sábado, 28 de noviembre de 2015

Divorcio civilizado, Colomo magnificado

"Isla Bonita" (Fernando Colomo, 2015) es el resultado de una espléndida trayectoria llena de una comedia manchada por la calle que se viste de gala para pasear por la isla menorquina. Durante toda la luminosidad de que desprende el film hay un canto de libertad, y de regeneración en un cineasta que siempre ha ido por delante en el nuevo cine. Siendo la máxima expresión de ello "El caballero del dragón" (Colomo, 1985) con Klaus Kinski, Fernando Rey y un Harvey Keitel antes de convertirse en el señor Blanco. "Isla Bonita" es la perfecta antítesis de aquella superproducción, muestra de la evolución de Colomo que lleva a los propios orígenes del cineasta, capaz de levantar magníficos diálogos en un film low cost que guarda la fantástica comedia que le dio a conocer con títulos como "Tigres de papel" (Colomo, 1977) o "¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?" (Colomo, 1979), pero reluce con una estética más limpia y clara que la presente en aquellas muestras de la 'comedia madrileña', como como él mismo afirma "nunca existió". El guión parte de un planteamiento sencillo, una interesante intromisión en diferentes etapas de relaciones muy distintas, todas ellas capaces de dar pie a geniales situaciones basadas en un diálogo probablemente planteado, pero fruto de una magnífica improvisación que encuentra su mejor refugio en actores no profesionales con ganas de hacer reír... y de reírse. Así descubrimos a Olivia Delcán, como una alegre protagonista capaz de todo, y a unos geniales Miguel Ángel Furones, Nuria Román, Lluís Marqués o Marcos de Quinto de escasa experiencia interpretativa, que sin duda nos regalan algunos de los mejores momentos de la película, todos ellos impulsados por su particular protagonista, el propio Fernando Colomo.


En una entrevista con el motivo del estreno de "Alegre ma non troppo" (Fernando Colomo, 1994) se preguntaba con la relación hithcockiana de Colomo al aparecer en películas, a lo que bromeó aclarando que en muchas ocasiones se debía a falta de figuración y a sus ganas de verse en unos años. Curiosamente hay una escena sensacional en su última película donde comienza a hablar de sus anteriores relaciones con Olivia, entonces aparecen en pantalla fantásticas escenas de sus pequeñas aportaciones a películas como "Todos los hombres sois iguales" (Manuel Gómez Pereira, 1994), "Todo es mentira" (Álvaro Fernández Armero, 1994) o "Entre vivir y soñar" (Alfonso Albacete y David Menkes, 2004), que se introducen como una perfecta memoria visual, realmente genial, puro y clave para este nuevo crecimiento del director madrileño hacia un cine barato y de gran calidad. Después de todo resulta curioso que sea el propio Colomo quién opta como candidato al Goya al Mejor Actor Revelación, siendo un film donde la mayoría de los personajes brillan por esa revelación interpretativa bajo este secreto documental que el director plasma también como el objetivo profesional de su personaje. Se trata de una película bonita, agradable, muestra de una fantástica 'comedia menorquina', puede que también inexistente, pero más viva que nunca en este film que va más allá de la fantástica fábula de curiosa moraleja que se nos presenta en la pantalla. Como el divorcio civilizado que el personaje de Colomo bromea haber tenido, el director parte de un divorcio civilizado con su filmografía, después "La banda Picasso" (Colomo, 2012) como resultado de un ligero exceso, con "Isla Bonita" busca el mejor "exceso artístico" con el menor presupuesto y un poco de la chispa de la vida.


"Siempre he tenido ganas de volver a rodar un film alejado de la parafernalia del cine que tanto entorpece"
                                                                   Fernando Colomo (Director de cine)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

El día que Inés París salió del teatro

Inés París ha demostrado su particular dominio de la comedia desde su ópera prima junto a Daniela Fejerman, "A mi madre le gustan las mujeres" (2001) por la que fueron nominadas al Goya a la Mejor Dirección Novel, rompedora comedia con la mejor ristra del cine independiente. Su primer largometraje en solitario, "Miguel y William" (Inés París, 2007) resulta un curioso experimento capaz de unir a Cervantes y Shakespeare en una comedia romántica, una perfecta base para levantar su último film "La noche que mi madre mató a mi padre" (Inés París, 2015), que tiene su estreno previsto para el próximo año. La directora dedica este film desde un primer momento a su padre, Carlos París, ilustre filósofo y gran estudioso del pensamiento antropológico y de la enorme evolución del mismo en la sociedad actual. Inés París levanta además de una gran película un gran homenaje a su padre, en una comedia donde hay un fuerte reconocimiento del factor humano y una descarada burla a nuestra acostumbrada sociedad de selfies, tuits y running. "Nada hay de nuevo bajo la luz del sol" versaba Carlos París en su obra "Crítica de la civilización nuclear", como consecuencia de la fuerte relación entre nuestro futuro y el pasado. La directora arma un guión con las bases clásicas de la comedia, un repertorio teatral digno de los mejores entremeses cervantinos, y a partir de ahí comienza a levantar su propia historia, muy marcada por unos geniales giros en la trama donde no se puede olvidar que en la comedia casi todo es factible. Colabora en el guión de esta auténtica pieza teatral (aún siendo filmada para cine) un espléndido Fernando Colomo en estado de gracia con su "Isla Bonita" (Colomo, 2015), que aporta un matiz de ligereza y pequeñas dosis de un esperpento más cercano a un Woody Allen de criminalística literaria (véase "Misterioso asesinato en Manhattan", W. Allen, 1993) que a Valle Inclán.


"La noche que mi madre mató a mi padre" tiene todas las de convertirse en una de esas grandes comedias de título kilométrico que siempre brillarán ante cualquier crisis cinematográfica, Almodóvar siempre ha tendido a darle longitud a sus títulos, no olvidemos su "¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro?" que finalmente vio la luz como "La flor de mi secreto" (1995), aunque la comedia de este film no se asemeje a la de Almodóvar si que posee una fuerte herencia fílmica en el papel de la mujer, París distribuye los distintos personajes como un perfecto análisis de la mujer desde la femme fatale, a la madre que le gustan las mujeres o la amante. Todo el montaje al rededor de una figura reconocida, como es en este caso un genial Diego Peretti, recuerda también a "Mi familia italiana" (Cristina Comencini, 2015) llena de frivolidad y genialidad de la mujer, siendo el film de Inés París más blanco y directo. El personaje de Eduard Fernández es un genial hervidero de tópicos que dominados por el genial actor sobre los que recaen se convierten en una nueva puerta a la novela negra de la que se alimenta. María Pujalte, Belén Rueda y Patricia Montero forman una red perfecta en donde el propio Eduard Fernández, Peretti y Fele Martínez se mueven como pescadilla intentando escapar de su mudanza a la lonja donde serán vendidos al mejor postor. Interpretaciones atípicas, sensacionales en la comedia, con bases indestructibles como la evolución de la sobriedad al sálvese quien pueda, que domina María Pujalte desde hace tiempo. Si intentamos encontrar antecedentes encontramos maravillosas obras como "Arsénico por compasión" (Frank Capra, 1944), a la que también le cuesta unos minutos empezar, pero que desemboca en una de las grandes comedias del Hollywood de Oro, de donde París recoge magníficos gags. 


Encontrándonos a día de hoy entre escándalos judiciales cinematográficos, donde ex-presidentes de la Academia y directores de la talla de José Luis Garci pelean por ensombrecer la afluencia a sus últimos proyectos. Nos encontramos antes esta divertida comedia por la que todas las distribuidoras deberían pelear para lanzarla a las salas, además de preparar una exitosa adaptación teatral, sin embargo el estreno del film no está previsto hasta 2016. Esperemos se convierta en un signo de emoción, que vaya despertando la atención de buen espectador que conduce a las masas, quizás no tanto como esa incógnita que nos ha levantado esta mañana la película "100 Years" de Robert Rodríguez con guión de John Malkovich que se estrenará en el 2115 (y no me he equivocado de cifra), proyecto que adquiere cierta estupidez ya que no puede uno manipular los datos de audiencia, sin embargo en breve disfrutaremos todos de "La noche que mi madre mató a mi padre", y lo haremos con el recibimiento digno de una curiosa comedia con aire indie y muy española, que no españolada, a su vez. Ante el ruido que causan películas como "Ocho apellidos catalanes" o "Star Wars", resulta fantástico que sobrevivan películas como este pequeño entremés que si es descubierto por el público adecuado, tiene muchas papeletas para hacerse con una gran taquilla, lo único que le falta al cine español evitando los grandes casos especiales como "Torrente", "La isla mínima" u "Ocho apellidos vascos", y se descubriese así un gran cine que se alza entre las sombras de un bosque publicitario al que llevan tiempo sin cortar las ramas. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

Adoptamos a Daniela Fejerman

Directora de cine argentina, adoptada oficialmente por el cine español en el año 2001 cuando estrenó su primera película como directora junto a Inés París, "A mi madre le gustan las mujeres". Hoy dirige y escribe su segundo largometraje en solitario, colabora en el guión Alejo Flah aportando una mirada exterior a un tema tan personal como trata "La adopción" (Daniela Fejerman, 2015), donde logran emplear una mirada abierta que saben transmitir al espectador desde el primer momento, quién se solidariza con los protagonistas al comprender la terrible situación donde se encuentran, donde el idioma no es ni mucho menos el mayor de los problemas que pueden surgir a lo largo de un proceso de adopción en un país extranjero. Acostumbrados a la comedia ligera de "Semen, una historia de amor" (Daniela Fejerman e Inés París, 2005) o "Siete minutos" (Daniela Fejerman, 2009), la directora rompe desde el primer momento con cualquier matiz que pueda recordar a ello, para enfrentarse a un gran drama de intensas y enorme interpretaciones donde el humor encuentra su lugar en la más pura relación entre personaje-espectador. La comedia española está llena de pasión y alma latina que a los nórdicos se les escapa, así en "La adopción" encontramos la magistral unión del toque español ante una sociedad completamente instaurada en la seriedad y teñida de colores fríos. Encontramos esa reconocible estética noreuropea que nos ha llegado a través de tales experimentos como "El jefe de todo esto" (Lars von Trier, 2006) o la más reciente "Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre su existencia" (Roy Andersson, 2014), siempre faltas de cierta chispa que sabe aportar "La adopción", con discreción y sin romper el aura que envuelve el film.


Nora Navas y Francesc Garrido resultan una pareja impecable en pantalla, una unión entre dos matizados personajes que permiten la gran elaboración de un drama atípico que logra su mejor baza cuando entra en contacto con el equipo de actores, un reparto espectacular que, como afirma la propia directora, realizaron un enorme desarrollo de sus personajes, como herencia de una profunda carrera teatral que lanza un grito al gran trabajo del actor profesional. Cosa que en España cada vez pierde más valor artístico, cuando las películas buscan una gran taquilla utilizando nombres como los de Arturo Valls, Alberto Chicote o Pilar Rubio para llegar a la gran masa que realiza el movimiento económico cinematográfico. Larisa Kalpokaite es nuestra guía de la "parte oficial" del lugar, una perfecta mediación entre el drama y la comedia, cuya magnífica interpretación lleva a la desesperación en una magnífica conducción de los protagonistas que a cada segundo que pasa suman un problema más a esta odisea más cercana a un Zorba adoptado por una Grecia desoladora iluminada por la ilusión, que al propio Ulises. "La adopción" resulta un film redondo, limpio, claro y con una magnífica dirección de actores que a través de la interpretaciones nos hace introducirnos de lleno en el film, transmite una agradable relación entre los personajes y el espectador que deja que pensar tras un repentino final donde comienzan a agruparse las ideas sobre la corrupción, la vida de pareja y hasta que punto estamos dispuestos a llegar, incluso sobre las personas con las que compartimos Unión... Europea.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Unos apellidos rendidos a la Sardà

Ayer tuvo lugar el mediático estreno de "Ocho apellidos catalanes" (Emilio Martínez Lázaro, 2015), donde se reunieron políticos de todos los partidos demostrando que ante un trozo de celuloide no existe ideología alguna, ni aún tratando uno de los temas que más afecta a la política española actual, la independencia, ninguno de los dirigente de la misma pudieron ocultar sus risas a los enormes Karra Elejalde, Carmen Machi y Rosa María Sardà que se hacen con la película desde el primer momento. De un populista Pablo Iglesias a una agitada Esperanza Aguirre, y una Carmena desapercibida, la cúpula política que enfrentará el futuro de España se encontró ayer ante una de las secuelas más esperadas de los últimos tiempos, varias salas se habilitaron para esta premiere, donde se echó de menos a la gran aportación del film, una Rosa María Sardà, única y maravillosa, sí vimos a una espléndida Belén Cuesta con el pelo a lo garçon como la yaya Roser, que parece una de las claras candidatas al Goya a la Mejor Actriz Revelación, que tras triunfar en televisión prepara ahora cuatro largometrajes. Unas hollywoodienses luces iluminaron la Gran Vía madrileña en la que no se podía dar un paso sin oír gritos de fans exacerbadas por la presencia de populares actores o divertidos admiradores imitando el acento catalán, todo un espectáculo que llamó la atención a cuentos de personas que infestaron las calles con mayor emoción que la de Artur Mas cuando proclama una independencia por encargo.


"Ocho apellidos vascos" resultó un auténtico boom, una película que fue creciendo con el boca a boca hasta convertirse en la película española más taquillera de la historia. Una comedia romántica rodeada de tópicos y gags gloriosos que vascos, madrileños, andaluces y gallegos recitaban con nuestro particular gracejo en las reuniones y comidas recordándola como una hazaña épica. Frente a todo ello nunca se pudo decir que era una buena película, más bien un agradable tentempié para todos los públicos capaz de romper barreras ideológicas llevando a una simpática alegría generalizada en plena crisis económica. Tras su enorme éxito parecía que una secuela se escribía sola, y así ha sido, menos de año y medio después llega a los cines "Ocho apellidos catalanes", con un ambicioso despliegue publicitario y una inversión mayor (y perjudicial), pues bien podríamos añadir entre los productores a la propia secuela. El mayor problema del film es precisamente una súper presupuesto, cercano a los cinco millones de euros, frente a los tres millones de la primera cinta, se trabaja sobre seguro y normalmente suele ser perjudicial. Sin embargo Borja Cobeaga y Diego San José han levantado un guión más que adecuado que desde luego superará las expectativas de muchos, dentro de un film más cercano a una sucesión de divertidos gags se levanta una magnífica historia que se mantiene erguida por la creación de un personaje sensacional, la yaya catalana que vive en una falsa independencia y que la Sardà encarna con cierto aire berlanguiano llevándonos a la Masía del señor Canivell. Aún así falta el desorden controlado que manejaba con maestría Berlanga y del que se puede leer alguna referencia en el guión, pero que ha sido consumido totalmente en la comèdia de llit de Emilio Martínez Lázaro, que prácticamente ausente en "Ocho apellidos vascos", impone aquí su enorme visión comercial de las populares comedias románticas.


El mayor acierto de "Ocho apellidos catalanes" se encuentra en la pérdida de protagonismo de los personajes de Dani Rovira y Clara Lago, otorgando así mayor protagonismo a los de Koldo y Merche que sin duda nos demuestran una vez más que son unos de los mejores intérpretes de nuestro país, y se reafirman en sus Goyas a las Mejores Interpretaciones de Reparto. Se mantienen los clichés clásicos de la comedia, expresados con un aire retromoderno que funciona como la misma paradoja del personaje de Pau, un divertido Berto Romero que capta con una magnífico sentido del ridículo la actual situación de la modern socialité española. Ante todo hay que escarbar mucho para encontrar una buena película, pero "Ocho apellidos vascos" tampoco lo era y resulta, como espero lo sea, un perfecto atractivo para el público. No defrauda y dispone de unos actores fantásticos que construyen una gran recopilación de interpretaciones, pero continúa sin responder a la pregunta de ¿por qué las comedias de hoy en día se construye a base de chistes y no de una gran historia? Nos encontramos ante historias de lo más comunes que van creciendo a partir de divertidos chistes que envuelven al público en una falsa diversión, en lo que resulta un monólogo de un selecto club de la comedia, al que acompañan las propias imágenes. Por ello la crítica no duda en caer ante obras de tal magnitud artística como "Las brujas de Zugarramurdi" (Álex de la Iglesia, 2013) o "Irrational Man" (Woody Allen, 2015), perfectos ejemplos de la buena comedia actual. Como conclusión la Sardà es una bestia escénica abierta a todas la risas, y la película se mantiene e incluso eleva la esencia de su aclamada precuela.

martes, 17 de noviembre de 2015

A los enfants de la Patrie

Los atentados terroristas del pasado viernes han sido todo un shock en el mundo occidental, una de esas crueles imágenes que provocan una reacción generalizada ante las guerras que se disputan en oriente, que adquieren un carácter internacional por nuestra intervención. No existe absolutamente nada que justifique lo ocurrido en París, terribles acontecimientos cada vez más usuales que tienen como fin causar el mayor de los miedos, el más horrible de los terrores, ante lo que debemos reaccionar con firmeza y plante destrozando sus objetivos, falsamente justificados por los terroristas como una respuesta a los acontecimientos ocurrido en los últimos años en Siria. Lo que verdaderamente resulta estremecedor es que los atentados puedan favorecer tanto a tanta gente, desde los medios de comunicación, aunque es cierto que esta vez quedaron paralizados durante las primeras horas, hasta la insondable política, no ya solo a la francesa, sino a la del resto de los países a los que nos les tiembla la voz a la hora de hablar de guerra, islamismo o atentados como un perfecto recurrente social a tan solo unos meses de las elecciones. He tardado unos días en poder tratar el tema por el increíble bloqueo mental y corporal que me causaba sacarlo, resulta complicado enfrentarse a un dolor y sufrimiento que va más allá del llanto, o el solidarizarse con nuestros vecinos franceses.


A los eternos "hijos de la Patria", cuna del libre pensamiento, la revolución por los derechos humanos, inolvidable centro del liberalismo desde su revolución hacia un sistema político caído rodeado de un aura arcaica y represiva que aconteció la gran evolución de la razón humana, hoy parece que aquella revolución no llegó a todas partes, peor aún es que donde sí parecía haber llegado comienza a desaparecer tras cada incursión de civilizaciones no civilizadas. Yo no soy francés, porqué serlo si en unos días habrá pasado la moda, piensan algunos, lo cierto es que el "Je suis Charlie", el #PrayForParis o la bandera de Francia en la fotografía de perfil de Facebook no debe tomarse como un símbolo pasajero que se olvidará, se trata de una muestra de apoyo colectivo, un gesto que desde mi punto de vista resulta clave en el carácter humano por el que se caracteriza nuestra sociedad, se trata de la principal diferencia con seres capaces de atentar tan cruel y sanguinariamente. Existe también la polémica de Beirut, es cierto que los atentados de París ensombrecieron completamente la noticia de la capital libanesa, pero está claro que si centran su actividad terrorista en el país galo es por el enorme significado que conlleva el mismo, por los principios de libertad que borran con cada explosión. Esta mañana he amanecido con un reportaje magnífico en el que los colectivos musulmanes de todo el mundo se sumaban a la causa francesa y lanzaban un firme NO al yihadismo, estas son las piezas que tienen que comenzar a encajar y llevarnos a una paz cuyo significado se acerca más al fin del terrorismo que a la propia definición de la palabra. Debemos dirigirnos a la sexta acepción de la RAE: virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, para no encontrar la palabra "guerra". 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Un lustro berlanguiano

Hoy hacen ya cinco años que perdimos a Luis García Berlanga, a lo largo de los cuales su figura se ha ido extendiendo como una imagen casi divina de la dirección de cine en España, ha sido recordado en todos los círculos sobre el tema, ha vuelto a citarse como gran referente de "Mi gran noche" (Álex de la Iglesia, 2015) por su coralidad, auténtica explosión del lado artístico del cine que Luis dominó con maestría por sus deslumbrantes planos-secuencia. Cuán lejanos se nos hacen cinco años, un lustro, la proyección en televisión de films como "¡Bienvenido Mr. Marshall!" (Luis García Berlanga, 1953), "La escopeta nacional" (Berlanga, 1978) o "Esa pareja feliz" (Berlanga y Bardem, 1951) han mantenido esa esencia berlanguiana, que es en realidad la de la España más pura, desde los políticos corruptos a todos aquellos hombres que andan detrás del pago de las letras de motocarros, somos berlanguianos. Mientras los "Ocho apellidos vascos" (Emilio Martínez Lázaro, 2014) se alzan como la película más vista en televisión en más de veinte años, toda una hazaña pues hace dos décadas apenas existían opciones para elegir, y parecía que no quedaba nadie por verla... Hace dos lustros el propio Berlanga fue homenajeado en el Festival de Cine Internacional de Ourense junto a Concha Velasco y Álex de la Iglesia (acompaña la imagen inferior). Los frescos costumbristas recogen con maestría sus épocas, las películas de Luis así lo hacían, su mirada fue tan profunda que la mayoría de su obra continúa hoy perfectamente vigente. Como creador de sus propias situaciones han sido las mismas que le han precedido, incluso tras su fallecimiento nos ha regalado pequeñas escenas berlanguianas como esa revelación por despiste del contenido de su famosa caja del Instituto Cervantes, cuya apertura no está prevista hasta el año 2021. Precisamente sobre estas situaciones que verdaderamente rodeaban la figura del gran director, escribió un magnífico artículo Jorge, que hoy reproducimos como uno de los mejores recuerdos para la sátira nacional.


"Esquelas" por Jorge Berlanga

El otro día me llevé un chasco al enterarme de que tras la muerte de mi padre mi familia se había quedado poco menos que a dos velas, entre otras cosas gracias al rejonazo de las esquelas publicadas en prensa. Aparecidas en diversos medios, una vez pasado el jaleo comenzaron a llegar facturas oscilando entre nueve y diez mil euros capaces de desriñonar al más pintado. A uno puede parecerle extraño que en plena era cibernética, de globalización mediática y apogeo de las redes sociales, todavía exista algo tan carpetovetónico como la esquela, con su ribete en negro, sus loas al difunto y su precio de oro. Parecen refugio de viudas de militares condecorados o caballeros con muchos méritos y títulos, a los que llora la parentela y el servicio, al que le gustan mucho estas cosas. Todavía recuerdo al gran Luis Escobar leyéndolas en “La escopeta nacional” y diciendo “Todos conocidos…¡Caen como moscas!”.



Quiero decir que todo el universo del negocio de la muerte es muy berlanguiano, y que su amor por el humor negro junto a Azcona le hizo reírse de las fúnebres costumbres españolas en casi todas sus películas, incluida la última “Paris-Tombuctú”, donde hacía un guiño a Funerferia y sus novedades futuristas en ofertas mortuorias. Cercana a la admiración que le producía “Los seres queridos” de Evelyn Waugh, se permitía bromear sobre el aprovechamiento industrial de los cadáveres, como de toda la esperpéntica parafernalia que rodea las exequias alrededor del finado. La última carcajada amarga podría provocarla el chiste final del palo de las esquelas. Que acabarán desapareciendo con el ritmo de los tiempos en su naturaleza obsoleta, pero que tal vez sirvan aún con sus ingresos para que no despidan periodistas reduciendo plantillas, mientras la sociedad fenece poco a poco y todos pareciera que la espichamos a diario. En el fondo todo nuestro esqueleto es una esquela latente, como diría Ramón, donde sólo los acreedores no te olvidan.


jueves, 12 de noviembre de 2015

FICIV, un festival en Valencia

El pasado mes de octubre se inauguró en Valencia el I Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia (FICIV), un gran proyecto que apuesta por la educación cinematográfica de los más pequeños, al fin y al cabo son los principales causantes del movimiento de masas en el cine, siendo "Frozen" (Chris Buck y Jennifer Lee, 2013) una de las películas más vistas en el ranking mundial histórico, además de contar este año con las cotizadas "Inside Out" (Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015) y "Los Minions"(Pierre Coffin y Kyle Balda, 2015), que nos recuerdan el enorme trabajo de guión que elaboran en ellas para ser capaces de entretener a los niños mientras, tal vez, sus padres queden asombrados bajo divertidos gags y guiños hacia el espectador adulto, aunque es cuestión de tiempo que en breve se intercambien los roles entre padres e hijos. "Atrapa la bandera" (Enrique Gato, 2015) ha sido el perfecto ejemplo nacional, aunque sin la magnífica elaboración de Hollywood, han levantado un film interesante que en breve se convirtió en uno de los taquillazos del año en nuestro país. El FICIV apuesta por ese cine en el que se pretende desarrollar su máxima función de entretenimiento en adultos y niños, creando una magnífica relación sensorial como sólo se logra en las salas de cine. Además de la proyección de algunos de estos ejemplos de "cine infantil" donde predomina la animación, como es el caso de "Home" (Tim Johnson, 2015), "Astérix: La Residencia de los Dioses" (Louis Clichy y Alexandre Astier, 2014) o "Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo" (Javier Fesser, 2014) algunos de los films más solicitados en el Festival pertenecientes al género de la animación, así como la fantástica "La LEGO película" (Philip Lord, Chris Miller y Chris McKay, 2014) uno de los mejores ejemplos de esa educación cinematográfica infantil, por el trato de film que le otorga al proyecto.


La proyecciones de estos films clave en los últimos años, vino acompañada de algunos talleres y encuentros como el que tuvo lugar en Ateneo de Valencia, una magnífica propuesta que Marcos Campos, como director del FICIV, junto con Rafael Maluenda, encargado del Cinema Jove de Valencia, dedicado también a la juventud en el ámbito cinematográfico, ambos programaron esta actividad, "Magia en Movimiento" donde se pretendía abrir un camino hacia directores como Lev Kuleshov o Alfred Hitchcock, indispensables para conocer el cine soviético y por supuesto el suspense cinematográfico. Si hay algo que pueda enclaustrar a los más pequeños son las pinturas, el dibujo, frente a una hoja en blanco son capaces de desarrollar cientos de historias, quizás algunas con más originalidad y desenvoltura que algunos de los últimos estrenos, con la participación de Cuadernos Rubio el FICIV dio también la oportunidad de participar en un concurso de carteles, donde el ganador se distribuyó como el cartel oficial del Festival. Entre más de quince patrocinadores debemos destacar al Ayuntamiento de Valencia que nos da un pequeño aliento de esperanza, al colaborar en este pequeño Festival con ánimas de crecer, del que ya esperamos su segunda edición.