jueves, 12 de marzo de 2020

Pánico por COVID-19

Yo en Serrano, con mascarilla de Chanel del chino
Me encanta la palabra "pánico". Recuerdo una ocasión, durante un simulacro de incendio, en la que tuve la oportunidad de gritar: ¡Qué no cunda el pánico!, mientras corría escaleras abajo tratando de huir del fuego imaginario. Es una palabra atractiva, Pánico en la escena (Alfred Hitchcock, 1950) o El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960) son dos thrillers excelentes que pueden revisitar bajo cualquier circunstancia, incluyendo esta cuarentena que nos recomiendan desde el gobierno. El coronavirus ha llegado para quedarse y lo que para unos puede suponer una muerte de lo más desagradable, para otros supone unos días de soledad para ponerse al día con sus series favoritas. Yo vivo últimamente un desencanto con el mundo de las series, heredado directamente por mi adicción a Los Soprano y Breaking Bad, que volveré a ver de un momento a otro, probablemente dosificadas con capítulos sueltos de esa obra maestra sobre la mediocridad que es The Office. El caso es que este desencanto me ha hecho que vuelva al cine, lo de siempre vamos, historias que empiezan y terminan en el margen de dos horas, todo un lujo, y ya que estamos confinados a cuatro paredes he decidido recomendar algunas películas sobre virus, pestes y pandemias, como acaba de calificar la OMS a esta situación. Por seguir con el hilo del comienzo pondré en primer lugar Pánico en las calles (Elia Kazan, 1950), un crimen que se debe resolver antes que se produzcan contagios por peste negra, un noir alegórico exquisito bajo la dirección del gran Kazan que entraba en la década que le consagraría con títulos como Un tranvía llamado deseo (1951) o La ley del silencio (1954).


Después de un gran clásico, deberíamos recuperar un film reciente que guarda más que alguna semejanza con las medidas que se están tomando con el coronavirus: Contagio (Steven Soderbergh, 2011). Resulta curioso como el cine influye en la sociedad, a veces de la manera más inesperada, dicen que incluso El Padrino dio pautas de organización a la cosa nostra. Ahora hemos podido vivir como los ciudadanos arrasaban con el papel higiénico de los estantes de los supermercados, tal como predijeron las películas de Hollywood, ¿pero es verdaderamente tan necesario en caso de extrema urgencia? Contagio es una de esas películas que ayuda a los gobiernos en caso de pandemia, creo recordar que incluso el paciente cero se contagiaba por mezclar cerdo con algún tipo de excremento de murciélago, una coincidencia de lo más curiosa que ha levantado hipótesis brillantes sobre cómo Greta Thunberg ha conspirado con el COVID-19 para limpiar el planeta, de momento ya ha dado resultados sobre el cielo de China. Gwyneth Paltrow es esa "paciente cero" en Contagio, y fue una de las primeras celebrities que compartió una fotografía en Instagram con una mascarilla llamando al pánico y la histeria colectiva, yo me limité a desearle que tuviese más suerte que en la película (no es spoiler, se ve que va a morir antes o después). La película de Soderbergh no se queda ahí, hace un estudio minucioso sobre la sociedad, un predicción excelente de los estragos que una catástrofe de este calibre tiene sobre la masa, que de pronto abandona al individuo, y de cómo algunos saben aprovecharse con picardía de la situación (siempre acertado, Jude Law). No quiero entrar demasiado en las películas de zombies, porque de momento no parece el caso, pero lo cierto es que muchas de ellas comparten medidas higiénicas más que aprovechables en plena cuarentena, además de consejos de cómo sobrevivir cuando tengamos que salir a por víveres, ahora que los supermercados han suspendido el servicio a domicilio. Para este caso están: 28 días después (Danny Boyle, 2002), aunque en esta el supermercado estaba bastante mejor abastecido que los de Madrid; Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013), tiene algo que me encanta, probablemente sea cómo los americanos resuelven las alarmas de emergencia y sus métodos nada racistas para desalojar a los ciudadanos, por cierto, dicen que van a cerrar Madrid; y Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009) a la que tengo un cariño especial, me encanta su sentido del humor, aunque podría ser más negro, merece la pena por la escena con Bill Murray, sobreviviendo a la epidemia haciéndose pasar por uno de ellos.

Fotograma de Bienvenidos a Zombieland

Para terminar, el pasado fin de semana disfruté de la 17ª Muestra SyFy, como siempre presentada por Leticia Dolera, que ya se conoce al público y debe ser de las pocas que no se asusta. Uno de los "cánticos" que se popularizó este año fue el de "coronavirus", cada vez que aparecía en pantalla alguna acción poco higiénica siguiendo las estrictas recomendaciones del Ministerio de Sanidad. Al ser una muestra de cine fantástico, donde abundan las cintas de terror y ciencia-ficción, se pueden imaginar que el cántico pronto se hizo viral. El caso es que una de las películas de la muestra, Rabid (Jen y Sylvia Soska, 2019), parte también del concepto de contagios, conexiones humanas y de cómo en menos que canta un gallo todos estamos infectados, luego la chica empieza a convertirse en un monstruo asesino y la cosa se va de madre. Rabid es un remake de Rabia (David Cronenberg, 1977), que probablemente sea mejor, pero que no puedo recomendar porque no la he visto. Lo cierto es que pueden ver la película que quieran, yo acabo de volver a ver casi todo Hitchcock e Irrational Man (Woody Allen, 2015), así que no sé por qué iban a querer ver películas de pandemias en pleno coronavirus, pero puede tener su gracia. Se me olvidaba. Hay una película, Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971), que no tiene la epidemia como tema central. Sin embargo, el cólera se va haciendo con el personaje de Dirk Bogarde, que acaba por convertirse en un hombre enfermo de deseo, sudoroso, dominado por la belleza de un chico y de la ciudad de los canales. Visconti es sin duda el director que ha creado las imágenes más bellas del séptimo arte, de Senso (1954) a Confidencias (1974), sin olvidar El gatopardo (1963). No puede faltar una representación patria en el asunto, y probablemente no haya nadie más indicado que Álex de la Iglesia, que en El Bar (2017) exploró hasta dónde puede llegar el ser humano para salvar su vida de la pandemia, entonces teníamos más reciente el ébola, pero como comprobarán es aplicable a cualquier pánico colectivo. Entreténganse, disfruten de la ficción y que los telediarios sensacionalistas y las últimas horas de Ana Rosa no les coman la cabeza. ¡Feliz cuarentena!

Bogarde en mood coronavirus

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