrar a los más pequeños son las pinturas, el dibujo, frente a una hoja en blanco son capaces de desarrollar cientos de historias, quizás algunas con más originalidad y desenvoltura que algunos de los últimos estrenos, con la participación de Cuadernos Rubio el FICIV dio también la oportunidad de participar en un concurso de carteles, donde el ganador se distribuyó como el cartel oficial del Festival. Entre más de quince patrocinadores debemos destacar al Ayuntamiento de Valencia que nos da un pequeño aliento de esperanza, al colaborar en este pequeño Festival con ánimas de crecer, del que ya esperamos su segunda edición.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Irene Escolar, más allá de Berlín

Cuando en el pasado Festival Internacional de Cine de Valencia (Cinema Jove), Irene Escolar recibió el Premio un Futuro de Cine aseguró que este 2015 estaba siendo el año más importante de su vida a nivel profesional, y es que después de demostrarnos sus increíbles dotes interpretativas como Juana la Loca en "Isabel" (Javier y Pablo Olivares, 2011-2014) y de sorprenderme de que habían pasado ya dos años desde que la disfrutamos en "El cojo de Inishmaan" (Gerardo Vera, 2013-2014), estaba inmersa en los rodajes de "Guernika" (Koldo Serra, 2016) y "Altamira" (Hugh Hudson, 2015) ésta última de Morena Films ya tiene fecha de estreno para el 13 de noviembre de 2015, cuando Irene Escolar recogía su "luna" ya estaba terminado su trabajo en "Un otoño sin Berlín" (Lara Izagirre, 2015), que nos trae hoy aquí tras su estreno en la Gala del Cine Vasco (Zinemaldia) durante el Festival de San Sebastián, donde tuvo una amable acogida tras una presentación en la que su directora reivindicó la posición de la mujer en el cine y el apoyo a los jóvenes cineastas a levantar sus proyectos, finalmente las palabras de Irene cerraron la presentación entre la dulzura y emoción que la caracterizan, y que posee el papel de June, protagonista del film vasco, donde también nos resulta interesante recuperar a Tamar Novas once años después de "Mar Adentro" (Alejandro Amenábar, 2004), donde interpretaba al sobrino de Ramón Sampedro, su lazo más fuerte con la vida que finalmente se quitó, y es también un fuerte lazo el que mantiene vivo al personaje de Novas en "Un otoño sin Berlín".




Lara Izagirre escribe y dirige la película, siempre se asegura que cuando sucede esta implicación tan profunda de un autor y su trabajo existen resquicios autobiográficos, desde luego "Un otoño sin Berlín" es un proyecto muy personal, y sale adelante frente a los pocos medios a los que se enfrentaba, un bonito retrato de la situación cinematográfica actual, ciertamente esperanzador en uno de los años donde se ha filmado más cine español en las últimas décadas, incluso con la implicación de importantes productoras internacionales que han permitido, entre otros, los dos proyectos que citábamos antes de Irene Escolar. El film está dedicado por completo al personaje de Irene, es ella en estado puro, la actriz madrileña lo lleva a su terreno y convierte a June en una persona cotidiana, tan cercana a nuestra realidad rutinaria que nos arranca más de una sonrisa cuando nos vemos reflejados en ella (Ramón Barea también encarna alguna de esas simpáticas situaciones). A quién sí vemos por momentos en sus interpretaciones es a su abuela, Irene Gutiérrez Caba, resulta escalofriante ver la fuerza interpretativa que comparten abuela y nieta. En definitiva "Un otoño sin Berlín" es una cinta amable, que sucede, y nos hace un pequeño recorrido entre la vida de sus personajes que resulta atractiva para cumplir con la función del entretenimiento, incluso poseyendo algún momento Haneke (o la búsqueda del detalle en los movimientos). Sin duda el personaje del niño es muy agradecido y el joven actor lo maneja con audacia, y Paula Soldevila nos muestra las luces y las sombras del personaje de Tamar Novas, todo ello envuelto bajo la crisis situation actual que funcional como móvil de todo el film. Estreno: 13 de noviembre.

lunes, 9 de noviembre de 2015

La regressión de Amenábar

En el género del suspense, Alejandro Amenábar, ha logrado formarse como un sinónimo. Desde su ópera prima, "Tésis" (Amenábar, 1996), ha mantenido un ritmo constante difícil de descifrar que une la base primordial del cine –entretenimiento– con una elegante estética que rompe con los viejos clichés impuestos por un mal cine de terror, e incluso hace una ligera crítica mordaz reinventándolos mostrando así su limpieza y ridículo frente a un cine de autor. Incluso en "Mar adentro" (Amenábar, 2004) es capaz de mantener cierta inquietud en el espectador, que por equiparación a la vida sabe desde el primer momento el final, ya que de momento sólo Quentin Tarantino es capaz de asesinar a Hitler durante un estreno de cine. En referencia a este director americano, Amenábar también toma un largo periodo de tiempo para meditar sus films, lo que nos despierta una gran ansia de ver su próxima película cuando se nos presenta en la cartelera, y aunque Tarantino nunca falle nuestra comparativa nos ha hecho dudar en los últimos años. Ninguna de las cintas de Alejandro Amenábar es mala como tal, pero en ocasiones sabe encontrarse mejor con el público y de regalarle alguna de sus fantásticas y terroríficas ideas inimaginables. Con "Regression" (2015) el cineasta regresa a sus orígenes, al gran potencial cinematográfico que animó a José Luis Cuerda a producir films como "Abre los ojos" (Amenábar, 1997). Con "Los otros" (2001) supo darse a conocer a nivel internacional con una de sus ideas menos originales, aunque logró un filtro elegante y brillante para el nuevo cine de terror, lo que le valió para calentar el motor que le daría el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa por su siguiente trabajo.


"Regression" no es una cinta de terror, es la máxima expresión del suspense quizás más cercano al Polanski de "La semilla del diablo" (1968) que a cualquier obra maestra de Alfred Hitchcock, su objetivo no es descubrir al asesino, sino mantener al espectador en una tensión constante que perdura durante los minutos posteriores al final de la película. Sin embargo frente a la europeización que ha mantenido Polanski durante toda su carrera o incluso Hitchcock con su imperturbable humor inglés, y lejos del cine de autor de Tarantino, Amenábar se deja consumir demasiado por esa estética americana a la que se resistió en sus primeros trabajos, es entonces donde se ve esa destinación comercial a una de sus mejores ideas por la capacidad de jugar con la verdad, la mentira y el trastorno con un tema tan emblemático como a primera vista resulta el de los ritos satánicos. Se mantienen las magníficas obsesiones cinéfilas de un director cuya base en la mejor técnica saca lo mejor de los intérpretes que escenifican su complicada mente sobre los hilos que sostienen sus guiones, entre los que se encuentra la religión, un fuerte fundamento cristiano impuesto desde la infancia que en "Regression" juega un papel clave que hace reconsiderar las bases morales del espectador. Sin duda el punto fuerte de su último trabajo es la vuelta a su juego con la mente del espectador, que en todo momento queda enclaustrado en el oscuro ambiente del film siguiendo los terribles sucesos que se acontecen y que desembocan en un delicioso y liberador final, no irremediable como sucede en ese "final made in Hollywood" que ironizó Woody Allen, pero sí alejado del tópico de género.


Al director de casting, Jason Knight, le precede una serie de películas comerciales para la que ha encontrado siempre al actor sencillo que encaja con la comedia romántica –"Lejos de ella" (Sarah Polley, 2006)– o la última súperproducción –"Pixels" (Chris Columbus, 2015)– sin embargo ello le ha ayudado a contar con actores terriblemente comerciales que se encuentran en un desbordante crecimiento interpretativo que ofrecen una magníficas interpretaciones en el film de Amenábar, comenzando por un delirantemente genial Ethan Hawke que nos descubre a una extraña y tímida Emma Watson que llega a tocar el cielo con la evolución de su personaje. Entre el reparto también encontramos a David Thewlis, Aaron Ashmore o una Dale Dickey siempre desbordante en personajes arraigados a la locura o con resquicios de aún tipo de trastorno obsesivo compulsivo. Con todo ello el film no se ha tratado de un enorme éxito, con críticas redimidas en Estados Unidos y una ambigua acogida en España, se convirtió en el film más visto en su primer fin de semana, aunque la taquilla bajó descabelladamente para el siguiente, aún así ha vuelto a relucir la rentabilidad de Alejandro Amenábar, pues pese a todo el dinero invertido ya ha sido amortizado, a partir de ese punto, por muy pequeño que sea, todo es beneficio. Nos quedamos con un gran film, que queda como un paso adelante hacia el próximo proyecto de Amenábar, del que sólo esperamos se mantenga en el ambiente de "Tesis", "Abre los ojos" o la misma "Regression".

sábado, 7 de noviembre de 2015

Las amistades de Truman

El estreno de "Truman" (Cesc Gay, 2015) ha llegado acompañado de una fuerte oleada de críticas favorables, además de coincidir con la siempre exitosa Fiesta del Cine, por lo que se ha convertido en una de la películas más solicitadas en las salas españolas. Con la habitual planicie que acompaña a Cesc Gay desde "Krámpack" (2000) se nos abre otra de las características más reconocibles del director catalán la profundización en los personajes, ya con "En la ciudad" (2003) sorprendió por el increíble análisis que sometió a cada una de sus creaciones, perfectamente estudiados, finalmente con "Una pistola en cada mano" (2012) culminó sus experimentos cinematográficos que buscaban ese fiel retrato de una sociedad a través de una seria y controlada coralidad, añadiendo la clave esencial para que funcionase su particular visión (la comedia) que recoge el fruto del neorrealismo de "Ladrón de bicicletas" (Vittorio de Sica, 1948) o "Surcos" (José Antonio Nieves Conde, 1951), impregnado de una inevitable verosimilitud con nuestra realidad que nos hace plenos partícipes de sus films. "Truman" es sin duda toda una lección cinematográfica, con multitud de exteriores y escenarios reales (hasta Ámsterdan viajan unos inmejorables protagonistas), se ha convertido en la perfecta evolución de un director capaz de analizar con plena calidad narrativa, funcional gracias a los tintes de humor negro, que a través de dos amigos y una enfermedad, mide racional y detenidamente los encuentros con secundarios de lujo que examinan con maestría la situación.


Como digo existe cierta planicie e indiferencia sobre unos códigos que ya han sido más que explotados y utilizados sobre este tipo de películas que suelen decaer hacia la más profunda sensiblería por la fuerte fuerza emocional que consiguen establecer con el espectador, "ma ma" (Julio Médem, 2015) es el último ejemplo de ello. Sin embargo "Truman" logra huir de todo ello, se convierte en un canto de libertad de final irremediable, donde debemos asumirlo desde un primer momento y disfrutar de una serie de escenas legendarias, vivos retratos de la sociedad, que un Ricardo Darín en estado de gracia, y Javier Cámara acompañado de su gracejo unipersonal, saben llevar aún más lejos de lo que aparentemente pueda resultar. A partir de ellos son rostros familiares los que permiten continuar avanzando un argumento, desde un Pedro Casablanc como un médico de profesión hasta un magnífico José Luis Gómez perfecto heredero de Pascual Duarte y Polidori, como director de la compañía teatral en la que trabaja el personaje de Darín. Resulta difícil no sucumbir ante la visita a la funeraria con un genial, y también profesional, Javier Gutiérrez como guía personal por una gran escena perfectamente filmada, capaz de cuidar una lenta evolución de la comedia más negra a la intensidad de un drama profundo. Por lo general es una gran película, Ricardo Darín y Javier Cámara tienen una merecida Concha de Plata al Mejor Actor ex aequo, y Truman resulta un perfecto mediador entre la complicada líenea divisoria entre la comedia y el drama, sin embargo peca de originalidad a la hora de llevar la historia, pues desde luego el guión tiene una intensa y rica elaboración personal por parte de Tomás Aragay y el propio Cesc Gay.


La espina que le queda a uno clavada, lejos del argumento principal, y la grandes interpretaciones, es la falta de más escenas con esa divertida adaptación de "Las amistades peligrosas", donde por unos segundos podemos disfrutar de un Darín delicioso, de un hombre "capaz de atravesar la gran pantalla, la cuarta pared" y lo que haga falta, como recordaba su compañero de reparto, Javier Cámara, en las redes sociales acompañando una fotografía del rodaje de estas deliciosas, pero breves, escenas junto a Kira Miró. Hace poco menos de un año me encontré con el rodaje de "Truman", donde estaba el propio Darín, se trataba de la escena en la farmacia, junto a Cámara y Elvira Mínguez, todo un regalo interpretativo se sirvió ante mi mirada que pronto se cortó por un asistente de producción. Cesc Gay nos ofrece en "Truman" una enorme reflexión sobre la condición humana, la existencia del hombre y lo efímera de la misma, y logra ir más allá de matizarla con algún tinte de comedia para suavizar un terrible drama, es el propio drama una consecuencia de esa comedia que nos dirige por el Madrid de Malasaña, Chueca o el propio Ámsterdam. No se trata de un film glorioso, espectacular, maravilloso ni siquiera "una película que llora por dentro, pero reconcilia por fuera" como han señalado, se trata de una obra personal colmada de interpretaciones tan admirables que nos invitan a pasar momentos (divertidos, tristes, dramáticos o vergonzosos), pero resultan momentos difíciles de olvidar pues bien podría tratarse de un día en nuestras vidas... Irremediable atracción por lo personal.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Maureen O'Hara, de las de antes

El mes pasado despedíamos a Maureen O'Hara un emblema de Hollywood clásico, una mujer consagrada tras trabajar con John Huston en "¡Qué verde era mi valle!" (1941) donde se formaron varias de las bases del actual drama cinematográfico, de mano de esa familia de mineros galeses a la que pertenecía su personaje. La irlandesa supo no dejarse llevar por ningún acento, en lo que le ayudó sus pinitos en la ópera, siempre cargada de una enorme potencia dramática rompía con los estándares establecidos, incluso con su inusual inicio en el séptimo arte de la mano de Charles Laughton, quién le convenció para trabajar con un Alfred Hitchcock de la etapa inglesa, en un papel que parecía escrito para ella, "Jamaica Inn" (Hitchcock, 1939). Sin embargo los lares de Hollywood le llevaron a rodar "El cisne negro" (Henry King, 1942) convirtiéndola así en la atractiva pelirroja de las cintas de capa y espada, que triunfaron enormemente en la época, y que sin embargo han tenido un mal envejecer, siendo precisamente "El cisne negro" uno de los iconos supervivientes, gracias a O'Hara. Así rodó cintas como "Diez héroes de West Point" (Henry Hathaway, 1942), "Simbad el marino" (Richard Wallace, 1947) o sus míticas "Río Grande" (John Ford, 1950) y "El hombre tranquilo" (John Ford, 1952) junto a John Wayne, conocido amigo de la actriz, quién le introdujo en la industria americana, años después volverían al éxito con "El gran McLintock" (Andrew V. McLaglen, 1963) un claro homenaje al mejor western de John Ford. El western se convirtió en su terreno, era difícil imaginar a una mujer del oeste sin pensar en la irlandesa de fuerte carácter que se apoderó de films como "La pelirroja de Wyoming" (Lee Sholem, 1953).


Existe también una segunda lectura, fantástica, de la carrera de Maureen O'Hara fruto de esos primeros pasos junto al maestro Alfred Hitchcock y Charles Laughton, con quien hizo uno de sus papeles más personales en "Esa tierra es mía" (Jean Renoir, 1943), que siendo un encargo para el director que pronto huiría de Hollywood, se convirtió en un intenso drama que se vio como digno sucesor de la interpretación de O'Hara en "¡Qué verde era mi valle!". En aquella época aún mantuvo una enorme presencia en "De ilusión también se vive" (George Seaton, 1947), un atípico cuento de navidad donde compartía reparto con Edmund Gwenn, nuestro particular científico americano de "Calabuch" (Luis García Berlanga, 1956). En ninguna de las dos lecturas de su carrera se puede olvidar "Nuestro hombre en La Habana" (Carol Reed, 1959) exitosa adaptación de la novela de Graham Greene propenso a visualizar un aire cinematográfico magistral, como se comprobó también con "El tercer hombre" (Carol Reed, 1949) o "Viajes con mi tía" (George Cukor, 1972), en esta ocasión se dio la oportunidad de brillar en un enorme papel a Mareen O'Hara, quien venía de un encasillamiento pleno durante toda la década de 1950. La actriz irlandesa es uno de esos símbolos inolvidables de los de antes, de los que perdurarán por siempre con sus frases maquiavélicamente impuestas sobre personajes estereotipados y su sonrisa al ritmo del cabalgar con el atardecer en el Oeste Americano. Falleció el pasado 24 de octubre a la edad de 95 años, asombrosamente bien conservada, habiendo recibido el Óscar Honorífico recientemente.
Vivan por siempre las dos caras de Mareen O'Hara. 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Propaganda y juego de Álvaro Longoria

La narrativa firme, elegante, llamativa y delicada de Álvaro Longoria ya la asumimos con su primer documental como director –"Hijos de las nubes" (Álvaro Longoria, 2012)– por el que recibió un merecido Goya al Mejor Documental, importante reconocimiento para el que fue uno de los productores y promotor de la idea de "Comandante" (Oliver Stone, 2003) una de las piezas documentales esenciales de los últimos años, donde el prestigioso director estadounidense asombró al mundo con una de las entrevistas más personales a Fidel Castro. "The Propaganda Game" toma una gran iniciativa y se convierte en una auténtica explosión de información a un ciudadano que apenas sabe nada sobre Corea del Norte y que, como demuestra el documental, no todo lo que cree saber resulta cierto. Álvaro Longoria y el equipo de Morena Films logró un permiso para rodar cinco días en Corea, con una serie de requisitos que finalmente no han sido más que una interesante visión de lo quieren mostrar, formando así una de las claves por la que este documental tiene un gran atractivo: la auto-parodia o los entremeses de Kim Jong-un. Su propia visión del material que nos están enseñando, y la admiración hacia su líder que se mueve entre una ferviente devoción y un respeto basado en un medio de un origen muy presente. Longoria rueda con discreción y en un punto medio de indiferencia, donde el espectador no debe más que recibir la información y aceptarla como tal, se trata de una guerra sin bandos donde todos buscan una cómoda estabilidad internacional. El director conoce la mentalidad occidental y sabe utilizarla con aires de comicidad que hacen que el espectador respire, para asumir de golpe una información que pulula sin cesar.


Por las calles donostiarras, en pleno Festival, se paseaba un hombre de rostro simpático y con un divertido disfraz, poco después todos descubrimos que se trataba de Alejandro Cao de Benós, el representante de Corea del Norte en Occidente, una parte sustancial del film, el eje central que vio en este documental una buena salida para Europa como la mejor propaganda de una "buena Corea", que Álvaro Longoria ha utilizado para sacar uno de los documentos más completos e interesantes, de este extraño país del que apenas conocemos más que las barbaridades que se transmiten desde la fuerte fuerza dictatorial. Se trata de un país consumido por un enorme mentira, millones de personas que desde su nacimiento aprenden a rendir tributo al Líder, ellos forman contradicciones que creen con firmeza, y que adquieren un divertido sentido en el montaje de "The Propaganda Game". Se logra abarcar los pequeños resquicios que conocemos y que más nos llaman la atención con interesantes aportaciones, desde la prohibición y toda la distribución de "The Interview" (Evan Goldberg y Seth Rogen, 2014) hasta las distintas polémicas con los cortes de pelo, y aspectos fundamentales de la historia de Corea en la Segunda Guerra Mundial, o el fuerte régimen que se afianzó con Kim Il-sung y posteriormente con su hijo Kim Jong-il, éste último tuvo una importante implicación en la propaganda cinematográfica, que también se puede analizar como un interesante punto en común entre el comunismo coreano y el fascismo alemán, pues bien ha sido reconocida la propaganda cinematográfica del Tercer Reich, así pues "The Flower Girl" (Choe Ik Kyu y Pak Hak, 1972) se enfrentaría en la guerra ideológica a La Trilogía de Núremberg de Leni Riefenstahl.


"The Propaganda Game" cuenta también con una riquísima fotografía, unas imágenes emblemáticas que nos llevan de paseo entre las faraónicas construcciones dedicas al Líder, museos vacíos, y la coincidencia con numerosas fiestas nacionales que nos llevan a ese punto de inverosimilitud que en todo momento transmiten los miembros del gobierno norcoreano, y controlados por ellos el resto del país. El documental despierta con cierto aire bucólico, parte del poco verde que se nos muestra y que no se trata más que de un parque, de ahí se nos presenta a una Corea del Norte armada hasta los dientes, cuyos enormes edificios de estructura-colmena recogen un ambiente industrializado y militar que nos muestran esa "sequedad" con la que miran al resto del mundo. Álvaro Longoria no impone en ningún momento ninguna base, sin embargo cuando nos muestra sus dudas, o sus cuestiones a las que nadie quiere responder nos hace sentir completamente identificados. Al documental "Comandante" le precedió un interesante documento también dirigido por Oliver Stone sobre el conflicto en Oriente Medio, "Persona non grata" (2002), y le precedió un tercero sobre casos puntuales de la toma de leyes por el sistema comunista en la Cuba de "Looking for Fidel" (2004), también implicado en ámbito nacional en 2009, Morena Films, produjo "Últimos testigos" (Manuel Martín Cuenca y José Luis López Linares), convirtiéndose así en uno de los grandes mecenas del documental a nivel internacional.