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viernes, 13 de noviembre de 2020

Diez años sin Berlanga

Diez años en los que ha pasado de todo, aunque nada nuevo. Si recortásemos distintos fragmentos de las películas en las que tan bien retrató nuestra sociedad Berlanga, podríamos componer fácilmente un fresco de lo que han supuesto estos últimos años. Podríamos ayudarnos de algún contemporáneo suyo como Mariano Ozores y su ¡Qué vienen los socialistas! (1982), que al fin y al cabo contaba con su querido Marqués de las Marismas del Guadalquivir, Don Luis Escobar. ¿Qué habrían elaborado Berlanga y Azcona a raíz de esta pandemia mundial? Probablemente nada, su mirada era más incisiva, más "individualista", la sociedad era el obstáculo, aunque tampoco cuesta imaginarnos al eficiente empresario Canivell tratando de implantar sus "nuevas mascarillas automáticas" a nivel nacional. No era sobre un virus, pero su argumento Conejo de indias (que incluso tradujeron al inglés como Guinea Pig en busca de presupuesto) recupera a un protagonista llamado Plácido y lo enfrenta –tras estar años encerrado– a una nueva sociedad que ha sufrido una especie de cataclismo nuclear. Una de las ideas más bizarras de Berlanga, que sin duda cada vez está más cerca de una posible realidad. Con clara influencia azconiana, lo divertido de aquel relato es que toda esa modernidad futurista se torna en contra del pobre Plácido, incapaz de buscarse la vida como los vagabundos de toda la vida. Como dijo una vez el gran Chumy Chúmez, "todo está prohibido, salvo lo que es obligatorio" y entonces todavía se podía fumar en los hospitales. Cada minuto que vivimos sin Berlanga es una mala noticia, una pérdida de tiempo. El único miedo que tengo al recordarle es que lo descubra algún agente de lo políticamente correcto y censure a un pobre marqués al que le gusta coleccionar sus conquistas en frascos de cristal. El despliegue de las televisiones (públicas y privadas) para con el gran cineasta ha sido impresionante, esta noche se emiten La escopeta nacional y El Verdugo en La 2 de TVE y otras tantas en TCM, que además le ha dedicado cada sábado de noviembre a su figura. Si lo saben las televisiones, ¿por qué no se enteran los televidentes? Se cierra un año pandémico donde cabe, más que nunca, revisitar las grandes obras de Berlanga para conocernos mejor a nosotros mismos. Esperamos ansiosos el 2021 del que, siendo calificado por la Academia de Cine como "año berlanguiano", podemos esperar cualquier cosa. 

martes, 13 de noviembre de 2018

España es Berlanga

Y Berlanga es España. Se cumplen ocho años del fallecimiento del gran genio valenciano y hoy, su apellido, es más citado que el de Rajoy entre los contertulios de la televisión. Para muchos Berlanga es inolvidable, el hombre, el erotómano, el pensador, pero lo que está claro es que lo berlanguiano es eterno. Su forma de definir nuestro país, nuestra gente, nuestras maneras, nuestros gritos y nuestras tradiciones le han convertido en un símbolo con forma de falla. Berlanga es el Quevedo del siglo XX, supo reflejar la picaresca española como nadie, imprimía en cada personaje una andanza de un nuevo Lazarillo, que dejaba anticuado a Don Anónimo, su autor. Los grandes intelectuales de nuestra época recurren a él y su cine para hacerse los chistosos en sus artículos y tertulias. Incluso impuesto como «negro», Berlanga, sigue siendo actual, divertido y brillante. La actualidad le trae a la palestra en cada noticiario, y su legado forma parte de la conciencia intelectual y artística de un país, del nuestro. El Berlanga creador nunca se olvidará, confío en que siempre habrá un pequeño ratón de biblioteca que sepa rescatarle del olvido. De momento me encuentro con una memoria colectiva muy reciente y adelantada, tanto del Berlanga "director" como del Luis "hombre". Rafael Maluenda prepara un documental, bajo el título de "B!" que promete ser el mayor documento sobre el autor de films como "Plácido" o "El Verdugo". El proyecto cuenta con el apoyo de grandes personalidades del cine, desde Concha Velasco a Alexander Payne, un contraste interesantemente berlanguiano. Por otro lado, el Ámbito Cultural de "El Corte Inglés" prepara un Homenaje por el 40º Aniversario de "La escopeta nacional", el próximo 20 de Noviembre, fecha particularmente apropiada para el evento. A partir de las 19:30h se rendirá culto al gran Berlanga en el Corte Inglés de Callao, demostrando que sigue vivo, que su legado va más allá de sus películas, que Berlanga es España y cultura popular.

El próximo 20N en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Un domingo en Somosaguas

El título de este artículo bien podría ser el de un capítulo de una novela de Wodehouse ambientada en la España de los años treinta. Ese en el que llega la sobrina menesterosa de la acaudalada baronesa para urdir un ingenioso plan, junto al vivalavirgen de su tío, con el fin de sumarse a la selecta lista de chupópteros que se alojan en la mansión. Claro que también sería el título idóneo para un biopic sobre los marqueses de Urquijo, con el turbio y triste final que se desencadenó en su finca, dentro de la citada zona residencial. Allá donde se unen las historias más humanamente míseras y el humor más descabelladamente afilado nace el concepto "berlanguiano", en el sentido más naíf de la palabra pues los personajes deben sufrir sus estrecheces a raíz de algún conflicto burocrático y la negrura de sus escenas resolverse con una mascletá o cualquiera de estos elementos rudimentarios del ambiente fallero. No obstante, tampoco es el momento de ponerse exquisitos. A estas alturas ya habrán descifrado ustedes que el título poco tiene que ver con el humor inglés o los difuntos marqueses de Urquijo, y que se trata, por lo tanto, del merecido homenaje que en este blog rendimos al gran Luis García Berlanga en el séptimo aniversario de su muerte. Mueren cientos de personas cada día sin importarnos más que un titular morboso —"Trece turistas japoneses fallecidos al ser aplastados por un camión que daba marcha atrás"— y aún así, cuando se van algunas personas parece que el mundo se queda vacío. El tiempo sigue adelante y el mundo avanza hacia el retroceso. "Le voy a poner ferrocarriles como para parar un tren" decía uno esos personajes llenos de ilusiones en "Bienvenido Mr. Marshall" (1953), sólo hizo falta un Berlanga para parar el mundo, aunque el resto también ayudara.

Berlanga junto a Azcona, el pseudónimo que resultó ser real

Resulta curioso ver como una figura rejuvenece con los años. Cuando despedimos al maestro, España estaba todavía en ese nuevo milenio que retrataba "París-Tombuctú" (1999), al poco tiempo empezaron a salir papeles de políticos que les mandaron a "Todos a la cárcel" (1993). Hoy, entre catalanes e independencias que harían las delicias del propio Luis, estamos más cercanos al Saza de "La escopeta nacional" (1978) y basta que nos descuidemos para volver a estar como en "Plácido" (1961) o "El Verdugo" (1963). Berlanga murió un día como hoy en el año 2010, sin embargo vuelve todas las mañanas fresco y renovado en la tinta que se imprime sobre los diarios nacionales, aunque también, y quizás especialmente, en los de tirada regional. Tuve la suerte de pasar algunos de los domingos más felices de mi infancia en su casa de Somosaguas, tardes de una tranquilidad primaveral —aún siendo verano o invierno— supeditada por la figura de Luis. En la cama, en la mesa, en la silla. Con sombrero, sin sombrero. De buen humor, de mal humor. Siempre él, porque nunca dejó de ser él, junto —o enfrente, si estábamos en la mesa— a su mujer María Jesús. Disfrutando siempre de los arroces de la Juana, esperando el petisú de chocolate que daba por terminada la comida y paso a la siesta. "El otro día vino Borau a verle."; "Pobre, a ver si consigue que acepten berlanguiano en la RAE."; "¿Pobre por qué? ¿Está enfermo?"; "Lourdes, traiga más agua que se ha acabado". Encuentro la imagen que acompaña este párrafo en la profundidad de internet, se trata de la inauguración de la Sala Berlanga, todavía vigente y con una programación más que reivindicable. En la fotografía se observa a Don Luis deslumbrado por los flashes, todavía recuerdo el taxi que le llevó, debió de haber algún problema a la hora de bajar la silla. Esa fue la gran despedida de Berlanga, rodeado de otros grandes que, como ellos mismos decían, no eran más que alumnos viejos homenajeando al profesor que les descubrió el mundo. "El dolor me jode, pero morirme me jode más", así reza el que fue prácticamente su epitafio. Todo pasado. Recordamos, reímos, lloramos, pero esto se acaba y el mundo sigue igual de vacío sin Berlanga.

María Jesús y Luis en el estreno de "Calabuch" (1956)

jueves, 2 de marzo de 2017

The Placido Experience

No existe sensación más pura que la formada por un grupo de personas encerradas en una sala de cine, nos convertimos en seres inherentes al celuloide que se proyecta con la misma ilusión que sigue viajando en tranvía. El cine es un instrumento social rodado para verse en comunidad, así lo han demostrado los grandes maestros del cine, Berlanga citaba el western de la semana como el acontecimiento social de Villar del Río en "Bienvenido Mr. Marshall" (1953), Hitchcock convirtió un pequeño cine de barrio y sus latas de película en unos de sus primeros macguffin en "Sabotaje" (1936), mientras que la mayor muestra de amor al cine visto en compañía llegaría con "Cinema Paradiso" (Giuseppe Tornatore, 1988), con aquella magnífica proyección en la plaza del pueblo. Algo parecido nos hace sentir el ciclo "Los jueves, Berlanga en pantalla grande", que continúa fiel a su cita semanal como el western de "Bienvenido Mr. Marshall". No consiste solo en la revisión de algunos de los mayores clásicos de nuestro cine, películas míticas que no conocen mejor loción antiarrugas que nuestro telediario actual, sino que vuelve a reunir a un grupo de personas que no dudan en converger durante unas horas en esa sensación de nostalgia cinéfila que desaparece con las propias salas de cine. La historia es la excusa que han tomado José Luis García-Berlanga, Marisol Carnicero y Fernando Rodríguez Lafuente, como organizadores del ciclo, para mostrarnos estos deliciosos dulces de la mano de grandes conocedores de la misma, o incluso protagonistas de esa historia. Cualquier subterfugio es adecuado con el fin de reunir a un grupo de personas dispuestas a compartir la sensación de "Cinema Paradiso".

El cine de "Cinema Paradiso"

Cartel polaco de "El Verdugo"
Los sentimientos que nos invaden al reír, llorar, o incluso masticar palomitas unos junto a otros frente a una proyección, utilizan la ficción de la película para mostrar nuestro lado más real, ni siquiera cuando soltamos una lágrima en un funeral es tan auténtica como la que se escapó por primera vez con la marcha de "E.T., el extraterrestre" (Steven Spielberg, 1982). Como muestra de ello ha quedado en nuestro memoria The Placido Experience, cuando tuvo lugar la proyección de "Plácido" (Luis García Berlanga, 1961) en el ciclo comentado. Fue un momento único, el boicoteado y premiado director, Fenando Trueba, recordaba anécdotas sobre Luis y su guionista habitual, Rafael Azcona, "él decía que no tenía ni idea de cómo hacer un gag, cuando había creado algunos de los mejores de la historia del cine", recordaba con una nostálgica sonrisa. Llegaron las comparaciones históricas ("creo que Plácido es una película gris, mientras que El Verdugo es en blanco y negro") y las alabanzas de un antiguo admirador que solo sabe encumbrarla como el mayor metraje de nuestro cine. Entonces se apagaron las luces paulatinamente, el punto rojo del micrófono permaneció y en pocos minutos los reconocibles acordes de Miguel Asins Arbó nos cautivaron para siempre, no tardaron mucho en aparecer las primeras risas. Uno ya ha visto incontables veces la obra maestra y no duda en sonreír cuando ve que se acerca uno de esos momentos álgidos, en los que el público fuerza su risa para demostrar que no solo tiene gracia sino que se la hace, oiga. Algo parecido ocurrió la semana pasada con "El Verdugo" (Luis García Berlanga, 1963), presentada por un aún más entusiasmado, si cabe, Javier Rioyo fascinado por como Berlanga "había logrado captar la esencia de los verdugos", citando referencias como el mítico documental de Patino o declarándose finalmente como uno de esos filmófilos (enfermedad que Berlanga pondría a la orden del día en "Nacional III", 1982) que sueñan con volver a ver la película por primera vez.

El cine de "Sabotaje"

Cartel húngaro de "La escopeta nacional"
El ciclo se ha convertido en un brillante reflejo de una sociedad perseguida siempre por los ecos del pasado, "Berlanga está más actual que nunca", se encarga de recordarnos José Luis, su hijo, en sus presentaciones, actualizando la incombustible figura paterna. Resulta curioso el análisis de los invitados que han ido circulando por el ciclo, desde la figura más historiográfica encarnada en un Santos Juliá que no terminó "de comprender La Vaquilla en su momento", hasta la más literaria de Andrés Trapiello y su quijotesco análisis de la primera película de Berlanga en solitario. Sin olvidarnos de Carmen Iglesias (quien pudo haber hacer realidad el famoso gag de "Novio a la vista" (Berlanga, 1954) con el infante y sus abuelos, pues dio clases de historia a nuestro actual rey) que posó sobre "Los jueves, milagro" (Berlanga, 1957) una visión algo gris fundamentada en su adolescencia, historia viva. Hoy mismo prosigue este hermoso peregrinaje que sigue una estela perlada en el cine de Berlanga, en la historia de España, en un ciclo donde lo más importante es volver a reunir a viejos y jóvenes enfermos de filmofilia, dispuestos a reír una vez más —en pantalla grande— con el gran Berlanga. Luis Alberto de Cuenca se pone al frente de "Vivan los novios" (Berlanga, 1970), primera cinta en color que, pese a ello, continúa con una España negra que sobrevive en ese inolvidable plano final: la comitiva funeraria que avanza en forma de araña. No se distancien pues de esta delicia cinematográfica que se nos presenta cada semana para disfrutarlos juntos, en familia filmófila. "¿Les a gustado? Pues se dice, coño, se dice", como diría nuestro querido Marqués de Leguineche.

"Pues se dice, se dice, que me cuesta quinientas pesetas por cabeza"

miércoles, 25 de enero de 2017

Los jueves, Berlanga

Programación del ciclo
¡En pantalla grande! Esta es la última propuesta del espacio CaixaForum Madrid, en el que se hará una de las retrospectivas más importantes en torno al cine del genio más grande de la cinematografía española, Luis García Berlanga. Proyecciones de sus clásicos ("Plácido", "El Verdugo") y sus llamados "films menores" ("Vivan los novios", "Moros y cristianos") de los que muchos podrán redescubrir su naturaleza cinéfila, plagada de los grandes momentos que habitan el celuloide berlanguiano. Una atractiva apuesta cultural (de esas que no se ven hoy en día) acompañada de jugosas presentaciones con importantes personalidades que han estado relacionadas, de una forma u otra, con el siempre reconocible universo del director valenciano. Fernando Trueba, Jaime Chávarri, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina o Carmen Posadas serán algunos de los sugestivos introductores a cargo de servir los suculentos films que, aunque el último ya haya cumplido la mayoría de edad, siempre llegan calientes y en su punto. Hacer un ciclo de Berlanga es hacerlo también de España y su historia reciente, con esta idea nació el proyecto a manos de José Luis García Berlanga, Marisol Carnicero y Fernando R. Lafuente. La propia Carnicero aclaró en la inauguración el pasado jueves que "las películas no se proyectarán por el orden en el que fueron rodadas, sino en el lugar que cada una de ellas ocupa en la historia". Por ello la primera cinta presentada fue "Novio a la vista", una elegante y atípica visión de una época que "se le hacía antigua al propio Berlanga" como declaró el escritor Antonio Gómez Rufo, encargado de meternos en situación de un 1918 que se nos viene grande. No sólo por la brillante realización en una tierra querida ("la película se rodó donde terminamos veraneando", aclaró José Luis) sino por unos personajes que, sin abandonar el singular esperpento berlanguiano, quedan completamente invadidos por el blanco y siempre ingenioso humor de Edgar Neville, representante cinematográfico de "la otra generación del 27". Terele Pávez recordaba en este mismo blog el rodaje del film, que supuso su debut en el cine.

José Luis García Berlanga, Sol Carnicero, Isabel Fuentes (Directora de CaixaForum) y Fernando R. Lafuente

Los homenajes suelen ser motivo de escarnio para el homenajeado, el propio Luis introdujo algún hilarante guiño a la omnipotencia fílmica de Fernán Gómez en "Moros y cristianos". En lo que a Berlanga y sus homenajes refiere siempre ha existido una cordialidad enorme, una emoción llena de amor y respeto guiado por la admiración que nos une. El propio hecho de que Gómez Rufo llevase "la corbata que intercambié con el maestro, conservando sus lamparones originales" es otra muestra de ese sentimiento que nos invade al recordar al más grande director de su generación (y de unas cuantas más), y que este ciclo desprende por los cuatro costados. Como habrán comprobado resulta imposible hablar de Berlanga sin que aparezcan "Neville", "Terele" o "Fernán Gómez", si me hubiese extendido algo más no hubiesen tardado en manifestarse nombres como "Luis Escobar", "López Vázquez" o "Amparo Soler Leal". Resulta imposible hablar de Berlanga sin mencionar a su troupe, las personas (actores, técnicos, productores, guionistas) que le acompañaron durante su carrera y que conforman, en su conjunto, el verdadero significado del adjetivo berlanguiano. Después de que el pasado verano se editara una edición remasterizada con seis minutos nunca vistos de "Tamaño Natural", el 2017 se ha despertado con más ganas de Berlanga. La "Revista de Occidente" comenzó el año con la publicación de un guión inédito de Berlanga y Azcona para el proyecto de "La cuatro verdades", además del argumento original de "Plácido" bajo su título original: "Siente un pobre a su mesa". El ciclo que ocupará todos sus jueves hasta el mes de abril continúa esta tradición por la perpetuidad de la auténtica "memoria histórica de España", sin necesidad de quitar nombres de calles (temo por la Plaza Luis García Berlanga de Húmera... ¿qué ocurrirá cuando se enteren de que sirvió en la División Azul?). El recorrido berlanguiano va más allá, no terminará este año sin la publicación del "ensayo sobre erotismo en el cine de Berlanga" que prepara Guillermina Royo-Villanova, nuera del director y mi madre, para más inri. E incluso la serie "Cuéntame cómo pasó" ha tenido su propio "Bienvenido Mr. Marshall" con Tierno Galván. Espero verles mañana jueves en la proyección de "La vaquilla" que contará, como no podría ser de otra manera, con el historiador Santos Juliá como invitado-introductor.

Dando la bienvenida a un berlanguiano 2017

domingo, 13 de noviembre de 2016

...Y al sexto año, resucitó

Hoy se cumplen seis años de aquella mañana en la que nos despertamos con la noticia del fallecimiento de Luis García Berlanga, quien no pudo escoger mejor día para dejarnos, siendo oportunamente berlanguiano. Si estuviésemos bajo el férreo dominio femenino al que se veía sometido José Luis López Vázquez en "¡Vivan los novios!" (Berlanga, 1970), tal vez se debió esconder el cadáver para celebrar el convite previsto. Sin embargo la firme tradición se hizo con el momento, los canapés se reutilizaron y comenzaron a llegar telegramas de lugares insospechados. Sería Jorge Berlanga quien se referiría directamente a ello en su artículo "Funeral berlanguiano" que lo definía como una situación "parecida a Vivan los novios, donde tenían que guardar a la madre ahogada en Sitges con arponazo incluido en una bañera con hielo mientras se celebraba la boda. Al final el que hubo de ser conservado en hielo con fiebre y síncope fui yo." La figura de la muerte había conducido toda la carrera del director, al menos desde que en "Plácido" (Berlanga, 1961) fuese motivo de una de las bodas más atragantadas de la historia del cine, con una magnífica viuda póstuma en las carnes de Julia Caba Alba. Las expectativas que se habían creado frente a la muerte del maestro eran más que considerables, había declarado su intolerancia al acto de fenecer en varias ocasiones y parecía dispuesto a recoger él mismo el legado depositado en el Instituto Cervantes que se descubrirá en su centenario. Precisamente en su última película, "París-Tombuctú" (Berlanga, 1999), había cierta sátira en la búsqueda de una muerte inalcanzable, representada en las interminables botas con plataforma que lucía Michel Piccoli.

Luis junto a Carmen Alborch y otros políticos, minutos antes de que Álex de la Iglesia recogiese su Goya al Mejor Director por "El día de la bestia" (1995)

Lo cierto es que aquel día todo se prestaba a cierta mirada negra, si volvemos seis años atrás hallaríamos un Ministerio de Cultura liderado por Ángeles González-Sinde y una Academia de Cine al cargo de Álex de la Iglesia, dos inmensos profesionales que poco después acabaron con sus correspondientes mandatos acosados por un presente nefasto, sumado a la desaparición de un maestro como Berlanga. El director vasco diría de Luis: "Berlanga supo amar y odiar, reír y rodar con la fuerza asombrosa de un hombre libre pese a la dictadura, la intransigencia y la supuesta inteligencia de algunos. Berlanga se encuentra en el Olimpo de los grandes, no sólo de este país sino del mundo entero. Nadie en la historia del cine ha llegado tan lejos en talento y tan cerca de nuestras almas malheridas. Buñuel es el único que puede mirarle frente a frente. No hay nadie tan grande como Berlanga." Fernando Vizcaíno Casas, compañero de tertulia de Berlanga, Azcona o Mingote, escribió al final de la década de los 70' un éxito de ventas sorprendente, una deliciosa visión de la resurreción del caudillo desde el Valle de los Caídos. En los últimos años su idea ha sido copiada hasta la saciedad, incluyendo a los alemanes que hicieron su particular resurrección del führer. Lo que nos hace imaginarnos cómo nos encontraría Berlanga seis años después de su muerte, cómo sería su bienvenida a Mr. Trump, qué papel tendría en una cacería un concejal de Podemos (probablemente ocuparía el lugar del conejo) o qué erótico destino guardaría para Piccoli ahora que le hemos visto convertirse en un Papa con crisis personal. Supongo que al menos disfrutaría del sonido de sus películas, pues la labor de Mercury Films, Divisa Home Video y Fnac en la restauración y conversión a Blu-ray de sus grandes obras es realmente extraordinaria. Recordamos así a Luis García Berlanga en el aniversario de su óbito. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Un lustro berlanguiano

Hoy hacen ya cinco años que perdimos a Luis García Berlanga, a lo largo de los cuales su figura se ha ido extendiendo como una imagen casi divina de la dirección de cine en España, ha sido recordado en todos los círculos sobre el tema, ha vuelto a citarse como gran referente de "Mi gran noche" (Álex de la Iglesia, 2015) por su coralidad, auténtica explosión del lado artístico del cine que Luis dominó con maestría por sus deslumbrantes planos-secuencia. Cuán lejanos se nos hacen cinco años, un lustro, la proyección en televisión de films como "¡Bienvenido Mr. Marshall!" (Luis García Berlanga, 1953), "La escopeta nacional" (Berlanga, 1978) o "Esa pareja feliz" (Berlanga y Bardem, 1951) han mantenido esa esencia berlanguiana, que es en realidad la de la España más pura, desde los políticos corruptos a todos aquellos hombres que andan detrás del pago de las letras de motocarros, somos berlanguianos. Mientras los "Ocho apellidos vascos" (Emilio Martínez Lázaro, 2014) se alzan como la película más vista en televisión en más de veinte años, toda una hazaña pues hace dos décadas apenas existían opciones para elegir, y parecía que no quedaba nadie por verla... Hace dos lustros el propio Berlanga fue homenajeado en el Festival de Cine Internacional de Ourense junto a Concha Velasco y Álex de la Iglesia (acompaña la imagen inferior). Los frescos costumbristas recogen con maestría sus épocas, las películas de Luis así lo hacían, su mirada fue tan profunda que la mayoría de su obra continúa hoy perfectamente vigente. Como creador de sus propias situaciones han sido las mismas que le han precedido, incluso tras su fallecimiento nos ha regalado pequeñas escenas berlanguianas como esa revelación por despiste del contenido de su famosa caja del Instituto Cervantes, cuya apertura no está prevista hasta el año 2021. Precisamente sobre estas situaciones que verdaderamente rodeaban la figura del gran director, escribió un magnífico artículo Jorge, que hoy reproducimos como uno de los mejores recuerdos para la sátira nacional.


"Esquelas" por Jorge Berlanga

El otro día me llevé un chasco al enterarme de que tras la muerte de mi padre mi familia se había quedado poco menos que a dos velas, entre otras cosas gracias al rejonazo de las esquelas publicadas en prensa. Aparecidas en diversos medios, una vez pasado el jaleo comenzaron a llegar facturas oscilando entre nueve y diez mil euros capaces de desriñonar al más pintado. A uno puede parecerle extraño que en plena era cibernética, de globalización mediática y apogeo de las redes sociales, todavía exista algo tan carpetovetónico como la esquela, con su ribete en negro, sus loas al difunto y su precio de oro. Parecen refugio de viudas de militares condecorados o caballeros con muchos méritos y títulos, a los que llora la parentela y el servicio, al que le gustan mucho estas cosas. Todavía recuerdo al gran Luis Escobar leyéndolas en “La escopeta nacional” y diciendo “Todos conocidos…¡Caen como moscas!”.



Quiero decir que todo el universo del negocio de la muerte es muy berlanguiano, y que su amor por el humor negro junto a Azcona le hizo reírse de las fúnebres costumbres españolas en casi todas sus películas, incluida la última “Paris-Tombuctú”, donde hacía un guiño a Funerferia y sus novedades futuristas en ofertas mortuorias. Cercana a la admiración que le producía “Los seres queridos” de Evelyn Waugh, se permitía bromear sobre el aprovechamiento industrial de los cadáveres, como de toda la esperpéntica parafernalia que rodea las exequias alrededor del finado. La última carcajada amarga podría provocarla el chiste final del palo de las esquelas. Que acabarán desapareciendo con el ritmo de los tiempos en su naturaleza obsoleta, pero que tal vez sirvan aún con sus ingresos para que no despidan periodistas reduciendo plantillas, mientras la sociedad fenece poco a poco y todos pareciera que la espichamos a diario. En el fondo todo nuestro esqueleto es una esquela latente, como diría Ramón, donde sólo los acreedores no te olvidan.


lunes, 17 de agosto de 2015

Las fiestas del pueblo

Verano, fiestas, barracas, atracciones sin seguro, y tómbolas timadoras, ¿cuántas veces nos hemos enfrentado a este panorama con no más de cinco euros en el bolsillo y dispuestos a aprovecharlos al máximo? Las fiestas son todo un acontecimiento, en verano desde las más grandes ciudades de España hasta el más recóndito pueblo celebra su Virgen por todo lo alto, los que tienen más suertes visten a sus viudas de madrinas y convocan una corrida de toros, otros disfrutan de ellas durante todas las fiestas, ya que quién no lo hace dentro de la plaza con las verónicas de El Juli, lo hace en la puerta grande con pancartas y pitos. En "Jour de fête" (Jacques Tati, 1949) es la exportación internacional de este desastre compartido que suelen resultar las fiestas, algo parecido a lo que pretender formar los vecinos de Villar del Río en "¡Bienvenido, Míster Marshall!" (Luis García Berlanga, 1953), y si indagamos más allá descubriremos que tampoco hemos cambiado mucho nuestras "bárbaras tradiciones", desde que Ernest Hemingway las retratase en "The Sun Also Rises" ("Fiesta") publicada en 1926, seguimos siendo muy españoles y a mucha honra, a ver si se nos quita ya el miedo de lucir nuestra bandera. 


Los españoles somos los primeros que reivindicamos nuestras fiestas que van desde tirarnos vino o tomates hasta lanzar una cabra desde lo alto de un campanario, como bien nos presentaba Concha Velasco en "París-Tombuctú" (Luis García Berlanga, 1999), un tanto salvajes pero sin duda repletos de un elevadísimo interés cultural internacional, encontramos nuestro punto medio en el toreo, donde encontramos una cierta elegancia visual que lleva su aspecto salvaje a ser comprendido como una indispensable tradición que corre de la mano del flamenco y la tortilla de patata. Para todos aquellos disidentes de las corridas se han hecho películas como "Manolete" (Menno Meyjes, 2008) o "Aprendiendo a morir" (Pedro Lazaga, 1962), donde sufre más el espectador que el toro. Luis García Berlanga vuelve a demostrarnos su enorme visión de nuestra amada España años antes de los acontecimientos, la única obra que el director insistió en filmar desde los años 40' fue "La Vaquilla" (1985), presentada a la censura años antes como "La fiesta nacional", una perfecta visión de nuestra tradición torera, la fanfarria, y las procesiones situada durante los años 30' en plena Guerra Civil, toda una hazaña que sólo podemos atribuir a Berlanga. Verano, alegría, síndrome pre-laboral, es un buen momento para volver a recordar la aclamada obra del director valenciano, sin duda sus dos films más veraniegos son "Novio a la vista" (1954) y "Calabuch" (1956) disfruten de un buen chapuzón de cine clásico español. 

sábado, 27 de junio de 2015

María Luisa Ponte, inolvidable soporte

Ayer nos repetía el fantástico actor Emilio Gutiérrez Caba que los actores no son secundarios, sino soportes, los auténticos personajes que sostienen la historia argumental, y en definitiva la película. Nuestro cine despliega una de las mayores listas con actores de reparto, empezando por el mismo Emilio, retrocediendo en sus ancestros hasta llegar a Enrique Villén, como también remarcó ayer Terele Pávez en el coloquio sobre estos inolvidables intérpretes que ocupó el espacio de "Historia de nuestro cine". Luis García Berlanga creó a su alrededor un círculo de fetiches que se convirtieron en los rostros más cercanos del cine, y en los más importantes sobre las tablas, tal fue su influencia y el trabajo de los mismos que se fueron recreando en las nuevas películas de los directores noveles. "Belle Époque" (Fernando Trueba, 1992) nos muestra el papel de un cura de marcada ideología interpretado por Agustín González que se muestra como un guiño gozoso hacia el Padre Calvo de la Trilogía Nacional de Berlanga. José Luis Cuerda reunió a uno de los mejores repartos de la historia del cine español, según Luis, en "Amanece que no es poco" (Cuerda, 1989), y es que verdaderamente había salido de él. En todos estos recuerdos a esta inmensa generación siempre sueles quedar en la recámara grandes nombres, últimamente se ha reivindicado la figura de Luis Ciges o Saza, dentro de este homenaje a Luis García Berlanga quiero destacar a una de sus actrices más cercanas con la que trabajó hasta en seis ocasiones: María Luisa Ponte.


Mujer de inolvidable voz, perteneciente a una familia de cómicos subiría a los escenarios a penas seis meses después de nacer. Su verdadera pasión el teatro, gracias al cine pudimos disfrutarla hasta el final de sus días, la Madre Tornera de "Canción de Cuna" (José Luis Garci, 1994) le reportaría un Goya a la Mejor Actriz de Reparto. Viuda y madre entablará una firme relación con el gran Agustín González, convirtiéndose en la pareja de cómicos que reunía más talento. María Luisa, siempre fantástica, obtuvo el papel de cuñada-nostardamus en "El Verdugo" (Berlanga, 1963), tras haber filmado "El pisto" (Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, 1959) y "El cochecito" (Marco Ferreri, 1960) se convirtió en una de nuestras inmortales. Se escribían papeles para ella, tenía fuerza propia, encarnaba en su mayoría mujeres dominantes y fuertes sobre la figura masculina, no fue extraño que fuese la escogida para doblar a Ana Mª Campoy en "La Boutique" (Berlanga, 1967). Vecinas, cotillas, madres y convenidas, eran sus fuertes, su mayor esplendor llegaría con la madurez, esa belleza adulta que tanto admiraba Berlanga, la fuerza de la experiencia le encaucho en grandes proyectos como "La Colmena" (Mario Camus, 1982), "Total" (José Luis Cuerda, 1983) o... ahí va... "La corte del Faraón" (José Luis García Sánchez, 1985), obras diferentes que nos mostraron una María Luisa divertida, agitada, y muy española. Todo ello reunido en pequeño papel en "Nacional III" (Berlanga, 1982), a propósito de su manera de ser, brillaba como una extravagante amiga del señor marqués de Leguineche, que como más tarde nos demostraría en "Con las manos en la masa", tenía un particular gusto por la cocina. Elena Santoja, a la que ya vimos de niña merodear por las Feria del Libro de "El Verdugo", tuvo un mítico episodio el día que María Luis Ponte pisó su plató y su plato.


A través de ella se puede contar nuestra historia, como nos la contaba en el precioso papel que le entregó José Luis Borau en su serie "Celia" (1993), Doña Merlucines fue un homenaje a esta actriz, que en tono de comedia nos hizo recordar a un país y a una infancia. Fernando Fernán Gómez la escogió para narrarnos la historia de la interpretación en su mítico viaje a ninguna parte, que en 1986 rindió un auto-homenaje a toda esta generación de cómicos que no tenían porqué, pero aún así brillaron en la comedia. La madre de Violeta Cela (Guadalupe) en "La Vaquilla" (Berlanga, 1985), metiéndole los chorizos y el ajuar al yerno, fue otro de sus pequeñas incursiones en el mundo berlanguiano, sin embargo su ultimo papel en el cine de Luis Berlanga fue quizás el más representativo y sin duda el más genial... La extravagante y lujosa estrella de la ópera, brillante en su decadencia con aires de triunfo resucitados por otro genial López Vázquez, es sin duda una de las claves de "Moros y cristianos" (Berlanga, 1987), la película más ensombrecida en la filmografía del valenciano. El Goya fue su despedida, y tras dejarnos el genial papel (de madre) en "La Regenta" (Fernando Méndez-Leite, 1995), nos dio su último adiós un día tan señalado como el 2 de mayo de 1996, terminándose así la vida de una de las mujeres más berlanguianas, por su manera de ser y de interpretar... Un recuerdo a Marcella... Patricia...  Juana... Doña Paquita... Doña Rosa... Doña Asunción... a esa madre del cine... a María Luisa Ponte....

sábado, 30 de mayo de 2015

El "berlanguiano" Fernán Gómez

Fernando Fernán Gómez ha sido, es, y será el actor español por excelencia, su nariz, su altura, su cabello pelirrojo y su predominante voz le convirtieron en maestros indiscutible de todos los actores contemporáneos, desde su porte elegante y serio maneja la comedia con agudeza y templanza. Luis García Berlanga siempre se arrepintió de no haber podido congeniar mejor su agenda con la de Fernán Gómez, al que finalmente sólo dirigió en dos ocasiones. La semana pasada se dedicó cada noche al recuerdo del Fernán Gómez actor, una serie de películas que nos demostraron su magnífica evolución, desde su juventud con Neville y Poncela hasta su madurez como auténtico maestro en "La lengua de las mariposas" (José Luis Cuerda, 1999), sin olvidar a "El anacoreta" (Juan Estelrich, 1976), una particular adaptación de la misma definición de la palabra, que Rafael Azcona sabe resumir en un cuarto de baño. La definición de Fernán Gómez se le escaparía al propio Azcona (con Berlanga al lado), ayer el programa "Historia de nuestro cine" finalizaba con un emotivo coloquio que al comenzar con el final de "La lengua..." se desarrolló con una melancolía alegre en la que Fernando Méndez-Leite, José Luis Cuerda, José Luis García Sánchez y Emma Cohen recordaron al que sería una de las figuras más influyentes de su vida, tanto en el aspecto personal como en el profesional. Hace unos días preguntaba a Antonio Resines por su convivencia con el actor en "Los ladrones van a la oficina", y no dudó en aclararme que sus comidas con Fernán Gómez durante dos años no se podían comprar con nada de este mundo.


"La lengua de las mariposas" es una película muy bonita, es esa la palabra, consigue transportarnos a una lugar magnífico que se nos descubre bajo la limpia mirada de un joven Manuel Lozano, y se nos filtra a través de las enseñanzas del maestro Fernán Gómez. Luis García Berlanga contó con él para su primera película, "Esa pareja feliz" (Berlanga y Bardem, 1951), aún era un joven actor que, descubierto por el genial Jardiel Poncela, no podía defraudar al espectador, un galán que no era galán, y que precisamente por ello le escogió Berlanga. Las tertulias en los cafés fueron habituales en toda esta generación, cuyo éxito (indiscutiblemente merecido) reside en esta cercanía de los ingenieros de la cultura; escritores, guionistas, directores, pintores, poetas, e intelectuales de café y puro, fueron los encargados de hacer de la segunda mitad del siglo XX una auténtica obra maestra cultural, pese a la dictadura que aún perduraría hasta 1975. Todas las facetas citadas antes las reunía Fernando Fernán Gómez, en una de estas tertulias nació la idea de "El extraño viaje" (Fernán Gómez, 1968), idea que firmaría Luis García Berlanga. Años después escribe su despedida con Azcona, "Moros y Cristianos" (Berlanga, 1987), juntos se ponen de acuerdo para sumarse al homenaje a Fernán Gómez, otorgándole el papel protagonista desde la primera palabra del guión. Digo sumándose al homenaje, porque prácticamente toda la cinematografía de la época escribía papeles pensando en él, y sin Fernán Gómez no podía haber película.


Cuando uno lee su nombre y le recuerda, siente el ánimo de gritar su nombre con todas sus efes y sus agudas imitando su voz grave y a su parecer, gruñona: Fernando Fernán Gómez. Álex de la Iglesia ha sido desde el comienzo un gran admirador de esta generación de actores, en cuanto ha tenido oportunidad ha contado con ellos (Terele Pávez, María Asquerini, Sancho Gracia...), y escapándoselo Fernán Gómez, no dudó en homenajearle en "800 balas" (De la Iglesia, 2002), en la que Sancho Gracia imita la potente voz de Fernán Gómez cuando él mismo nos enseñaba en "El viaje a ninguna parte" (1986), el duro cambio de los actores en su salto del teatro al cine. Homenajes y recuerdos, palabras, coloquios como el de ayer, libros, pocos serán los recuerdos hacia su enorme figura, sus enfados repentinos ante las cámaras de televisión eran una manera particular de recitarnos que ante todo, fuera de la pantalla, el era Fernando Fernán Gómez para su familia y amigos. "El tiempo amarillo" es todo un recuerdo de su vida, un libro que bien podía estar presente en todas las escuelas de filosofía, de cine, y de psicología, un trabajo auto-antropológico en el que Fernando Fernán Gómez estudia a Fernando Fernán Gómez...

jueves, 23 de abril de 2015

Sol Carnicero recuerda a Berlanga

Con emoción hoy recogemos en Mondo Berlanga las palabras de Marisol Carnicero, una de las directoras de producción más importantes de nuestro cine, su trabajo es el de resolver los problemas de la producción en la que se embauca, como ella resumió al recoger su Goya por "Cara de acelga" (José Sacristán, 1986). Aunque en aquella ocasión se confesó de haber tenido una labor muy fácil por la escasez de problemas, seguro que puede decir lo mismo de otros films que ahora brillan como clásicos de nuestro cine pero que en su tiempo supusieron producciones de gran envergadura, como es el caso de "Las bicicletas son para el verano" (Jaime Chávarri, 1984) o "Esquilache" (Josefina Molina, 1989), además de tratar con directores con fama complicados en los rodajes como Pilar Miró, con quien trabajó en sus afamadas "Gary Cooper, que estás en los cielos" (Miró, 1980) y "El Crimen de Cuenca" (Miró, 1979). Como vemos, su trabajo, ha permitido que disfrutemos de grandes clásicos tal y como hoy los conocemos, sin embargo su mayor distinción es sin duda la de haber sacado adelante las películas más complicadas de Luis García Berlanga, y algunas de las más exitosas en taquilla del director, así descubrimos su trabajo en la saga de la familia Leguineche: "La escopeta nacional" (1978), "Patrimonio Nacional" (1981) y "Nacional III" (1982), terminando su colaboración en el cine de Berlanga en 1985 con "La Vaquilla". La relación de Sol Carnicero con Luis Berlanga no termina en este momento, pues sin duda ha sido una de las mayores defensoras por la conservación del "patrimonio berlanguiano", siendo hoy en día asistente de coordinación del Berlanga Film Museum, además de la conservadora de numerosas fotografías de sus años con el director como las que ilustran hoy este artículo. En numerosas ocasiones he leído y escuchado entrevistas a Luis en las que declaraba que los rodajes de "La escopeta nacional" y "La Vaquilla" habían sido algunos de los más fáciles y divertidos de su carrera... ¿casualidad? Les dejo con Sol Carnicero.

Sol Carnicero recuerda a Berlanga:



¡Ay, Luis, cómo te echo de menos! En realidad, os echo de menos a los tres: a ti, Berlanga, a Rafael Azcona y a Alfredo Matas. Creo que nunca he trabajado de una manera más satisfactoria que cuando se conjugaban vuestras maestrías. La de Alfredo, por su olfato, por saber elegir, por saber supervisar sin agobiar, por saber discutir sin imponer, por tener claro dónde había que transigir y dónde había que claudicar para conseguir una buena película. La de Azcona porque cuando entregaba un guión ya no había que darle más vueltas. Estaba terminado, era perfecto. La historia, los tiempos, los personajes, los momentos duros y los relajantes, la emoción, las risas…  Rafael entregaba el guión que previamente había requerido Alfredo y ya no volvía a hablar más de ese tema. Ese era ya el “mondo Berlanga”. A partir de ahí era Luis quien hacía y deshacía, quien moldeaba y matizaba, quien llevaba a imágenes los deseos de Alfredo y Rafael, incorporando los suyos propios, claro. ¡Y cómo trabajábamos, pero qué bien nos lo pasábamos…!

Yo era todavía muy jovencita cuando empecé a vivir esa irrepetible forma de trabajar y disfrutar. Aunque llevaba unos cuantos años en esto del audiovisual (había empezado a los 16, en la tele española, con Óscar Banegas, Alfredo Amestoy, Martín Ferrand y Narciso Ibáñez Serrador), así que venía “rodada”, habiendo pasado por cometidos varios: script, ayudante de dirección, regidor, ayudante de producción… pero fue José Manuel Herrero, el Director de Producción que entonces trabajaba con Matas, quien me encarriló hacía estos menesteres y me dejó en su puesto cuando él se jubiló.

La primera película que hice con Luis fue “La Escopeta Nacional”, aunque ya habíamos intentado otra antes, que no llegó a buen puerto. Era un guión de Luis con Perico Beltrán, que iba a llamarse “El Desguace”. Corría el año 1976 y contaba la historia de una marquesa que se iba descomponiendo, con las heces en forma de melena, mientras sus familiares querían prolongar su vida para que lo dejara todo “atado y bien atado”. ¿Os suena la letra? Ahí comencé mi aventura berlanguiana. Las sesiones con Luis y Perico eran intensas aunque descacharrantes. Mi misión era encerrar a los dos genios en un despacho de la oficina de Gran Vía, 70, décimo piso y no dejarlos salir, apenas para hacer pis y beber agua, hasta que hubieran producido tres páginas. Yo era la encargada de taquigrafiar los textos y pasarlos a máquina, testificando que efectivamente se había cumplido el trabajo, tras el cual pagaría a Perico la cantidad de mil duros, a cuenta de la nómina final que, calculando a 5.000 pesetas por tres páginas, venía a ser de unas 150.000 pesetas el guión completo. Pero a Perico se le pagaba así, día a día… Por algo sería, aunque yo entonces no lo comprendía bien. Hasta que concluíamos los tres folios, más de doce horas diarias de elucubraciones, consultas, documentación, chistes, disparates… y talento por arrobas. El guión se acabó, pero no llegó a rodarse; quizás era demasiado prematuro para aquel país nuestro…
En cambio, aquella marquesa se convirtió en Marqués, se llamó Leguineche y Azcona lo convirtió en el cabeza de familia de una larga saga. Entonces empezamos “La Escopeta”.
Lo que viene a partir de ahí puede que ya sea más conocido: “Patrimonio Nacional”, “Nacional III”, “La Vaquilla”…
Son tantos y tantos los recuerdos, las anécdotas, las horas de trabajo, de aprendizaje, de maravillarme comprobando cómo ese ser excepcional que era Luis, podía llevarnos hasta el paroxismo a fuerza de sugerir ideas desbordantes, que sus colaboradores debíamos llevar a la práctica. Pero además, siempre, quedaba un momento para celebrarlo, para reirnos, para jugar… Como, por ejemplo, cuando llegaba algún cumpleaños y, entre planes de trabajo, presupuestos interminables, castings desproporcionados, sacábamos unos minutos para preparar una tarta sadomasoquista de chocolate negro, que era el preferido de Luis…



martes, 17 de marzo de 2015

Terele Pávez recuerda a Berlanga

Fascinado tras disfrutar de la representación de "El cojo de Inishmaan", bajo dirección del genial Gerardo Vera, me espera una cita con una de sus protagonistas. Esto sucedió hace poco más de un año, siempre he sido un gran admirador de la figura de Terele Pávez, y ese año estaba especialmente entusiasmado con su interpretación en "La brujas de Zugarramurdi" (Álex de la Iglesia, 2013), sin olvidar su insuperable actuación en "Los santos inocentes" (Mario Camus, 1984) o su bruta y bestial Rosario en "El día de la bestia" (Álex de la Iglesia, 1995). Cuando me dirijo al bar del Teatro Español aún no sé que voy a conocer a una de las mejores actrices de nuestra cinematografía, contaba con la suerte de haber conocido a la otra, con la que precisamente compartía reparto, Marisa Paredes. 
Me encuentro, por casualidad, con Javier Timermans que conoce a la prestigiosa y gran intérprete, en unos minutos nos decimos a ir a saludarla al camerino, donde nos recibe con su hijo Carolo y nos acoge con su particular voz que ya pertenece a una parte de nuestra historia. No tardamos en comenzar a hablar sobre Luis, y sin saberlo descubro que Terele es una de las pequeñas niñas que revolotean por las playas de "Novio a la vista" (Berlanga, 1954), una fantástica obra nacida de un guión de Juan Antonio Bardem, José Luis Colina y el propio Luis Berlanga, además de la colaboración de Edgar Neville, aportando las ideas ya lejanas de la otra generación del 27' que se habían introducido en el mundo de Berlanga con la participación de Miguel Mihura en los diálogos de "Bienvenido, Mister Marshall" (L. G. Berlanga, 1953). A lo largo de este año he vuelto a coincidir con Terele Pávez, la última tras su interpretación en la obra teatral "Sueños y visiones del rey Ricardo III" (Carlos Martín, 2014). He tardado pues era una grabación larga y con la que mi teléfono no se portó muy bien, aquí intento reproducir el recuerdo de Terele Pávez a Luis García Berlanga. Quizás para algún que otro detalle deben saber que Terele Pávez es hermana de las también actrices Emma Penella (con la que Luis Gª Berlanga contaría en "El Verdugo", 1963) y Elisa Montés. 

INT. TARDE         CAMERINO "TERELE PÁVEZ"

Conocí a Berlanga cuando era novio de María Jesús, yo tenía once años, y fue un flechazo: nos miramos, yo iba al casting porque Jesús Franco, que era un habitual en mi casa, llegó y nos dijo que Berlanga estaba buscando a una niña para una película "que es Terele". Mi madre me llevó y entonces vino a vernos [Berlanga], empezó a reírse, porque era el tipo que estaba buscando de niña.
–¡Qué bonita pulsera! –me dijo.
–Me la he puesto hoy. Me la ha dejado mi hermana para venir aquí. –le contesté.
Y ya me dijo que vamos, que sí, y desde entonces fue un cariño... nos llevamos maravillosamente. Luego ya nos fuimos alejando poco a poco, pero fue muy bonito conocerle. Recuerdo del rodaje su despiste, parecía mentira que un hombre tan centrado en el cine y que sabía tanto luego en su vida se dejaba esto por aquí esto por allá... Lo bueno era cuando venía María Jesús que era guapísima, muy guapa, y me hacían bromas de meterme arena por el traje de baño y entonces al caminar se me caía toda. Me castigaban porque los compañeros me quitaban el guión y me lo escondían.
–¿Dónde está el guión? –me decían.
Y yo con mis once años... 
–Una actriz nunca pierde su guión, en una actriz eso es lo peor. –me decía Luis.
–Pero sí lo he dejado aquí. –le respondía.
–Quieta ahí, por favor no te vayas. –concluía con la represalia. 
Y luego se les olvidaba, pasaban al rato y me decían: "¿Qué haces aquí Terele?" y yo: "Nada que estoy castigada porque he perdido el guión". Y para arreglarlo soltaba: "Pero qué le habéis hecho a la niña, la pobre está ahí...".



Me acuerdo de cosas muy simpáticas, además que conocer el cine a través de él era muy interesante porque yo ya le captaba que era un hombre al que no le gustaba el actor que pregunta y sigue unos pasos, decía que si éramos actores que actuásemos y que él ya diría lo que no funcionase. Y como yo ya era una niña muy pausada y atenta me gustaba que nos dejara libertad, pensaba: "¡qué bien, claro, como debe ser!". Durante ese tiempo hubo mucho cariño, muchas risas, muchas bromas... Con Agustín [Navarro]* otro director de cine que estaba de ayudante... Eran todo chicos jóvenes que empezaban, una gente muy interesante... Estaba también una francesita* que trajeron con unos bucles que iba por ahí, todos enamorados de la francesita, todas le teníamos una rabia tremenda porque era monísima y tenía ricitos, querían ir todos con la francesita. Fue todo muy bonito, había mucha gente de la profesión, actores que entonces no eran tan conocidos como López Vázquez, José María Rodero, lo que había allí de gente. De lo que me acuerdo perfectamente era de las paellas que comíamos, tan ricas, al sol...



*Agustín Navarro fue uno de los compañeros de Luis García Berlanga en la escuela de cine, juntos escribieron y dirigieron el trabajo "Paseo por una guerra antigua" (1949), junto con sus otros compañeros, Juan Antonio Bardem y Florentino Soria.
*La referencia a la "francesita" puede ser a la actriz protagonista del filme, Jossette Arno, que terminó su carrera en 1956 tras haber hecho sólo cuatro cintas más. Berlanga tras buscar en España a la actriz idónea y no encontrarla decidió llevar el casting a Francia, en un primer lugar se pidió a Brigitte Bardot pero fue rechazada por el productor y finalmente se escogió a la francesita de los bucles.